Judá y Tamar.

Este capítulo interrumpe la historia de José para centrarse en algunos aspectos de la vida de Judá: sus relaciones, al parecer de carácter económico y comercial, con una adulamita, y su unión marital con Sua, mujer cananea. En definitiva, establece el origen étnico de la tribu o la descendencia de Judá, en la que, de nuevo, se hacen presentes el engaño, la mentira y la injusticia, pero también se resaltan aspectos de rectitud y justicia (26-30).
Por primera vez en las narraciones del Génesis se alude a una antigua ley del Oriente Cercano, la ley del «levirato»: si al morir un hombre casado no había dejado descendencia, su hermano o «levir» –cuñado– de la viuda debía tomarla por esposa y darle descendencia a su hermano. Esta es la misma ley que aparecerá como legislación de Moisés en Dt 25,5-8, y es la misma que siglos más tarde invocarán unos saduceos para poner a prueba a Jesús (cfr. Mt 22,24); es, además, el eje narrativo del libro de Rut. Hay que resaltar en este capítulo la intencionalidad narrativa de establecer los orígenes multiétnicos de la tribu de Judá y preparar al lector para la bendición que recibirá el padre de esta tribu por parte de Jacob/Israel en 49,9-12, donde el «bastón» mencionado (18) adquiere de repente características de realeza.

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