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DECIMOTERCER DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO – AÑO A

Mateo 10,37-42

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Un buen domingo para todos.

La liturgia nos propone hoy la última parte del discurso que Jesús dirigió a sus discípulos, cuando los envió a anunciar que el reino de Dios había llegado al mundo. Les había dicho que no esperasen un recibimiento triunfal porque el mensaje que van a anunciarinquietará a los detentores del poder en el mundo; poder tanto político como religioso porque el mensaje que van a anunciar echará por tierra muchas cosas.

Por tanto, les dijo, estén atentos y no se maravillen si estos poderes del mundo reaccionen incluso con violencia. Y había terminado con una profecía: “No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada. Vine a enemistar a un hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y así el hombre tendrá por enemigos a los de su propia casa” (Mt 10,34-36).

Son palabras un poco misteriosas. ¿Qué es lo que Jesús quería decir? Ciertamente él no vino a desencadenar guerras o cruzadas. Conocemos muy bien su mensaje. Siempre repudió la violencia. Recordemos lo que le dijo a Pedro cuando pensó en recurrir a la espada:‘Envaina la espada’. No es con la espada que se construye el mundo nuevo.

Jesús había proclamado bienaventurados a los constructores de paz. Les había dicho a sus discípulos “amen a sus enemigos – hagan el bien a quienes los odian para que se asemejen al Padre de ustedes que está en el cielo”. Entonces, ¿de qué espada se trata? Se trata, claramente, de una comparación. Simeón ya la había empleado cuando, dirigiéndose a la madre de Jesús le había dicho: “También a ti una espada traspasará tu alma”.

En ese momento, la madre de Jesús representaba a Israel, que sería dividida por una espada. Con el mensaje que Jesús introdujo en el mundo se creará una división en Israel. Esto ya lo había predicho Simeón. En realidad, Jesús se refería a las divisiones, a los conflictos que, inevitablemente, provocaría su mensaje, incluso al interior de las familias.

Cuando Mateo escribe su evangelio, estas divisiones ya se habían manifestado dramáticamente en Israel. Precisamente en esos años se había realizado la fractura entre la comunidad cristiana y la comunidad farisaica; una fractura que perdura hasta nuestros días.Los rabinos fariseos había pronunciado, precisamente en esos años, la excomunión contra los כופרים ‘iminím’ = los heréticos. ¿Quiénes eran estos heréticos? Eran los que habían dado su adhesión a Cristo. Los discípulos de Jesús eran llamados ‘notzelím’; incluso hoy son los ‘notzim’… los ‘nazarenos’… los ‘cristianos’. Fueron, por tanto, excomulgados, echados de la sinagoga. No se podía ser ‘judío’ y ‘cristiano’. Tenían que elegir.

Los rabinos habían dicho que era algo incompatible. Era el tiempo en que en las 18 bendiciones se había introducido una bendición, la ‘birkat aminím’ que es una maldición contra los ‘inimím’, contra los heréticos. Es la duodécima de las ‘burakot’. El que se adhería a Cristo se ponía en contra y con consecuencias muy dolorosas. Se lo consideraba un renegado y, como tal, era expulsado por sus familiares.

Para tener una idea, podemos imaginar hoy qué le sucedería a un musulmán que quisiese cambiar de religión. Ciertamente tendría consecuencias porque la familia lo consideraría uno que ha abandonado la tradición. El que se hacía cristiano en aquel tiempo, de un día para el otro se encontraba en una condición muy dolorosa, no solamente desde el punto de vista afectivo, sino también social, económico; perdía todas las seguridades que tenía por ser parte de la familia. No tenía derecho ni siquiera a la herencia. Es en este contexto dramático que Mateo les recuerda a los cristianos de su comunidad las palabras del Maestro.

Escuchemos:

Quien ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; quien ame a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí”.

Esta gente que ha sido marginada por sus familiares están sufriendo… ¿Qué es lo que nosotros hubiéramos hecho? Creo que nos hubiéramos acercado a ellos con palabras dulces,habríamos buscado de minimizar, les habríamos dicho ‘un poco de paciencia… las cosas van a mejorar… hay que buscar un término medio…’. Jesús no lo hace. Como siempre, Jesús es muy radical y aquí introduce tres condiciones muy exigentes, acompañadas por una severa declaración: ‘Si no aceptas mi propuesta de vida, no eres digno de mí’. Nunca ningún rabino había hablado de esta manera, tanto que un día los judíos le dijeron: ‘¿quién te piensas que eres?’.

Veamos sus condiciones.

La primera se dirige a los hijos: “Quien ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí”. No dice que los hijos no deben amar a sus padres. Recordemos que un día, en una discusión que tuvo con los fariseos, Jesús les había dicho: “Son unos hipócritas porque han cancelado el mandamiento de Dios que manda ayudar a los padres con sus tradiciones”.Pero si los dos amores entrasen en conflicto, si hubiese alguna incomprensión ¿a quién se debe seguir? Jesús es muy radical: “Quien ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí”.

La segunda condición. Está dirigida a los padres: “Quien ame a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí”. Tampoco aquí está diciendo que los padres no deben amar a sus hijos e hijas. La familia es sagrada y querida por Dios. El amor que une a los miembros de la familia es natural y es maravilloso, bendecido por Dios. Es un amor caracterizado por la gratuidad. Las ayudas en la familia no se cuantifican ni se pagan. Todo se hace para hacer feliz a los demás. Esta gratuidad es un amor maravilloso.

¿Dónde nace el problema? Cuando nace una nueva familia es necesario hacer una separación. Recordemos lo que dice el libro del Génesis: “El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer”. Desde ese momento, no se trata de que el que se casa reniega de su propia familia de origen, pero el punto de referencia para todas las opciones ya no son el padre y la madre, sino el esposo y la esposa. Y esta ruptura de los padres es necesaria. Si no se realiza, la vida se bloquea, no nace una nueva familia. Sabemos cuántos problemas se presentan cuando no se tiene presente este corte. O cuando el esposo o la esposa continúan a hacer referencia a sus padres. En mi pueblo se dice que cuando dos personas se casan deben ir a vivir en una casa desde donde no se vea el humo del camino de la casa de los padres.

Jesús no invita a sus discípulos a olvidarse o a descuidar la familia natural, sino todo lo contrario. Pero propone el ingreso en otra familia. Nace una nueva familia. Recordemos que el mismo Jesús cumplió con este corte con su familia de Nazaret cuando dejó Nazaret y fue a vivir en Cafarnaún. Su familia trató de hacerlo regresar y ¿qué dijo Jesús? Dijo: “¿Quiénes son mis padres y quiénes son mis hermanos y hermanas? Y, volviendo la mirada hacia los que estaban a su lado dice: esta es mi madre y mis hermanos. Son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

Esta es la nueva familia. El amor por la familia natural no puede ser un impedimentopara el ingreso en esta nueva familia. Es la familia donde ya no existen las distinciones de razas y de cultura; donde ya no hay padre y madre, donde todos son hermanos y hermanas;donde cada persona es un hijo o hija de Dios. Esta es la nueva familia que Jesús propone. Y si la familia antigua, la familia natural, entra en conflicto con esta nueva familia, Jesús dice que hay que hacer una opción.

Ahora podemos comprender esa frase que dice: “no es digno de mí”. Es la afirmación del enamorado que quiere involucrar a la persona amada en una relación exclusiva. Si la persona amada no acepta su propuesta de vida porque le parece muy alta, muy comprometedora,entonces el joven le dice: ‘no eres digna de mí; vayamos cada uno por su camino’. Jesús es un enamorado celoso. No admite concesiones. No acepta que sean amantes y se distraigan de su amor. Jesús quiere que el corazón sea puro e indiviso.

En el Antiguo Testamento Dios se presenta de la misma manera: un Dios celoso. Los dioses paganos no eran celosos. Zeus recibía el sacrificio de sus devotos, pero si luego uno iba a ofrecer sacrificios a Apolo, a Dionisio, Zeus no tenía problemas. Pero no así el Dios de Israel. Es el único Dios que quiere amor exclusivo. Él es el punto de referencia de todas las opciones. El primer mandamiento: “No tendrás otro dios fuera de mí… porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso”.

Muchas veces recurre en el Antiguo Testamento: ‘Elí encaná’ = yo soy un Dios celoso. Y Jesús reproduce este rostro de Dios. Es celoso. Quiere decir que quien lo encuentra, cambia el punto de referencia de todas las opciones. Nada ni nadie puede ser antepuesto. Cuando Él entra en el corazón de una persona, quiere ocupar todo su corazón. Esto es lo que significa para nosotros hoy dar nuestra adhesión a Cristo. Significa que nadie ni nada puede impedir este compromiso de amor.

Y ahora escuchemos la tercera condición que hace Jesús:

Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí. Quien se aferre a la vida la perderá, quien la pierda por mí la conservará.

¿Qué quiere decir Jesús: “Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí?”.Creo que la interpretación más común sea la que solemos oír repetidamente, especialmentepor las personas ancianas con algunos achaques: ‘así como Jesús llevó su cruz, también yo me resigno a llevar con paciencia las cruces que la vida me dio’. O quizás, a veces, opinamos que es Dios quien manda estas cruces. Esta interpretación es engañosa y falsa.

¿De qué cruz está hablando Jesús? Porque las tribulaciones, las enfermedades, los disgustos, las desgracias tarde o temprano nos llegan a todos, y no era necesario que viniese el Hijo de Dios del cielo para decirnos que ‘debemos soportarlas con paciencia’. Basta un poco de sentido común para comprender esto. La cruz de la que habla Jesús es otra. Es la cruz que él mismo ha llevado.

¿Qué era la cruz? La cruz era el patíbulo, ese palo horizontal que el condenado en el momento de la condena se la ponían sobre el hombro y era llevado al lugar de la ejecución.El que lo llevaba pasaba entre la gente y era tenido como un maldito de Dios y un rechazado por todo el pueblo, era señalado por todos como un perdedor. ¿Por qué los jefes religiosos y los jefes políticos quisieron condenar a Jesús al suplicio de la cruz? Era el más denigrante. Estaba reservado a los subversivos del orden establecido, el orden político. También los jefes religiosos quisieron que fuera crucificado, o sea, considerado como un infame, un destructor de las instituciones religiosas y también de las instituciones políticas.

Para la religión judía los bendecidos por Dios eran los ricos, los que estaban bien, la gente de éxito… estos eran los que habían recibido las bendiciones del Señor. Los pobres, los que habían sufrido alguna desgracia eran considerados un castigado, un maldito. Desde cuando Jesús abrazó esta cruz… la habría podido evitar… bastaba que hubiese dicho que no llevaría adelante la propuesta de un mundo nuevo, que no hubiera dado vuelta los valores de este mundo. Que no hubiese hablado de un rostro de Dios muy diferente del que estaba predicado por la religión. Si hubiera hecho eso lo habrían dejado tranquilo. Jesús abrazó la cruz. Aceptó ser considerado un maldito por los poderes de este mundo. La cruz la llevaban los esclavos.

Notemos que Jesús no dice que hay que aceptar las cruces que te llegan en la vida; dice que tú debes hacer una opción consiente de abrazar esta propuesta que él te hace. Es la propuesta que Jesús vivió. La cruz indica la opción de quien permanece esclavo, no dueño.Aquellos que hacen la opción de no pertenecerse a sí mismo… como los esclavos que dependían de la voluntad del dueño.

Jesús dice: ‘si quieres ser digno de mí, debes hacer la opción de ser esclavo. De ser uno que a los ojos de este mundo es considerado un fracasado. Ser una persona que no es un ‘patrón’, sino un servidor a quien todos pueden dar órdenes; todos pueden pedirle servicios. ¿Quiénes son estos dueños? Son tus hermanos y hermanas. En todo momento en que ellos tengan necesidad de ti, tú te debes sentir su servidor. Esto es lo que significa ‘abrazar la cruz’, la cruz que Jesús ha abrazado. La opción de ser esclavo, servidor de todos.

Diría que en lugar de la palabra ‘cruz’ sería suficiente poner la palabra ‘amor’ y así todo queda claro. En la cultura de nuestro tiempo, estas palabras suenan mal. Hoy una persona realizada es la que sabe afirmarse; incluso si para afirmarse es necesario someter, dominar, aplastar a los demás. Jesús propone exactamente lo opuesto. Una persona exitosa es la que emplea toda su vida en prestar atención a la necesidad del hermano. En la última parte del discurso Jesús se dirige a los que han abrazado la cruz y son palabras dulces, palabras de consuelo.

Escuchemos:

El que los recibe a ustedes a mí me recibe; quien me recibe a mí recibe al que me envió. Quien recibe a un profeta por su condición de profeta tendrá paga de profeta; quien recibe a un justo por su condición de justo tendrá paga de justo. Quien dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por su condición de discípulo, les aseguro que no quedará sin recompensa.

En la última parte del discurso Jesús habla de personas que deben ser acogidas. Y las primeras personas que deben ser recibidas son ustedes: “El que los recibe a ustedes a mí me recibe”. ¿Quiénes son ‘ustedes’? Ustedes que son dignos de mí porque hicieron la opción de abrazar la cruz. O sea, la opción que he hecho de hacer de mi vida un don. ‘Vayan al mundo y encarnen esta propuesta de vida… El que los recibe a ustedes a mí me recibe’.

Jesús ha puesto mucha confianza en nosotros porque nos considera dignos de él.Naturalmente no es que nos presentamos como sus discípulos porque practicamos algunas devociones… no cosas grandes malas sino cosas marginales… Pero si nos presentamos como dignos de él, personas que donan la vida, entonces el que nos recibe a nosotros recibe su propuesta de amor.

Segunda manera de acoger:

“Quien recibe a un profeta por su condición de profeta tendrá paga de profeta”.

Dios habla a través de los profetas. No hace oír su voz del cielo a través de milagros… NO. El pensamiento de Dios viene a través de hermanos y hermanas que son más sensibles que los demás al pensamiento del Señor. Y cuando introducen en el mundo el pensamiento de Dios es contrario al sentido común, a la manera de pensar de todos. Son los profetas que sugieren propuestas de vida humanizantes, propuestas que vienen del cielo. Lo sabemos muy bien también hoy. Alguien que diga que el orgullo y la vanidad en que se mueven fallará, que los ídolos sobre los cuales apuntalan la vida al final te traicionan… acumulas dinero, pero después lo dejas aquí. Hay que construir la vida sobre valores auténticos. Estas advertencias las hacen los profetas, aquellos que son sensibles al pensamiento de Dios; ellos son de los que Dios se sirve para llevar al mundo su palabra.

¿Cómo recibir a estos profetas? Ante todo, los reciben aquellos que reciben el mensaje.También recibe al profeta el que da un apoyo moral al profeta. El profeta es siempre incómodo porque no piensa como normalmente piensa la gente. Frecuentemente estos profetas son marginados, perseguidos especialmente por los representantes del poder, por aquellos que quieren perpetuar lo que siempre se ha hecho. Los profetas son siempre innovadores. Por eso tienen necesidad de ser apoyados por aquellos que comprenden que su palabra viene del cielo. Se margina a los profetas diciendo: ‘…sí, dicen cosas buenas, pero hay que ser prudente; hay que respetar las tradiciones; a las personas simples que están aficionadas a lo que siempre se ha hecho…”. Y así se impide que la gente reciba la novedad del evangelio.

Recibir a los profetas quiere decir que, aunque yo no sea un profeta sé que lo que dice el profeta es verdad, lo que está diciendo mi hermano, mi hermana, viene de Dios.

Y hay un tercer recibimiento del profeta. Es la que hemos escuchado en la primera lectura: es la de ayudar concretamente al que tiene esta misión. Muchas veces el profeta también tiene necesidad de esta ayuda. ¿En qué consiste la recompensa? Tendrán la misma recompensa que el profeta. Quiere decir: tú, aunque no seas profeta, pero das apoyo al profeta, colaboras a su misión, eres parte de la misión que el profeta está realizando y también tú serás un constructor de ese mundo nuevo que nace del mensaje anunciado por el profeta.

La tercera manera de recibimiento:

Quien recibe a un justo por su condición de justo tendrá paga de justo”.

El profeta es el que anuncia el mensaje del cielo con la palabra. Es necesario tener profetas. ¿Quién es el justo? El justo es el que con su vida te habla del mensaje que viene de Dios. El justo incluso puede ser uno que no dice una palabra, pero te habla con su vida;encarna la palabra que viene del cielo. Recordemos lo que decía San Francisco a sus hermanos: “Prediquen siempre el evangelio y si es necesario incluso con la palabra”. Se refería a la predicación con la vida. El que recibe al justo porque es justo tendrá la recompensa del justo. Acogerlo significa entrar en sintonía con su propuesta de vida.

La última petición que hace Jesús sobre el acogimiento. 

Quien dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por su condición de discípulo…”.

El discípulo es siempre uno pequeño, hasta invisible a veces. Y, en la cultura semítica,dar de beber significa acogerlo en la propia casa. Un vaso de agua fresca para un discípulo es el acto de amor más simple. “Les aseguro que no quedará sin recompensa”. ¿Qué significa? Cualquier clase de apoyo que des a un discípulo porque es discípulo… este gesto que haces tendrá un resultado positivo, aunque sea pequeño, por dar el apoyo a un discípulo porque es discípulo tú serás, aunque en pequeña parte, un constructor del mundo nuevo. Todo gesto de apoyo al discípulo tendrá un resultado positivo en la historia de Dios.

Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.

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