Huida de Jacob.

Este nuevo movimiento de Mesopotamia a Canaán se sitúa, una vez más, en línea con la voluntad divina. El Dios de Abrahán, que es el actual Dios de Jacob, le ordena partir de nuevo a tierra cananea (3.13b); Dios se le manifiesta a Jacob como el mismo a quien el patriarca hizo un voto en Betel (13a) y le promete su compañía y asistencia permanentes. Jacob, por su parte, hace todo lo que está a su alcance para que su partida no se interprete como un rapto de las hijas de Labán ni como un robo de sus ganados (17s). Aunque se trata de una «orden» divina, Jacob parte con su familia y rebaños muy temprano, para evitar así ser retenido por su suegro Labán.

Scroll to Top