VIGILIA DE PASCUA

VIGILIA DE PASCUA

Para bajar el texto del video

Pasado el sábado, al despuntar el alba del primer día de la semana, fue María Magdalena con la otra María a examinar el sepulcro.

¡Feliz Pascua!

El texto del Evangelio comienza con una referencia temporal: “Al despuntar el alba del primer día de la semana”. Hoy sabemos qué día era: el 9 de abril del año 30. El día que los cristianos llamaron “el octavo día”. De hecho, los baptisterios antiguos eran octogonales. Este número se volvió sagrado para los cristianos porque indicaba la Pascua. Eran octogonales porque los que se bautizaban adquirían conciencia de que habían entrado en un día que nunca terminaría; su vida ya no estaba destinada a una tumba, sino a una vida que no muere.

En esta mañana de Pascua hay dos mujeres que se mueven cuando aún está oscuro; son María de Magdala, que conocemos muy bien, y luego otra María, que es probablemente la que fue mencionada por el evangelista Mateo en el momento del entierro de Jesús. Era la madre de Santiago y de José; el evangelista Mateo narra que, cuando José de Arimatea envolvió el cuerpo de Jesús en una sábana blanca y lo depositó en el sepulcro, hizo rodar la piedra y partió. Dice el evangelista que había muchas mujeres mirando desde lejos y entre ellas estaba María de Magdala y María, madre de Santiago y de José, y la madre de los Zebedeos, Santiago y Juan.

En la mañana de Pascua esta mujer no aparece más. Podemos preguntarnos sobre ella y formular una hipótesis: ¿Quién era esta madre de los hijos de Zebedeo? Mateo se refiere a esta mujer un poco antes al narrar la escena en que se presenta al Maestro para pedirle que,cuando entre en la gloria –cuando tome el poder– sus dos hijos, que soñaban con la gloria,estén a su derecha y a su izquierda. Esta mujer, aquel viernes, debió ver desmoronarse todos sus sueños… Por eso se entiende que, en la mañana de Pascua, ya no se mueva más y salgadiscretamente de la escena al ver que la historia del Maestro de Nazaret termina de forma trágica.

¿Qué van a hacer estas dos Marías al sepulcro? Es su afecto por el Maestro lo que las impulsa a visitar el lugar del enterramiento. Era costumbre ir a visitar el sepulcro durante tres días. Pero el verbo que se emplea aquí en griego es θεωρῆσαι (zeoresai), del verbo zeoreo,que significa “ir a contemplar, a reflexionar”. No es una mera mirada la que van a dar. Van a recapacitar sobre lo acontecido. Se resignan pero necesitan reelaborar el luto y, por tanto,también hablar, desahogarse. Van a llorar y también a reflexionar sobre la muerte del Justo.

El poder, la fuerza del dinero, han vencido; no queda más que resignarse al poder del mal y la mentira; recapacitar tal vez y aceptar que estas fuerzas negativas siempre tendrán la mejor parte. El Justo ha sido vencido, el Libertador ha sido reducido al silencio, encerrado para siempre en una tumba. Deben haber pensado que es la historia del mundo; siempre ha sido así y siempre será así. El nuevo mundo en el que habíamos depositado nuestras esperanzas ha fracasado.

Los que aún no han recibido la luz de la Pascua sólo pueden ir a la tumba para zeorein, es decir, contemplar la victoria de la muerte, el triunfo del sinsentido de la vida. Y si es para acabar en una tumba, uno se pregunta si vale la pena nacer. Las dos Marías representan a todos los que aún no han recibido la luz de la Pascua; se mueven así. Van a contemplar el destino del hombre que acaba en una tumba.

Escuchemos lo que ocurre cuando estas dos mujeres llegan al sepulcro:

De repente se produjo un fuerte temblor: Un ángel del Señor bajó del cielo, llegó e hizo rodar la piedra y se sentó encima. Su aspecto era como el de un relámpago y su vestido blanco como la nieve.

Mateo narra de forma distinta a los otros evangelistas la visita de las mujeres al sepulcro. Los otros evangelistas dicen que, cuando llegaron, la piedra ya había sido removida de la boca del sepulcro. Mateo, en cambio, dice que las mujeres presenciaron un espectáculo grandioso. No se trata de un relato periodístico de un hecho, no. Mateo quiere presentar lo que ocurrió en Pascua, la mayor intervención de Dios en la historia, cuando la muerte fue definitivamente derrotada. Y para presentar esta verdad, tiene a disposición un lenguaje y unas imágenes que todos sus lectores entienden porque son las imágenes bíblicas.

La primera de estas imágenes es: “De repente se produjo un fuerte temblor”. Eseterremoto al que alude es la impresionante explosión de las fuerzas de la naturaleza. También se utiliza en la Biblia (no hay otra imagen más fuerte) para indicar la intervención de Dios. Por ejemplo, el libro del Éxodo dice que, cuando Dios descendió sobre el monte Sinaí para hablar con Moisés, toda la montaña temblaba mucho. Cuando Dios llega, se sacude la tierra.Es en las profundidades de la tierra donde se produce el mayor terremoto de la historia del universo.

En los abismos de la tierra entraban todos los que abandonaban este mundo para ingresaral sheol. Cuando los patriarcas, David, los profetas y el mismo Bautista entraron en el sheol,no pasó nada; todo continuó como antes; todos siguieron, como antes, prisioneros de la muerte. En cambio, cuando Jesús entra en el sheol, sobreviene el terremoto porque entra en éluna vida que no muere.

Notemos bien que, cuando Jesús entra al sheol, no libera a todos los prisioneros de la muerte y los trae de vuelta a este mundo. Observen en el ícono al Jesús vivo en este mundo, al que predica y entra luego también él en el sheol. Pero Jesús no vuelve aquí como Lázarosino que entra en el mundo de Dios y, al hacerlo, abre sus puertas de par en par llevándoseconsigo a todos los que nacieron y murieron antes que él. Estas puertas al mundo de Dios, desde entonces, permanecen abiertas para siempre. Él es el primogénito de estos resucitados.Y, cuando decimos ‘Resucitado’ no queremos decir que “ha vuelto a esta vida” sino que ha entrado en la casa del Padre.

Como las intensas contracciones de una parturienta que está a punto de dar a luz una vidaque nunca termina, este terremoto sacude la tierra toda porque es el Padre celestial el que está donándonos su propia vida divina.

La segunda imagen es: “El Ángel del Señor”. Esta expresión aparece a menudo en la Biblia, pero no representa a un ángel como los que imaginamos nosotros; no. Esta expresión indica al Señor mismo y a lo que hizo el día de su Pascua. Por ejemplo, cuando el Señor habla a Moisés desde la zarza y el autor sagrado dice: “el Ángel del Señor habló a Moisés”,quiere decirnos que es el Señor mismo el que habló con él.

Y ¿qué hace el Señor? Baja del cielo, quita la piedra, remueve la piedra y abre el sepulcro… En ese momento esperaríamos ver a Jesús saliendo del sepulcro. Esto ha sido imaginado por nuestros pintores occidentales que, en sus pinturas, han presentado a un Jesús fuerte que sale de su lecho de muerte con la cruz en la mano y regresa a la vida terrenal. Pero ningún evangelista relata la salida de Jesús del sepulcro. Sólo un evangelio apócrifo del siglo II, el Evangelio de Pedro, relata esta escena de la salida de Jesús del sepulcro. Los evangelios no pudieron contarlo porque Jesús no volvió a esta vida cuando la piedra fue removida.

Jesús resucitó en el mismo momento en que exhaló su último aliento. Ese fue el momento en que entró en el mundo del sheol y liberó a todos introduciéndolos en la casa del Padre. Los hombres habían colocado una piedra delante del sepulcro; era el signo definitivo de la victoria de la muerte. Nosotros también decimos: “tapado con una piedra”. Creyeron haber cerrado para siempre en el sepulcro al que quería dar comienzo a un mundo nuevo. En cambio, el Ángel se sienta victorioso sobre la piedra; es el triunfador sobre la muerte.

La piedra había sido sellada y se habían colocado guardias para mantener siempre cerrado ese sepulcro. Dios también rompió esos sellos. Romper los sellos significaba desafiar al César de Roma. El Ángel lo hace desafiando al poder de este mundo, el de los gobernantes, el de los opresores que querían mantener a Jesús prisionero para siempre en la muerte. Pero el mundo antiguo, el mundo de la muerte, ha sido conquistado y todo signo de muerte desaparece porque Dios ha dado a la humanidad la misma vida que tuvo y tiene Jesús de Nazaret.

Luego se describe el aspecto de este ángel: “Su aspecto era como el de un relámpago y su vestido blanco como la nieve”. Son otras dos imágenes bíblicas. El relámpago es un atributo divino, es lo máximo de la luz y la potencia. Y el color blanco indica la plenitud de la luz que ilumina la oscuridad de la tumba. Nosotros pensamos en la muerte como un paso de la luz a la oscuridad de la tumba. Pero con la Resurrección de Jesús se abandona la oscuridad de este mundo y se entra en la luz plena porque el sheol ha sido iluminado por la Pascua.

Ahora entran es escena los que están del lado de la muerte, los que quisieran que la piedra de la tumba no sea removida. Son los guardias colocados por los poderes de este mundo, los poderes políticos y religiosos.

Escuchemos:

Los de la guardia se pusieron a temblar de miedo y quedaron como muertos. El ángel dijo a las mujeres: Ustedes no teman. Sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado como había dicho. Acérquense a ver el lugar donde yacía. Después vayan corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado y que irá por delante a Galilea; allí lo verán. Éste es mi mensaje”.

¿A quiénes representan estos guardias del sepulcro? Representan a todos los que, por interés, por servilismo o por ignorancia, toman partido al servicio del viejo mundo, quieren perpetuar el viejo mundo, que es el mundo de los gobernantes; representan a los que defienden el mundo de la muerte. Estos guardianes son presa del temblor del terremoto, ven derrumbarse todo aquello en lo que habían creído, todos sus sueños; ahora caen y quedan como inconscientes por la intervención del Señor de la historia.

El ángel no les habla a ellos. Ellos deben darse cuenta por sí mismos de que su vida al servicio de la muerte está destinada al fracaso. Y, de hecho, volverán a caer en lo que cuenta en este mundo, el dinero; no cambian, no se dejan sacudir por este terremoto. El ángel habla a las mujeres: “no teman”. Los guardias deben temer porque ven fracasar todos sus proyectos.

Luego el ángel da la interpretación de la tumba vacía: “Miren, no está aquí; la tumba está vacía” como están vacías todas las tumbas porque en las tumbas quedan los restos, no las personas, desde que las habita el poder divino de Jesús de Nazaret. La tumba vacía es la señal. Solo cuando se la reconoce, uno está preparado para el encuentro con el Resucitado. Su cuerpo mortal, como tal, desaparece, se transfigura, y por eso no puede ser verificado con nuestros sentidos.

Este encuentro que tienen con el Resucitado, primero a las mujeres y luego los discípulos, lo relatarán todos los evangelistas con el único lenguaje que tienen a su disposición, hecho de imágenes materiales: ver, tocar y abrazar al Resucitado. Lucas incluso habla de “comer” con el Resucitado. La revelación que las mujeres reciben del cielo es que Cristo está vivo tal como había dicho. Ante aquella tumba vacía, las mujeres recuerdan que Jesús había dicho que una vida donada no termina en la oscuridad de una tumba sino en la luz del mundo de Dios. Es el recuerdo de su palabra lo que hace que las mujeres vean al Resucitado.

Y el mensaje del ángel continúa: “Irá por delante a Galilea; allí lo verán”. ¿Qué eraGalilea? Una tierra en la que convivían judíos y gentiles mezclados, en mestizaje. Por eso esta Galilea representa el mundo en el que vivimos, con gente que busca a Dios y personas que no se interesan por Dios. Es un mundo diverso, con personas a las que queremos y con otras a quienes tal vez no soportamos. Esto es lo que representa Galilea.

Verán al Resucitado yendo a Galilea, donde de nuevo Jesús guía a sus discípulos como nos guía hoy. Es nuestra Galilea. Es con este anuncio de lo que hemos visto con la mirada de la fe que captaremos la presencia de Cristo, que está vivo.

Escuchamos lo que hacen las mujeres:

Las mujeres se alejaron rápidamente del sepulcro, llenas de miedo y gozo, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. Jesús les salió al encuentro y les dijo: ¡Alégrense! Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, donde me verán”.

Las mujeres se apresuraron a abandonar el sepulcro –no tenía sentido quedarse a contemplar una tumba vacía– y corrieron a anunciar a los discípulos la experiencia que habían tenido. Aunque no habían reconocido al Resucitado, ya estaban preparadas para encontrarse con él porque recordaron lo que les había dicho. Y cuando se dispusieron a anunciar a sus hermanos que Cristo estaba vivo, el Resucitado salió a su encuentro y les dijo:“alégrense, no tengan miedo”. Después que Cristo ha pasado por el sheol, la humanidad ya no tiene que temer la oscuridad de una tumba porque ha sido iluminada.

¿Qué hicieron las mujeres? Se abrazaron a sus pies y le adoraron. Nosotros hubiéramos abrazado a Jesús. En cambio las mujeres abrazaron sus pies. ¿Cuál es el significado de este gesto? En los relatos de Pascua se insiste en las manos y en los pies. Incluso el Resucitado dice: “miren mis manos y mis pies”. Las manos son el símbolo de lo que Jesús ha hecho y los pies, del camino que ha recorrido. Recordemos que, cuando llamó a sus discípulos, el Señorles dijo: “Vengan en pos de mí, sigan mis pasos”. Unos pasos que, aparentemente, conducían a la muerte… porque Jesús siempre pedía donar la vida. Ahora las mujeres han comprendido dónde han llegado esos pies: pasando por el don de vida y luego a través de la muerte, han llegado a la gloria de Dios.

Es esencial comprender a dónde conduce el camino de Jesús, un camino que no se detiene en el Calvario. Esos pies han ido mucho más lejos y hay que contemplar el destino de esos pies. Las palabras del Resucitado son las mismas que las del ángel: “No teman”. Ya no hay que temer a la muerte después de que Cristo ha cruzado ese valle oscuro que nos asusta.

Es hermoso lo que dice el Resucitado repitiendo las palabras del ángel: “Vayan a decirles a mis hermanos…”. Los que le habían abandonado, renegado, entregado, siguen siendo sus ‘hermanos’. La Carta a los Hebreos dirá que no se avergüenza de llamarnos ‘hermanos’porque nos ama tal como somos. Y a estos hermanos les ha entregado la Buena Noticia que nosotros estamos llamados a anunciar a todos los hombres.

Les deseo a todos una Feliz Pascua.

Scroll to Top