VIGESIMOCUARTO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO – AÑO A
Mateo 18,21-35
Un buen domingo para todos.
Cuando recibimos una ofensa, la reacción inmediata, la que nos sale espontáneamente, no es el perdón sino el resentimiento, el rencor, especialmente cuando la herida hecha ha dejado señales profundas, esas que no desaparecen con el tiempo, esas que, a veces, duran por toda la vida. En estos casos, lareacción natural es restituir el dolor que ha sido provocado. Y este instinto primitivo es lo que provocó en la historia duelos y luchas interminables, ha marcado la relación entre los pueblos.
El perdón no viene espontáneo, natural. Nos cuesta incluso perdonarnos a nosotros mismos porque nosatormentamos con remordimientos porque no aceptamos la humillación de una debilidad. Tenemos una concepción elevada de nosotros mismos y cuando esta concepción es herida, viene el remordimiento, elauto castigo que solo nos hace mal. Por otro lado, el que tiene una relación serena consigo mismo, reconoceel propio error y es capaz de recuperar en positivo la amarga experiencia del pecado.
Si es difícil perdonarnos a nosotros mismos, es mucho más complicado perdonar a los demás porque la desilusión, el dolor por una traición, el temor que luego se vuelva a repetir son muy grandes, y el impulso que impulsa a romper las relaciones y a vengarse es prácticamente irrefrenable.
De hecho, muchos pensadores han aprobado la venganza, uno de ellos es Nietzsche quien decía que el que perdona es un débil, es incapaz de hacer valer sus propios derechos. La bondad es una incapacidad de rebelarse; la paciencia es cobardía; el perdón es la incapacidad de vengarse. También Freud estaba en contra del perdón. Para él era una demanda absurda y además dañosa para el equilibrio síquico del individuo.
Creo que hoy la ciencia ya no está de acuerdo con estos pensadores. Sabemos muy bien que el odio, el rencor, los resentimientos no favorecen el equilibrio interior de la persona; no favorecen un sueño tranquilo y restaurador; y, menos aún, una vida serena y feliz. Además, incentivan el recurso a los psicofármacos.
Pero, la pregunta más importante es otra. ¿Es la venganza expresión de humanidad o es una regresiónal comportamiento pre humano? Nosotros venimos del pre humano naturalmente… ¿cuál es elúltimo eslabón? El ‘homo sapiens sapiens’… pero si construye bombas… todavía no ha llegado a ser humano… todavía es una fiera. El último eslabón de la evolución es el ‘homo amans’ – solamente cuandoama el hombre, la persona, es plenamente humano. Si las cosas son así, por tanto, la venganza es excluidadel comportamiento humano. En tiempos de Jesús se insistía mucho en la necesidad de mantener relaciones pacíficas,
se condenaba la venganza, la ira y el rencor y se exigía la reconciliación. Los rabinos decían que quienes se equivocaban debían reconocer el propio error y debían pedir perdón de la persona ofendida. Y esta persona ofendida estaba obligada a concederlo. Si lo rechazaba, entonces la persona que había hecho la ofensa tomaba dos testigos y, nuevamente, delante de ellos pedía perdón a la persona que había ofendido. De esta manera podía mostrar que había hecho todo lo posible para vivir en paz. Y si la persona ofendida moríaantes de la reconciliación, el que lo había ofendido debía llegarse hasta la tumba y pedirle perdón. Pero laobligación de perdonar estaba restringida a los hijos del pueblo de Israel, no a los paganos.
Y, especialmente, el número de veces que estaba obligado a perdonar eran tres veces. A la cuarta veztenía todo el derecho de recorrer a la vía legal. Seguramente que Pedro entendió que también en este campo Jesús no se limitaba a lo que establecían los mejores y los más generosos de los rabinos—tres veces. Lo debió comprender… de hecho, escuchemos lo que le pide al Maestro:
“Entonces Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces? Le contestó Jesús: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.
La pregunta que Pedro hace a Jesús –¿tendré que perdonarle a mi hermano hasta siete veces?– revelaque él ha comenzado a comprender que el Maestro quiere ir más allá de todos los límites establecidos porlos rabinos respecto al perdón. Quizás haya ya sentido una frase que Jesús ha dicho que narra elevangelista Lucas en el capítulo 17: “Si tu hermano peca siete veces al día contra ti, –no siete veces en total,siete veces en un día contra de ti– y siete veces te viene a pedir perdón, tú le debes perdonar”.
Pedro está desconcertado porque sabe que el número 7 no es ‘cuantitativo’, sino ‘cualitativo’ y significa que debe perdonar sin condición. Y ahora quiere que Jesús lo confirme… ‘¿Comprendí bien lo que quisistedecir?’. La respuesta del Maestro va mucho más allá de lo que esperaba Pedro. “Le contestó Jesús: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.
La referencia que Jesús está haciendo es, claramente al grito furioso de Lamec, el hijo de Caín, quien había convocado a sus dos mujeres (el primer polígamo del que habla la Biblia) y dijo: “Caín se vengabasiete veces; Lamec setenta veces siete”. La represalia de Lamec llegaba al infinito. Con esta referencia, Jesús le dice a Pedro: ‘El perdón debe llegar al infinito, como al infinito llegaba la represalia de Lamec’.
Y ahora Jesús esclarece su posición con una parábola. Escuchemos:
“Por eso, el reino de los cielos se parece a un rey que decidió ajustar cuentas con sus sirvientes. Ni bien comenzó, le presentaron uno que le adeudaba diez mil monedas de oro. Como no tenía con qué pagar, mandó el rey que vendieran a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones para pagar la deuda. El sirviente se arrodilló ante él suplicándole: ¡Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré! Compadecido de aquelsirviente, el rey lo dejó ir y le perdonó la deuda”.
La primera escena tiene lugar en el palacio real. El gran soberano está verificando las cuentas y descubre que uno de sus siervos le debe diez mil talentos. Una deuda inmensa. El talento no es unamoneda; es una unidad de medida de peso. Equivale a 58.9 kilos de oro. Si lo multiplicamos por diez mil nos da 589 toneladas de oro. Tengamos en cuenta que los ingresos fiscales de recaudación anuales del reino de Herodes el Grande, que construyó ciudades grandes: Cesarea, Samaría… construyó el templo deJerusalén, palacios, fortalezas… su ingreso fiscal eran 900 talentos. Una suma inmensa, por tanto; aquí es intencionalmente exagerada porque quiere presentarnos la inmensidad, el perdón infinito de Dios.
Cuando se nos presenta esta parábola, a veces quedamos un poco desconcertados porque nos viene a decir: ‘Tú no eres capaz de perdonar cualquier pequeña descortesía que te hizo un hermano, cuando tienesuna deuda inmensa con Dios. Y nosotros decimos: ‘Bueno, las cosas no son tan así… no debo tanto…’. Y, a veces, sucede lo contrario: ‘Soy consciente que he cometido algún pequeño error, pero los demás mehicieron un gran daño’. Esto no es lo que la parábola nos quiere decir; lo veremos un poco más adelante.
Este número solo quiere decir una cosa: La grandeza inimaginable del corazón de Dios. Lo comprendemos bien en el matiz de dos verbos. El primero es el que el siervo utiliza, en griego: Μακροθύμησον – macrothymeson (ten paciencia) = ten un corazón grande frente a mi problema. Y ladescripción del comportamiento de este gran soberano, que es Dios, y que es movido a compasión y aquí tenemos el verbo Σπλαγχνισθεὶς – splanchnistheis = moviéndose a compasión, o sea, un inmenso amor visceral. No razonamientos que Dios hace… cálculos…NO. Aparece el amor pasional, que se asemeja a las vísceras maternas de Dios.
Un paréntesis: notamos en los iconos bizantinos, cuando se representa al crucifijo, que es siempredelgado, pero luego es presentado con una panza prominente. Precisamente para indicar que sobre la cruz se ha revelado el amor visceral, inmenso de Dios. Cerramos el paréntesis.
Esta primera escena quiere que se imprima fuertemente en mente una sola verdad: el amor de Dios porla humanidad es infinito. Aunque nosotros nos apartemos de Él, Él continúa amándonos. La Biblia dice queDios no tiene en cuenta los errores que cometemos; se olvida de ellos, los deja atrás; los tira al fondo delmar. No es que apruebe el mal… nadie lo odia más que Él porque el mal, el pecado deshumaniza a sus hijos e hijas. Dios nunca le hará pagar al hombre; no habrá represalias con el hombre; no habrá un pedido decuentas porque Dios es amor y solo amor.
Por tanto, este número 10.000 quiere mostrarnos cómo es Dios –como lo veremos después–; el problema es sintonizar nuestro corazón con el de Él. Quizás alguien pudiese poner una objeción sobre estaimagen de Dios citando algunos textos del Antiguo Testamento donde Dios se presenta como severo, mostrando rencor contra sus enemigos, se venga, no deja sin castigo al que hace el mal.
Estos textos existen, pero debemos tener presente que la Biblia nos presenta la revelación progresivadel rostro de Dios. Dios es siempre el mismo, pero los hombres fueron descubriendo gradualmente su rostro, siempre más resplandeciente y luminoso. Y la Biblia narra la historia de este camino deldescubrimiento que los hombres han hecho de Dios hasta el momento cuando llegó la luz plena en Jesús de Nazaret.
Será sobre el Calvario que Dios mostrará todo su amor, inmenso e infinito, cuando después detodo el mal que nosotros le hemos hecho, al final Él dice: ‘yo continuo a amarlos’. Han sido los hombres los que han cometido este crimen, pero a través de este crimen se ha revelado lo mucho que Dios nos ama.Más allá de esta revelación de amor es imposible llegar. Esta es la imagen final de Dios; las de la Biblia son una preparación para esta revelación plena. Y es esta última imagen de Dios que nosotros debemos tener presenta y que en la parábola está representada por este número 10.000. Me animaría a decir que todavíaalgunos cristianos no han llegado a contemplar la última revelación del rostro de Dios y se han quedado a mitad de camino; no se han alegrado todavía con la noticia que Jesús vino a traernos: que el corazón de Dios es infinito en su amor.
A esta altura, hemos comprendido el corazón de Dios. Ahora queremos comprender el mensaje de la parábola; y para esto debemos hacer una cosa. Debemos borrar, cancelar lo que ha sucedido en la primera escena, lo que pasó en el palacio real. Supongamos que la parábola comienza ahora con la segunda escena.
Escuchémosla juntos:
“Al salir, aquel sirviente tropezó con un compañero que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y mientras lo ahogaba le decía: ¡Págame lo que me debes! Cayendo a sus pies, el compañero le suplicaba:¡Ten paciencia conmigo y te lo pagaré! Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda”.
Hemos dicho que queremos dejar de lado, por un momento, lo que pasó en la sala del gran soberano; laprimera parte de la parábola. Supongamos que la parábola comienza ahora. Encontramos a dos siervos. Uno prestó y el otro debe 100 denarios. Y cien denarios no son pocos; son la paga de tres meses de trabajo y el deudor no paga… es como si uno no pagase el alquiler durante un año entero.
Entonces, el prestamista ¿qué hace? Lo pone en apuros, luego lo lleva a las manos y lo toma por el cuello y trata de obtener lo que el otro le debe; al final lo mete preso. Esta era la manera como se había justicia en tiempos de Jesús. Y Jesús emplea esta comparación. Por tanto, el prestamista no ha hecho nadamalo; simplemente ha buscado justicia. Quizás podría haber sido más comprensivo… haber dicho: ‘veamos si podemos solucionar este pago de alguna manera…’. Sin duda, es alguien que tiene el corazón duro, peroes una persona justa, actúa según las leyes vigentes.
Si la parábola comenzase de esta manera sería muy lógico. El problema es lo que ha pasado antes, en la primera escena cuando él ha empleado el mismo verbo que está utilizando su deudor: Μακροθύμησον –macrothymeson (ten un poco de paciencia conmigo). En este momento aparece el mensaje de la parábola.Aquí se presentan dos clases de justicia: la de Dios y la de los hombres…. (que es ‘justicia’ – no es ‘injusticia’, pero es la justicia de los hombres).
Y Jesús pregunta: ¿sobre cuál de las dos justicias tú quieres sintonizar? ¿Quieres ser una persona justa o quieres ser un hijo – una hija de Dios? Si quieres ser justo según los criterios de los hombres tienesderecho de incluso destrozar a tu hermano. El que no es cristiano lo puede hacer y ninguno lo condenará porque actúa según la justicia. Para el que no es creyente no existe la primera escena; no está la referencia al Padre celestial; no conoce el corazón de Dios y actúa con justicia. Pero ‘para ti, bautizado, existe la primera escena; tú conoces el corazón de Dios; recibiste su Espíritu, su vida, estás marcado con su ADN. Por tanto, debes responder según el corazón grande de tu Dios, no a la justicia de los hombres’.
Notemos que esta imagen de la sofocación da muy bien la idea de la sumisión sicológica para quien cometió un error. El ofendido lo tiene en mano, lo puede asfixiar; en cualquier momento le puede quitar laalegría de vivir; lo puede apretar siempre. Pensemos en el error que se puede cometer en una relación de pareja, incluso un error grave. El que se ha equivocado tiene sobre el cuello las manos del otro; es suficiente un detalle, una alusión al error cometido y se puede destrozar a una persona; se le puede quitar larespiración, quitarle la alegría de vivir. Es la conducta de la persona que sigue la justicia de este mundo.
Entonces nos preguntamos: ¿Qué comportamiento debe asumir el que hace referencia a la primera escena, porque conoce el corazón de Dios? Está claro que no se debe favorecer a los aprovechadores, a los ladrones que quizás por el mismo bien del hermano puede ser conveniente acudir a la justicia. Pero cuando no hay posibilidad de obtener una reparación, por ejemplo: es imposible borrar una calumnia, una humillación que me hayan hecho por quien tiene el poder y no se le puede atacar… entonces, lo único que queda es la venganza. Buscar la ocasión oportuna para hacérselo pagar para tener la alegría de verlo sufrir.La lógica de este mundo me dice: ‘Hazlo’, goza de esta satisfacción. Recordemos a Nietzsche, Voltaire…estos pensadores… Freud, ya lo hemos mencionado. Te dicen: ‘date ese gusto’.
La parábola te dice que un hijo o hija de Dios nunca lo haría. Está llamado a reproducir el rostro del Padre celestial que es amor y solamente amor. Esta lógica vale solamente para el que quiere ser hijo o hija de Dios. No ‘justo’, sino hijo o hija de Dios.
Escuchemos ahora lo que sucede en la tercera escena:
“Al ver lo sucedido, los otros sirvientes se sintieron muy mal y fueron a contarle al rey todo lo sucedido. Entonces el rey lo llamó y le dijo: ¡Sirviente malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo suplicaste! ¿No tenías tú que tener compasión de tu compañero como yo la tuve de ti? E indignado, el rey loentregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Así los tratará mi Padre del cielo si no perdonan de corazón a sus hermanos”.
Digamos la verdad: no nos gusta esta escena conclusiva. Es muy fuerte. La imagen y el lenguaje no son los nuestros; son del mundo semítico del tiempo de Jesús. La literatura rabínica es abundante de estaimagen dramática, castigos crueles, cadenas y palos que se dan a los malvados. También Jesús las emplea. No puede hacer otra cosa si quiere hacerse entender; debe utilizar el lenguaje de su tiempo. Ciertamente no quiere decir que Dios hace estas cosas.
¿Qué es lo que nos quiere enseñar con este lenguaje? Quiere decirnos solamente una cosa: que el que no sabe perdonar de manera incondicional, puede ser una persona justa según los criterios de este mundo, pero Dios no lo reconoce como hijo, como hija, no ve en esa persona su parecido. Los hijos e hijas de Diosdeben ser misericordiosos, esto es, tener un corazón grande como el corazón del Padre celestial. Deben amar de manera incondicional.
Pablo, en la carta a los corintios, dice: ‘El que ama no tiene cuenta del mal recibido, encuentra siempre motivo para comprender, para excusar al que se ha equivocado; no hace públicas las cosas negativas; se fía del prójimo, nunca pierde la esperanza que se pueda dar una recuperación a la vida’.
Dios nos ha hecho bien. No hemos sido creados para estar solos, sino para estar juntos, en familia, en la sociedad, en la comunidad cristiana. Y teniendo que estar juntos vamos a hacer el bien, pero inevitablemente también vamos a cometer faltas; nos endeudamos los unos con los otros y por tanto, todos tenemos créditos que recibir, quien más quien menos. Y está bien que estemos hechos así. De nuestrasdiscusiones, de nuestros desacuerdos, en las ofensas hechas y recibidas, a todos se nos ofrece laoportunidad que nos asemejamos al Padre celestial, que somos sus hijos e hijas.
Qué hermoso poder decirnos a nosotros mismos: no quiero tener mis manos sobre el cuello del hermano, de la hermana, renuncio a la justicia de los hombres porque soy un hijo, hija de Dios. Y el que ve que perdono cien denarios no podrá menos que preguntarse: ‘Este debe tener un padre súper rico y si su Padre está en el cielo y éste perdona cien denarios, el Padre celestial debe ser uno que perdona 100.000 talentos’.
Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.
