José vendido por sus hermanos.

La diversidad de tradiciones en torno a la historia de José se manifestó en la aparente contradicción respecto del hermano que lo defiende frente a los demás (21.26). Lo mismo vale decir de sus compradores: se supone que los hermanos aceptan la propuesta de Judá de venderlo a unos ismaelitas (27); pero lo venden a unos madianitas (28), aunque de nuevo se menciona a los ismaelitas. Rubén aparece como ajeno por completo a la transacción, al punto de rasgarse las vestiduras, pues cree que sus hermanos han asesinado a José al no hallarlo en el pozo (29).
El centro de esta sección lo ocupa el proceder engañoso de los hijos de Jacob (31-33), que vuelve a constituirse en una especie de retribución para Jacob. Él, que llegó al extremo de engañar a su padre para robarle a su hermano la bendición, ahora es engañado por sus propios hijos, aunque este engaño sea solo temporal y tenga un desenlace feliz. Otra manera de acentuar el proceder de Dios, incluso en medio de engaños humanos.

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