Este pasaje recupera el hilo narrativo en torno a la alianza del Señor con Abrahán, interrumpido por el relato de Ismael. El punto central lo constituye el mandato del Señor sobre el signo corporal de su alianza con Abrahán: la circuncisión (10-14), que empieza a tener sentido religioso: la experiencia íntima y personal de Abrán se proyecta y toma forma en un grupo de creyentes que asumen dicha experiencia como única, pero compartida. La circuncisión es un signo de bendición.
