Isaac bendice a Jacob.

Este largo capítulo dedicado a la bendición de Jacob puede dividirse en tres partes:
1. El relato en el que queda confirmada la predilección de Isaac por Esaú y de Rebeca por Jacob, en el que la influencia femenina aparece como la más poderosa (1-26).
2. La bendición, que de hecho no incluye ningún recuerdo o referencia a la bendición divina ni a las promesas hechas a Abrahán. El versículo 29 debe ser un añadido de la época de la monarquía unida, cuando David y, sobre todo, Salomón sometieron a su dominio muchos pueblos vecinos, incluido Edom.
3. La acción de Dios que se va realizando en medio de una trama humana cargada de intereses personalistas, de violaciones de derechos y de actitudes contrarias a la justicia.
Se reflejan dos aspectos o formas de pensar sobre la bendición, cuyo sentido principal radica en el bienestar y la prosperidad. El otro asunto es la forma en que va quedando al descubierto el aspecto de la retribución: al que actúa bien le va bien, y al que actúa mal le va mal. Esaú mismo se labra su «trágico» destino por sus acciones negativas: su irresponsabilidad en un asunto tan delicado como su primogenitura (cfr. 25,33), que trae como consecuencia el rapto de la bendición (1-38); su matrimonio con mujeres cananeas o hititas (26,34s) y su rencor asesino (41). También Jacob es «retribuido» por el engaño con el que arrancó la bendición de su padre: así como él engañó, también será engañado cuando se dirija a la tierra de su tío y futuro suegro, Labán, en busca de una esposa. El versículo 40 enlaza con 26,34 y prepara la partida de Jacob a tierra de sus abuelos maternos para no incurrir en la misma «falta» de su hermano mayor, tomando por mujer a las cananeas.

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