Este pasaje es una versión distinta de los movimientos de Abrahán por la tierra cananea. En 12,10-20 se ubica al patriarca en Egipto con una trama similar, mientras que 26,1-11, sin cambiar el sentido del relato, cambia al protagonista: es Isaac quien se queda a vivir en Guerar. Hay tres elementos que se deben subrayar en este pasaje:
1. La posición de la Biblia frente a la antigua costumbre de los poderosos de adquirir concubinas mediante el método que nos describen en 12,10-20 y 20,2. La tradición bíblica procura erradicar esta costumbre entre el pueblo hebreo.
2. La corrección de una antigua práctica en Israel que admitía matrimonios en grado de parentesco, a la que Abrahán se refiere a Abimelec en el versículo 12 (cfr. 2 Sm 13,13), práctica que será prohibida en Lv 18,9.11; 20,17.
3. El tercer elemento tiene que ver con el aspecto religioso. El texto constata que Dios también es conocido y respetado fuera del círculo de Abrahán. Abimelec le conoce y le teme, si se quiere, más que el mismo Abrahán. Sin embargo, según el narrador, Abrahán sostiene una relación tan directa, íntima y efectiva con su Dios, que este declara a Abimelec que solo la intercesión de Abrahán puede evitarle los males que le podría acarrear haber tomado a Sara. Esta relación de Abrahán con Dios lo sitúa como profeta (7), cuya intercesión es valedera y eficaz (17s). Refleja el modo de pensar de una época en la que el pueblo ya tenía una larga experiencia sobre la figura y al papel de los profetas. No solo anuncian la Palabra del Señor, sino que además se convierten en intercesores eficaces en momentos críticos del pueblo (cfr. 1 Sm 7,8; 12,19; Jr 37,3; 42,1-4; Am 7,2-6).
