DUODÉCIMO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO – AÑO A
Mateo 10, 26-33
Un buen domingo para todos.
El pasaje evangélico de hoy es parte del segundo discurso que presenta el evangelista Mateo en su libro. El primer discurso es el famoso de la montaña; este segundo discurso que hace Jesús no está dirigido a las multitudes, sino al grupo de discípulos que lo han seguido y son enviados en misión.
Claramente, Mateo mantiene este discurso porque no está dirigido a ese grupo pequeñoque Jesús estaba formando, está dirigido hoy a cualquiera que sienta que es un verdadero discípulo de Jesús de Nazaret, que tiene una tarea que cumplir y que es enviado en misión.¡Somos nosotros, por lo tanto, estos discípulos enviados!
Jesús les da indicaciones antes de que vayan; les dice cuál es el mensaje que deben anunciar al mundo; muy simple: “El reino de los cielos está cerca”. Cercano no significa que está a punto de llegar, cerca … significa que lo puedes tomar, ya está aquí, ¡no pierdas esta oportunidad de acoger el reino de Dios, es decir, el nuevo mundo que introdujo Jesús de Nazaret! Luego, la tarea que tienen que realizar: “expulsar demonios, curar todas las enfermedades”.
¿Qué significa el ‘demonio’? Es toda esa fuerza del viejo mundo, de la mundalidad antigua, que quiere perpetuar un reino que es el del maligno; no es el del amor. Estos demonios no son el nuevo reino. ‘Demonios’ porque hay muchos demonios que deben ser expulsados y es tarea de los discípulos.
Luego curar todas las enfermedades. No las enfermedades orgánicas…los médicos piensan en ellas; son todas esas enfermedades que impiden la realización de la vida humana auténtica en una persona. Conocemos bien estas enfermedades, estos demonios, pensemos en el orgullo, la envidia, los celos, el deseo de acumular bienes de este mundo … estos son los demonios que impiden que el reino de Dios se establezca en el mundo. La tarea de los discípulos, por lo tanto, es anunciar que el reino de Dios está aquí y luego, segunda tarea, expulsar demonios y curar todas las enfermedades. Así que nos enfrentamos a un mundo enfermo al que nos envían.
Luego, una tercera indicación: la manera como deben presentarse los discípulos y esto también vale para nosotros hoy si queremos que nuestra misión sea efectiva. No hay bolsas con dinero, no hay dos túnicas, una es suficiente, ni sandalias, ni siquiera el bastón que era el arma de defensa del pobre … ¡nada de eso! El discípulo no tiene arma, se presenta (Jesús dirá en breve) como un cordero en medio de lobos.
En resumen, estos discípulos se presentan privados de todo lo que sería indispensable para un movimiento que quisiera afirmarse, para un partido que quisiera tener éxito en este mundo, necesita dinero, todas estas cosas. Es el mensaje que el discípulo está llamado a introducir en el mundo. Mensaje que tiene una fuerza divina irresistible y si confías en estos recursos, que son los del mundo, significa que no tienes confianza en la fuerza que este mensaje tiene por sí mismo.
Entonces Jesús dijo claramente lo que el discípulo va a encontrar, inevitablemente, si quiere llevar a cabo su misión. ¿Qué recibimiento tendrán los discípulos? Jesús dice: ¡No te prepares para ser recibido con aplausos, no! Serás como corderos entre lobos, así que sean prudentes como serpientes, simples como palomas, por lo tanto leales, ¡no tienes nada que ocultar! El discípulo ciertamente no es más grande que el Maestro que ha sido llamado Belzebul … no esperes algo mejor.
Cuando Jesús dijo estas cosas (estoy resumiendo la parte del discurso, el contexto en el que se inserta el pasaje de hoy), al escuchar estas cosas, los discípulos deben haber quedado atónitos, deben haberse preguntado: ‘Pero si esto es así, ¿valdrá la pena el esfuerzo por una causa que seguramente fallará? Habíamos seguido al Mesías, pero no esperábamos esto; quizás sea mejor si renunciamos a todo; volvemos a Cafarnaún y reanudamos nuestra vida, la de todos, una vida buena…’. Pero esto no es el mundo nuevo; es una vida insertada todavía en una realidad vieja’.
Jesús claramente leyó en sus ojos el temor de comprometerse en esta misión. El miedo tiene una función vital positiva porque ¡ay si uno no tiene miedo! El miedo le advierte sobre el peligro y, por lo tanto, te impide tomar decisiones equivocadas, gestos imprudentes, temerarios que pueden costarte la vida. De hecho, se dice que ‘los jóvenes son los mejores soldados y los peores conductores’ porque no temen al peligro, por lo tanto, arriesgan sus vidas fácilmente. Pero si el miedo se sale de control, se convierte en un obstáculo porque te impide hacer gestos valientes, entonces el miedo te paraliza.
Si quieres seguir a Cristo, ten en cuenta que la primera reacción que experimentarás será el miedo; si no experimentas miedo, significa que no has entendido lo que Jesús te pide y a dónde quiere llevarte. Él también tuvo miedo, pero si quieres ser un discípulo, no puedes dejar que te domine el miedo; de lo contrario, piensa en otra cosa; serás un admirador de Cristo, practicarás algunas devociones, algún trabajo piadoso, incluso trabajos buenos, pero no te dejarás involucrar completamente en su propuesta de convertirte en un constructor del nuevo mundo.
El tema del Evangelio de hoy es lo que Jesús nos dice sobre el miedo, el miedo que experimenta el discípulo.
Escuchemos:
No les tengan miedo. No hay nada encubierto que no se descubra, ni escondido que no se divulgue. Lo que les digo de noche díganlo en pleno día; lo que escuchen al oído grítenlo desde los techos.
En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús repetirá tres veces: “no se dejen guiar por el miedo, experimentarán miedo, yo también lo he experimentado”, dice Jesús, pero no me dejé guiar por el miedo; tomé decisiones valientes y ustedes tendrán que hacer lo mismo”.
El primer temor que Jesús toma en consideración es el que el discípulo experimenta de un peligro que no viene de afuera, viene de adentro. El miedo que todos experimentan y es el siguiente: “Tengo que ir y anunciar un nuevo hombre, un nuevo mundo, pero ¿lo estoy haciendo realidad o tengo miedo de aceptar este reino de Dios, este nuevo mundo? ¿Cómo puedo ir y anunciarlo a otros si no lo he asimilado yo mismo? Tengo miedo de hacer esta elección total. Aceptar algo de esta misión puede ser, pero entregar totalmente mi vida a Cristo … ¡No creo que lo pueda hacer! Tengo miedo de renunciar a mi egoísmo, sigo pensando en mí mismo, cuando tomo decisiones; o tengo miedo de abrir mi corazón al amor incondicional, incluso al enemigo … ¡es demasiado!
También, cuando se trata de acumular algunos bienes, mientras el hermano lo necesita,no puedo renunciar a eso… luego el perdón incondicional… Luego está el hecho de que a mi lado, a mi alrededor, veo que las personas toman decisiones opuestas a las que Jesús propone y yo mismo estoy involucrado en esta forma de razonamiento, ¡no consigo apartarme de esas cosas! También me asaltan las dudas: ¿no sería mejor para mí adaptarme a lo que todos están haciendo y tratar de disfrutar la vida sin hacer cosas realmente malas, pero sin pensar demasiado en los demás? ¿No sería mejor si yo también llegue a algún acuerdo? Si hago ciertos sacrificios, al final, ¿no me arrepentiré?’.
Aquí está el temor de tomar la decisión equivocada al aceptar la propuesta de Jesús de Nazaret. Uno tiene miedo de terminar entre los perdedores de la historia. Es a este temor que Jesús da la primera respuesta que es esta: Recuerda: No hay nada encubierto que no se descubra, ni escondido que no se divulgue. Nada permanecerá en secreto, todo se sabrá al final … Al final, la vida será evaluada no a la luz de los criterios humanos, sino a la luz del cielo, a la luz de Dios, entonces aparecerá claramente lo que fue la vida atinada y la vida equivocada. El teatro de lo efímero de este mundo se cierra y la verdad permanece.
Tus obras de amor están ocultas hoy; las personas que admiras, las personas exitosas son otras, no tengas miedo de elegir lo que te propongo porque algún día la oscuridad se disolverán y cuando la luz del juicio de Dios brille en la vida de cada persona, todos verán que has tomado la decisión correcta, ¡tuviste razón!’.
No es solo la oscuridad interna lo que te asusta, sino también la densa oscuridad que sabes encontrarás cuando seas llamado a llevar esta luz a la oscuridad del viejo mundo. Tienes miedo de confrontar la oscuridad externa porque encontrarás desconfianza, cerrazón, rechazo, y también hostilidad… y en esta condición preferirás permanecer en silencio, mantener la esperanza que tienes en tu corazón, prefieres permanecer tranquilo, en silencio.Es el miedo lo que te lleva a esconderte, a ocultar también tu identidad cristiana.
El miedo a razonar como cristiano entre las personas que siguen otros principios, que hacen discursos que no son consistentes con lo que piensas. Entonces, tienes miedo. Tienes miedo de revelar tu identidad como discípulo porque temes ser considerado un retrógrado, un desactualizado, un ingenuo que aún no ha asimilado lo que la mayoría aprueba, uno que no ha entendido la mentalidad moderna al pensar en las elecciones de los valores de la vida, sobre el valor mismo de la vida desde su concepción hasta su conclusión natural… Quizás no tenga la valentía de presentarse como discípulo de Cristo porque temes ser ridiculizado. Jesús dice: “Lo que les dije en la oscuridad sáquenlo a la luz” ‘Estaban en la oscuridad cuando recibieron mi luz, ahora tienen luz; lleven esta luz al mundo, sin temor a la oscuridad del mundo’.
No es la luz la que debe tener miedo, es la oscuridad la que debe tener miedo, porque si una habitación está iluminada, aunque la luz sea un poco débil y temblorosa, como muchas veces es nuestra fe, si en la noche abrimos la ventana, no es la oscuridad la que entra, es la luz que sale, la oscuridad siempre pierde, ¡tiene siempre las de perder! Jesús tranquiliza al discípulo: “A pesar de todas las pruebas y dificultades, el evangelio se extenderá y transformará el mundo”. Ahora nos dice la segunda razón por la cual el discípulo no debe guiarse por el miedo:
“No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma; teman más bien al que puede arrojar cuerpo y alma en el infierno”.
Cuando tenemos miedo, siempre hay un amigo optimista que viene a tranquilizarnos y dice: ‘Verás que no te pasará nada’. En cambio, Jesús les dice a aquellos que quieren ser sus discípulos: Ten presente que ciertamente algo te sucederá, incluso preocúpate si no sucedeporque significaría que te has adaptado a la forma de razonar y vivir de todos, no has molestado a nadie y por eso te dejan en paz. Sabes que si predicas ciertos valores, molestas a los que no lo creen y molestas aún más si los vives coherentemente.
Recordemos lo que dice el Libro de la Sabiduría, capítulo dos: “La vida de los justos es diferente de la de los demás, y los caminos que toma son completamente diferentes”. Ten en cuenta, dice Jesús claramente, que quien se opone al nuevo mundo, no quiere que se establezca un nuevo mundo, el viejo mundo está bien para ellos … ¡recuerda también que éstos pueden matarte’! Son los mártires del Evangelio y hoy son muchos y la mayoría solo Dios los conoce, sin embargo, sabemos que aquellos que denuncian injusticias, que en nombre del Evangelio se ponen del lado de los débiles, los pobres y también desafían los fuertes poderes de las finanzas mundiales, saben que ¡se los hacen pagar! ¡Piensa en los muchos Mons. Romero! Este es el miedo.
Hoy nuestra vida no es cuestionada, al menos aquí en nuestro contexto, pero ciertamente enfrentaremos oposición de aquellos que piensan de manera diferente a Cristo, quizás falsas acusaciones, burlas, marginación. Pensemos, por ejemplo, en ciertos malentendidos dolorosos dentro de la misma familia, ciertas sonrisas aparentemente bondadosas pero que hacen mucho mal. A veces escuchamos las confidencias de las madres que nos dicen: ‘Cuando mi hijo me ve saliendo el domingo, me dice: ¿qué vas a hacer en la iglesia? Quédate en casa descansado. Estas historias de religión son restos, vestigios de la Edad Media en los que nadie cree hoy, cosas sin sentido’.
Estas sonrisas hacen mucho mal y hay que tenerlas en cuenta, por supuesto, si uno está practicando los valores del Evangelio. A veces las sonrisas también pueden ser para cosas que debemos evitar porque a veces no se trata del Evangelio, o la vida evangélica que se cuestiona sino ciertas prácticas religiosas obsoletas, cierta credulidad que nunca han tenido sentido. Pero cuando hay un testimonio de la auténtica vida evangélica, también tenemos en cuenta el malentendido de los miembros de la familia.
Jesús también lo experimentó, el Evangelio de Juan nos dice que ni siquiera los miembros de su familia creían en él. ¡Jesús nos invita a reflexionar: cuando te persiguen de manera dramática, amenazándote la vida, como puede suceder, o incluso de otras maneras, como ridiculizarte, marginarte, ofenderte… Piensa: ¿qué mal te pueden hacer los enemigos del Evangelio? Quizás perder posiciones ventajosas, no hacer carrera, pero ninguna violencia puede privarte del único bien que perdura que es la vida del Eterno que se te ha dado.
Nadie puede tocar tu identidad como discípulo y es lo que importa, es la vida lo que queda. La vida biológica no dura mucho, lo importante es esa vida real, la vida divina del hijo e hija de Dios que está en nosotros, ¡esta no debe ser tocado! ¡Por lo tanto, el discípulo no debe tener miedo! Jesús dice: “si tienes miedo de alguien, no puedes ser mi discípulo porque si tienes miedo de una persona, lo consideras peligroso, un enemigo y, por lo tanto, estás en guardia … ¿cómo hacer para amarlo? ¡No puedes tener miedo! Ciertamente te podrá hacer daño, pero no arruinará tu persona porque tu vida no depende de él.
Ahora Jesús dice que hay alguien a quien debemos temer porque tiene el poder de hacerte perecer en Gehenna en cuerpo y alma. ¿Quién es este personaje peligroso? No es externo a nosotros, es la fuerza maligna que está presente en cada uno de nosotros. Todos experimentamos; es esa tontería la que nos lleva a razonar y vivir sin tener en cuenta lo que Cristo nos dice.
Es esta parte negativa presente en cada uno de nosotros la que debemos controlar, a la que debemos temer porque puede arruinar nuestras vidas; debe mantenerse bajo control, de lo contrario nos lleva a Gehenna, dice Jesús. Gehenna no es el infierno, fue el basurero de Jerusalén y es una imagen cruda que Jesús usa, dice: “si sigues al maligno que está dentro de ti, arrojas tu vida al basurero. Debes tener miedo de este malvado, no de enemigos externos.
Ahora escuchemos la tercera razón:
“¿No se venden dos gorriones por unas monedas? Sin embargo ni uno de ellos cae a tierra sin permiso del Padre de ustedes. En cuanto a ustedes, hasta los pelos de su cabeza están contados. Por tanto, no les tengan miedo, que ustedes valen más que muchos gorriones. Al que me reconozca ante los hombres yo lo reconoceré ante mi Padre del cielo. Pero el que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.
Quizás también hemos empleado la conocida expresión “nada pasa que Dios no lo quiera’. Este dicho es la interpretación medieval del dicho del Señor sobre los gorriones que acabamos de escuchar. Es una interpretación incorrecta porque no es cierto que nada suceda sin que Dios lo quiera; hay muchas cosas que Dios realmente no quiere y ni siquiera las puede evitar.
La tercera razón por la cual el discípulo de Cristo no debe tener miedo es presentada por Jesús con dos imágenes, la primera, la de los gorriones y luego la del cabello de la cabeza. Jesús dice: “No se venden dos gorriones por pocas monedas” (curioso por la forma en que Lucas nos dice este dicho del Señor, no dice dos gorriones por unas monedas, sino cinco gorriones por dos monedas, existía 5 X 4 en aquel tiempo) …y cerramos el paréntesis…
El gorrión, ¿qué representa? Era la criatura más insignificante en el tiempo de Jesús.Piensen que en el tratado de B’rakhoth, de la Mishná, hay bendiciones para todas las criaturascreadas por el Señor, todas excepto los gorriones, porque un pueblo de agricultores no tenía ninguna simpatía con los gorriones que arruinaban los cultivos de granos.
Jesús dice: ‘Tienes miedo, pero si Dios cuida a las criaturas más insignificantes como los gorriones, ¿cómo puede ser que no cuide a sus hijos e hijas. La razón por la cual Jesús presenta esta comparación es que la elección de seguirlo involucra no solo a la persona que toma esta decisión, sino también a quienes están cerca de él.
Por ejemplo, si un padre de familia decide administrar los bienes de acuerdo con la propuesta del Maestro, por lo tanto, no acumula, está satisfecho con el pan de cada día y lo que tiene de más se lo da a los necesitados; esta elección no solo lo involucra a él, sino también a toda su familia, tal vez no podrá dar a sus hijos todo lo que otros dan … lo superfluo está excluido en aquella casa. Quizás los hijos o incluso la esposa no estén de acuerdo con esta elección. Jesús dice: ‘No tengas miedo, sé consecuente, no te preocupes por las consecuencias que pueda haber y que puedan asustarte porque Dios es un Padre que cuida incluso a los gorriones, más cuidará de ti y de tu familia si eres fiel a su Evangelio’.
O si uno tiene una profesión que lo obliga a comprometerse con su conciencia, por ejemplo, una fábrica de armas donde gana mucho … renuncia a ese trabajo, y acepta elegirotra profesión mucho menos remunerada. No tendrá éxito. Tal vez no tendrá aceptación entre los miembros de su propia familia, no compartirán esta opción porque tienen otros sueños de realizar en sus vidas. “¡No! –dice Jesús– sé constante, no tengas miedo. Si eres honesto, tal vez no tendrás ciertas oportunidades de carrera, sé coherente con tu conciencia, ¡no temas las consecuencias!’.
A estas preguntas Jesús responde apelando a la confianza en el Padre del cielo; no promete a sus discípulos que nada sucederá, que siempre serán rescatados, con milagros, con cosas maravillosas, no. Él solo promete una cosa al discípulo: ‘Has tomado la decisión correcta siguiendo el Evangelio, sé coherente con tus creencias’.
Luego, el otro ejemplo, la referencia al cabello de la cabeza cuyo número elude a todos e incluso si los contamos, al día siguiente el número ya ha cambiado. Al Padre no se le escapa nada. Se preocupa por la cantidad de cabello de tu cabeza, se preocupa por un cabello de tu cabeza. Ay que no cuide de ti que te has comprometido a aceptar su propuesta y convertirte en el constructor de un nuevo mundo.
El texto termina con una promesa:
“Al que me reconozca delante de los hombres, yo lo reconoceré delante del Padre que está en el cielo”.
¿Qué sucede cuando nos encontramos en medio de mucha gente y en algún momento escuchamos a una persona decir nuestro nombre? Nos saca del anonimato, nos sentimos un poco más importantes, antes no éramos nadie y ahora alguien nos ha reconocido. ¿Pero quién es la persona que nos reconoció? Si es un personaje importante, nos sentimos orgullosos y la gente que nos rodea dice: “este está en compañía de esa estrella”, por ejemplo. Tal vez podría estar en un grupo mafioso, y ser reconocido como uno que está con personas poco recomendables.
Aquí está lo importante –dice Jesús–, al final de tu vida, te reconoceré como alguien que se parece a mí, como una de mi grupo. Por esta razón, en este mundo, ‘hazte reconocer como alguien que me conoce’. Lo recordamos, cuando Pedro fue interrogado, él dice: “… pero no lo conozco”, es decir, no pertenezco a ese grupo, no pertenezco a quienes se parecen a esa persona. Aquí está la importancia –dice Jesús– déjate reconocer como mi discípulo en este mundo, no temas ser reconocido porque, lo que será importante, es que al final yo te reconozco como alguien que se me parece porque si te pareces a mí, eres Hijo del Padre celestial.
Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.
