VIERNES SANTO

Juan 18,28–19,16

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Un saludo para todos, hermanas y hermanos.

En este Viernes Santo, la liturgia nos trae la reflexión sobre la pasión de Jesús, tal como na narra el evangelista Juan. Nosotros vamos a detenernos sobre un episodio que solamente lo narra este evangelista. El diálogo entre Jesús y Pilato sobre la realeza. ¿Quién era Pilato? Un personaje que hoy nadie recuerda sino el nombre, si no fuese por aquel viernes, 7 de abril del año 30, la vigilia de la Pascua, se encontró con Jesús y tuvo que pronunciar una sentencia, que fue la condenación a muerte.

Pilato no residía en Jerusalén, sino en Cesárea y se encontraba en Jerusalén porque durante la pascua se debía mantener el orden en la ciudad. Estaba con su corte: unos 500 soldados en la ciudad santa. ¿Dónde residía? Trataremos de localizar el episodio sobre el cual buscaremos reflexionar. Localizamos el Pretorio de Pilato. Tradicionalmente se pensaba que Pilato residía en la Torre Antonia – la fortaleza que se muestra al fondo, construida por el Rey Herodes el Grande, y llamada con el nombre de su gran amigo y protector: Antonio, uno del triunvirato. Una confirmación de esta localización del Pretorio fue cuando los arqueólogos descubrieron un ‘litóstroto’ precisamente en ese lugar. Y como el evangelista Juan dice que el lugar donde Jesús fue condenado era un ‘litóstroto’ = una pavimentación con lastre de piedra, se pensaba, pues, que Jesús había sido condenado allí, en esta torre Antonia.

Los arqueólogos han esclarecido esta cuestión pues ese ‘litóstroto no es del tiempo de Jesús, sino de 100 años después, colocado en el tiempo de Adriano, cuando construyeron el Foro Romano. El pretorio de Pilato, donde residía Pilatos durante esos días ¿dónde estaba? Cuando se habla de pretorio, se entiende siempre la residencia del gobernador. En la ciudad de Jerusalén la residencia del gobernador no era la torre Antonia, donde estaban los soldados. Su residencia estaba donde se ubicaba al palacio de Herodes el Grande. Herodes había construido el palacio en la parte más alta de la ciudad. Desde la cima de esas tres torres él controlaba toda la ciudad. Era la parte más elevada. Allí vivían los ricos de Jerusalén.

De este palacio de Herodes conocemos prácticamente todo, hasta los detalles, porque viene descrito por el historiador muy conocido, Flavio Josefo. Constaba de dos grandes edificios y tenían el nombre de dos grandes amigos de Herodes el Grande: César y Agripa (Marcos Agripa, el constructor del Panteón de Roma), que era el general de César Augusto. El edificio al norte se llamaba “Caesarion” (de César), y el edificio al sur “Agripeion” – dos grandes amigos de Herodes el Grande. Pilatos residía en estos palacios en esos días. Notemos algunos puntos significativos de este palacio. Ya he indicado el “Caesarion” en la parte norte, luego podemos ubicar allí el encuentro de Jesús con Pilatos, cuando hablen sobre la realeza. Otro detalle importante para tener presente es la puerta que está ahora indicada, que es la salida del palacio de Herodes hacia el ‘agorá’, la plaza, que era el mercado alto de la ciudad de Jerusalén.

Tengamos presente que estamos en la vigilia de Pascua y la ambientación de este lugar donde se tuvo este encuentro de Jesús con Pilatos, en la mañana temprano, podemos pensar que el aquel mercado, a aquella hora, estaban preparando el banquete con todo lo necesario para la Cena Pascual.

Ya he hablado de estos dos edificios estupendos y ahora localizaremos, más específicamente, el lugar de encuentro de estos personajes de estas 7 escenas y que viene narrado por el evangelista Juan. ¿Por qué 7 escenas? Porque al final del relato Pilatos hace 7 traslados al interior y al exterior del palacio. En el interior se encuentra y habla con Jesús, luego, después de haber hablado con Jesús, encuentra a los jefes de los sacerdotes y al pueblo que le presentaron a esta persona que los jefes quieren que sea condenada a muerte. ¿Qué es lo que notamos? Que en este ir y venir de Pilato se forman 7 escenas. Las examinaremos una por una porque en cada una de estas escenas el evangelista Juan coloca un mensaje teológico importante. Regresemos a esta ambientación que es importante. En el fondo ven el Caesario. ¿quiénes son los personajes que se encuentran dentro de este palacio? Son Pilato y Jesús. Ven al fondo que están las tres torres que dominaban la ciudad de Jerusalén. Al interior de este pretorio (cuartel general) tiene lugar este encuentro y el tema es sobre la realeza.

Hay dos realezas que se enfrentan. La realeza que deriva de los principios y valores de este mundo, de la grandeza de este mundo y la realeza que viene del cielo, de los valores y de los principios que son de Dios. Son dos realezas que son incompatibles y que se enfrentan en el interior del palacio. En el exterior, mientras tanto, tenemos las otras escenas, cuando Pilatos sale para encontrarse con los jefes de los sacerdotes que fueron los que le presentaron a Jesús, porque, y que no pudieron entrar en el palacio al ser ocupado por un pagano, se hubiesen contaminado y no hubieran podido celebrar la Pascua. Aquí viene indicado el lugar donde Pilatos salía para encontrarse con los jefes de los sacerdotes. Y de frente a esa puerta está el ‘agorá’ que era el mercado donde estaban los vendedores que no se interesaban por este Jesús que era presentado a Pilato.

Y es aquí donde también se enfrentan otros dos poderes. Dentro fue el encuentro entre dos realizas – una que viene de los valores y de la grandeza de este mundo, y la realeza que viene del cielo, que viene de Dios. De frente a esta puerta tenemos el encuentro entre otros dos poderes: el poder político del representante de Tiberio y el poder religioso. Estos dos poderes se enfrentan, pero veremos que estos dos poderes se unen ya que ninguno de los dos soporta que exista un reino nuevo, un mundo nuevo. Quieren mantener el mundo antiguo, por tanto, el poder político y el poder religioso quieren impedir y, por tanto, quieren poner fin a esta provocación que viene del cielo, el nacimiento de un mundo completamente diverso, con principios y valores que no son los de grandeza de este mundo, sino de la grandeza auténtica que son las de Dios.

Después de esta ambientación de los lugares, donde colocaremos las 7 escenas que componen este texto, escuchemos ahora la introducción a la primera escena que será el diálogo entre los jefes de los sacerdotes y Pilato.

“Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al cuartel. Era temprano. Ellos no entraron en el cuartel para evitar contaminarse y poder comer la Pascua” (Jn 18,28).

Una primera indicación respecto a la hora dada por el evangelista para el encuentro entre los jefes de los sacerdotes y Pilatos. Era temprano – en griego ‘proi’, indica el comienzo de la mañana y esto está de acuerdo con el reglamento de los magistrados romanos que comenzaban su actividad temprano por la mañana. Habrá otras dos indicaciones en el texto que examinaremos – indicaciones de tiempo: el mediodía y luego la conclusión de esta jornada que es el comienzo de la fiesta de Pascua.

La indicación tiene un significado teológico, es el despuntar de un día nuevo luego de una noche muy larga, tenebrosa, donde han sucedido tantas cosas: la entrega de Jesús por parte de Judas, la captura, la condena de Jesús por parte del sanedrín que decidió que este hombre debe ser quitado de en medio porque pone en crisis toda la estructura religiosa, teológica, de los guías espirituales del pueblo de Israel. También en esta noche tenemos las negaciones de Pedro. Es la oscuridad que comienza a disolverse en este nuevo día. Era temprano. En esta noche hay una figura muy siniestra: la de Anás, el suegro de Caifás, sumo sacerdote. Este Anás es la figura más oscura. El verdadero responsable de la muerte de Jesús que es quien controlaba toda la actividad religiosa, mezclada con el tráfico económico del templo de Jerusalén. Había estado sumo sacerdote durante muchos años, desde el año 6 después de Cristo hasta el 15. Y después de él, fue nombrado sumo sacerdote su yerno Caifás – hasta el año 36. Es en el 36 que Caifás es destituido sumo sacerdote y, a la vez, el mismo año, también Pilatos.

Nos da la impresión que ambos estaban aleados, porque el verdadero líder político hábil se acerca al poder religioso y será debido a esta alianza entre Caifás y Pilatos que el sumo sacerdote obtuvo la condenación a muerte. Esta condenación a muerte ya estaba decidida durante la noche por el sanedrín, pero no podía llevarse a cabo porque el poder de condenar a muerte estaba reservado el procurador romano. Los jefes de los sacerdotes y sus sirvientes fueron al ingreso del palacio de Herodes. Se pararon para no contaminarse y pidieron hablar con Pilato.

Escuchemos el recuento de este diálogo:

“Pilato salió afuera, a donde estaban, y les preguntó: ¿De qué acusan a este hombre? Le contestaron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. Les replicó Pilato: Entonces, tómenlo y júzguenlo según la legislación de ustedes. Los judíos le dijeron: No nos está permitido dar muerte a nadie. Así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir” (Jn 18,29-35).

Pilatos fue llamado fuera del pretorio y se dirige a este grupo de personas guiadas por el sumo sacerdote. Pilatos es el representante del poder político. Es un protegido del famoso ‘Sejano’ que domina Roma. Tiberio se encuentra en Capri – medio demente, y el que administra el poder en la capital es Sejano. Y Pilato durará hasta tanto su protector no caiga en desgracia. El representante del poder político se debe confrontar con el poder religioso.

Es la primera escena que tiene lugar fuera del pretorio de Pilatos. Se dirige al jefe de los sumos sacerdotes y le pregunta: “¿De qué acusan a este hombre?”. La respuesta es: es un malhechor. Te debes fiar de nuestro juicio y debes pronunciar inmediatamente la sentencia.

La respuesta de Pilato es inmediata: “Tómenlo y júzguenlo según la legislación de ustedes”. Pero responden inmediatamente los jefes de los sacerdotes: lo hemos condenado, pero necesitamos que tu confirmes la condena a muerte, porque nosotros no podemos llevarla a cabo.

Quiero hacer notar esta señal que hacen los jefes de los sacerdotes. Hace notar el evangelista que dicen al procurador romano: te lo hemos entregado porque es un malhechor. Este verbo ‘entregado’ es muy importante. Juan lo menciona 15 veces. ¿Quiénes son estas personas que ‘entregan’? Es muy significativo: Judas ‘entrega’ a Jesús; luego los jefes de los sacerdotes que lo entregan a Pilato; será Pilato que lo entregue para morir. Todas las ‘entregas’ malas, contra el diseño del proyecto de Dios. Buscan eliminarlo a través de estas entregas.

¿Cuál será la respuesta del cielo a todas estas ‘entregas’ de parte de los hombres? Sobre la cruz, Jesús entregará el don de la vida, entregará su Espíritu. Este verbo ‘paradídomi’ en griego es como la respuesta de Dios a todas estas entregas de los hombres que entregan a la muerte. Y Dios responde a esta entrega de los hombres entregando su Espíritu: la vida divina a la humanidad.

Nota el evangelista que esto ha sucedido para que se cumpla lo que Jesús había dicho. ¿Qué había dicho Jesús? Una frase teológicamente importante. “Cuando yo sea elevado de la tierra atraeré a todos hacia mí”. Esta elevación material de Jesús, levantamiento de la cruz, es elegido por el evangelista como el momento glorioso. Glorioso y una abominación para los hombres. Glorioso a los ojos de Dios porque es el momento cuando finalmente llega toda la grandeza de su amor. Es una interpretación de este verbo “elevar” – elevado materialmente sobre la cruz y la elevación en la gloria.

Esto no hubiese acaecido si Jesús no hubiese sido condenado por el procurador romano, porque los judíos hubiesen querido la condenación a muerte por lapidación. En vez, se ha realizado lo que Jesús había prometido. “Será enaltecido” porque será Pilatos quien pronuncie la sentencia a muerte. La sentencia a muerte será la crucifixión.

Después de este diálogo con los judíos, Pilatos vuelve a entrar y tenemos el primer diálogo entre el procurador con Jesús.

Escuchemos:

“Entró de nuevo Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió: ¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí? Pilato respondió: ¡Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Contestó Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis soldados habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de aquí. Le dijo Pilato: Entonces, ¿tú eres rey? Jesús contestó: Tú lo dices. Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz. Le dice Pilato: ¿Qué es la verdad?” (Jn 18,33-38).

En esta escena comienza el diálogo sobre la realeza en el interior del pretorio entre Pilatos y Jesús. El procurador le pregunta a Jesús: Pero tú, ¿eres el rey de los judíos? Pilatos sintió hablar de esta realeza. Y Jesús le responde: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí?”. ¿Por qué hace Jesús esta pregunta? Porque no puede responder a la pregunta de Pilato que le preguntó si era rey de los judíos. ¿Por qué no puede responder? Porque si Pilato habla por sí mismo, entiende la realeza según los criterios de este mundo.

Si habla por sí mismo Jesús ciertamente habría respondido: NO – yo no entiendo la realeza como tu la entiendes; o sea, la realeza de Tiberio. A esa realeza yo no la quiero. Pero, si son otros los que te lo han dicho de mí, o sea los judíos, entonces se trata de otra realeza, la que fue anunciada en el Antiguo Testamento cuando Dios tomaría finalmente el poder para instaurar un reino nuevo. Jesús mismo ha hablado mucho del reino de Dios, del reino de los cielos, que el Señor instauraría en este mundo.

Es por esto que Jesús pregunta a Pilato: ¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí?… para que yo pueda responderte. Y, Pilato, sorprendido, responde: Yo no sé nada de los asuntos de ustedes… a mí solo me interesa mi realeza – yo no soy judío. Y ahora Jesús puede responder sobre la realeza que le fue preguntada por Pilato. Y le dice: Mi realeza no es de este mundo.

Es importante tener la traducción correcta del texto original porque en general viene traducido: Mi reino no es de este mundo. No es así. El reino de Jesús es de este mundo –del otro mundo vamos a hablar en otro momento–. Jesús quiere instaurar el reino de Dios en este mundo. La traducción correcta es: Mi realeza no viene de este mundo, de los criterios, de los valores de este mundo. El texto griego dice: Ἡ βασιλεία ἡ ἐμὴ οὐκ ἔστιν ἐκ τοῦ κόσμου – ‘no viene de’ este mundo. Es un reino que viene de lo alto, de los criterios de Dios, de los valores del cielo. Si mi reino fuese ‘de’ este mundo, en la cual tu crees, Pilato – que es el reino de Tiberio, de César Augusto… este reino proviene de los criterios y de los valores de este mundo. Si mi reino fuese así, mis siervos lo habrían notado, porque el primer criterio sobre el que se rige la realeza que proviene de los criterios de este mundo lo primero es la fuerza, la violencia. Mi reino no es de aquí, viene de otros criterios y de otros valores.

Para entender esta diferencia entre los dos reinos digamos que la realeza de este mundo puede ser entendida según lo que dice San Agustín en “La Ciudad de Dios”: es un diálogo legendario entre un pirata y Alejandro Magno. El pirata cayó en manos de Alejandro Magno y le dijo: tu eres un delincuente – por qué infestas el mar, con audaz libertad el pirata respondió: Yo soy un delincuente. un estafador, un pirata, pero tengo una pequeña nave y me llaman delincuente porque robo en el mar. Pero, tú, Alejandro Magno, que tienes una gran flota y con tu flota devastas el mar y la tierra con tus ejércitos, que haces desastres muchos más grandes que los míos, te llaman grande, emperador porque vences (De civitate, IV, 4). Yo soy un pobre pirata, un pequeño delincuente, pero tú, como vences, eres grande.

Los grandes de este mundo son aquellos que establecen su poder ante todo con la fuerza, con el dominio y cuando vencen son tenidos por grandes, personas exitosas – la realeza de este mundo. Este es el reino que viene de la mundanidad y es el reino sobre el cual también Jesús fue tentado de construir. El Diablo le había sugerido: Si quieres tener éxito – yo te lo digo cómo debes hacer. Debes imponerte y con la fuerza y con la mentira si fuera necesario, también con la injusticia, con la violencia, con la opresión porque solamente de esta manera podrás instaurar un reino que nace de los principios de este mundo. Y notemos que la tentación, con los pequeños reinos que cada uno de nosotros tratamos de crear, pueden derivar de estos valores y propuestas del Maligno.

Llegar a ser grande oprimiendo a los demás. Es lo que hemos visto suceder a lo largo de los siglos. La misma cosa. Buscar de dominar, de imponerse sobre los demás y luego se cae cuando llega un poder más fuerte. En el interior del palacio, entre Jesús y Pilato, se enfrentan estos dos reinos. Jesús explica la diferencia entre las dos. La primera diferencia es la del dominio. Los reinos que se instalan y que provienen de la lógica de este mundo se basan, ante todo, en la fuerza. El reino que viene de Dios no se basa sobre el dominio sino por su contrario – sobre el servicio. La persona grande, que es exaltada, que está sobre el trono, es el que sirve, el que se pone de rodillas delante del que lo necesita. Pilatos se queda turbado, desconcertado, no entiende, y dice: ¿tú eres rey? Y Jesús responde: Es cierto. Tú lo dices. Yo soy rey.

Y aquí Jesús señala la segunda diferencia entre la realeza que viene de este mundo y la realeza que viene del cielo. Dice: Para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz. ¿Qué se entiende por verdad? La verdad en la biblia no indica decir mentiras o no.

La verdad es una concepción que también nosotros tenemos. Cuando nosotros decimos “verdadero’ – ‘es un verdadero hombre’ – es un ‘verdadero sacerdote’ o un ‘verdadero bautizado’ quiere decir una persona que realiza la identidad del discípulo de Cristo, que es fiel a la propuesta de hombre hecha por Jesús en el Evangelio. Este es el concepto de la verdad. Jesús ha venido al mundo para dar testimonio de la verdad sobre Dios y cancela todas las mentiras que fueron contadas sobre Dios, presenta la verdad sobre el rostro de Dios con su persona. El que ve a Jesús, ve el verdadero rostro de Dios, y el que ve a Jesús ve también el verdadero rostro del hombre, del hombre verdadero. El dominador no es un verdadero hombre; es todavía una fiera. Jesús da testimonio de la verdad sobre Dios y sobre el hombre.

Esta es la segunda diferencia entre la realeza de este mundo y la realeza nueva, la de la grandeza del servicio y la de la realización, la reproducción dl rostro del Padre del cielo en el rostro de cada persona. Y en este punto Pilatos no comprende nada, y menciona esa famosa expresión: ¿Qué es la verdad? Y luego se retira afuera para hablar con los jefes de los sumos sacerdotes. No entiende nada, porque la realeza para él es solo la de Tiberio, de los dominadores y, luego, esa ‘verdad’ de la tanto hablaron los filósofos no quiere interesarse por el discurso que está haciendo Jesús.

Si Pilato hubiese comprendido de qué realeza hablaba Jesús, se habría convertido en un hombre libre, se hubiese liberado de esa imagen de realeza que lo deshumanizaba. Por la descripción que Filón de Alejandría hace de Pilatos es muy dura… No se dejó liberar, ha huido… le podría haber preguntado a Jesús o esperar su respuesta cuando preguntó qué es la vedad. Y Jesús se lo hubiese explicado, habría comprendido que ser un gran hombre no hay que ser como Tiberio, sino gente que aman, que se ponen al servicio, no que los otros lo sirvan.

Y Jesús no se hace entender por Pilatos, es muy complicado porque Jesús estaba dando vueltas todas las concepciones de grandeza de este mundo. Jesús tampoco tuvo éxito con Pedro –cuando Pedro quería que Jesús fuese grande, cuando Pedro no quería que Jesús le lavara los pies. Quería ser el primero, pero Jesús les hace entender a todos que es que la verdadera grandeza es la que se refiere a la realeza que viene de arriba y es lo opuesto de la realeza, de las grandezas de este mundo. Pilatos sale de nuevo y va hacia los judíos que lo están esperando fuera, delante de la puerta en el patio.

Escuchemos juntos la lectura de la tercera escena – el encuentro de Pilatos con los jefes de los sacerdotes:

“Dicho esto, salió de nuevo a donde estaban los judíos y les dijo: No encuentro en él culpa alguna. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a un preso durante la fiesta de la Pascua. ¿Quieren que suelte al rey de los judíos? Volvieron a gritar: A ése no, suelta a Barrabás. Barrabás era un asaltante” (Jn 18,38-40).

Pilatos, un poco confuso dialoga con los jefes de los judíos y dice simplemente: hablé con Jesús y no encuentro en él ninguna culpa de lo que ustedes lo están acusando. Para intentar un camino de salida, propone liberar a Jesús por lo que se llamaba el “privilegio pascual”. No hay muchos detalles sobre lo que dice el evangelista que era la costumbre en ocasión de la Pascua liberar a un prisionero que el pueblo pidiese.

Es inimaginable que el procurador romano liberase un delincuente en ocasión de la Pascua. ¿Qué pudo haber acontecido? Tratemos de reconstruir los hechos tal como puedan ser entendidos y, luego, la relectura que hace el evangelista que habla de un cierto ‘Barrabás’. ¿Quién podría ser este personaje Barrabás = Bar–Abbá? Significa ‘hijo de su padre’ – este era el nombre dado a los hijos de nadie.

Sabemos que se trata de esas personas presentes en todas las sociedades, que viven un poco abandonados, que luego son acusados de todo porque son los marginados – este hijo de nadie – Barrabás. El evangelista Marcos cuenta que hubo una reyerta en una ciudad y esta revuelta había habido un homicidio. Buscaron a los responsables de este crimen y ¿a quién se sacaron del medio? A ‘Barrabás’ – debió ser él. Había sido puesto en prisión con otros responsables de la reyerta.

Con ocasión de la Pascua, este hombre fue liberado, probablemente porque era sabido que no era culpable del crimen y de la revuelta que había acontecido en la ciudad. Al ser narrado este episodio, contemporáneamente con la condena de Jesús… y como el procurador romano ha pronunciado la sentencia de muerte para el autor de la vida y el pueblo, en vez de liberar al autor de la vida, el que daba comienzo a un mundo de amor, lo nuevo venido del cielo – el pueblo ha preferido a este ‘Barrabás’, considerado un criminal, por tanto, uno que está de parte de la muerte.

Los evangelistas han puesto a estos dos personajes pare decirnos que estemos atentos, que la opción que fue hecho por los judíos se repite continuamente, porque cada uno cuando está colocado frente a esta opción: por el autor de la vida o por el padre cuyos hijos elijen la ‘no vida’.

Esta es la razón teológica porqué los evangelistas han puesto a estas dos figuras. He tratado de explicar lo que pudo haber sucedido, que a nosotros no nos interesan mucho. Más nos interesa el significado teológico que el evangelista quiere dar. Quiero aclarar una cosa muy importante.

El evangelista Juan no habla del ‘pueblo de Israel’, menciona, con términos muy precisos, a los judíos y entiende con este término aquellos que refutan la propuesta de mundo nuevo introducida por Jesús. Por tanto, los judíos no son el pueblo de Israel, son todos aquellos que se oponen con toda su fuerza y quieren quitar de en medio al que presenta un mundo nuevo.

Por tanto, los ‘judíos’ no son los hebreos del tiempo de Jesús. Son los judíos de siempre – podremos ser también nosotros si intentamos quitar de en medio a Jesús, de impedir la realización de aquel mundo nuevo que Él vino a instaurar en este mundo. Y ahora llega la cuarta escena, la central, la más importante, que es la parodia de la realeza según los criterios de este mundo.

Escuchémosla.

“Entonces Pilato se hizo cargo de Jesús y lo mandó azotar. Los soldados entrelazaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; lo revistieron con un manto rojo, y acercándose a él le decían: ¡Salud, rey de los judíos! Y le pegaban en la cara” (Jn 19,1-3).

Hay dos acontecimientos en esta cuarta escena – que es la central: la flagelación de Jesús y después la parodia de la realeza que culmina con la coronación de espinas y luego con el manto de color púrpura que le ponen a Jesús. El evangelista no se detiene sobre la flagelación, no quieren insistir en esta crueldad. No es sobre esta crueldad que quieren insistir. Están presentando la pasión de Jesús que no hay que entender como la pasión que ha sufrido –lo cual es verdadero– sino que quieren hacernos caer en la cuenta de la pasión de amor de Cristo que revela la pasión de amor de Dios por la humanidad – esa humanidad que lo rechaza, pero que Dios ama perdidamente.

Esto es lo que nos quieren hacer comprender los evangelistas. Hablemos ahora de esta parodia de la realeza. El evangelista utiliza una ironía finísima. Quiere mostrar cómo las grandezas de este mundo – la realeza que se derivan de los criterios de este mundo son ridículas. Primero la corona de espinas. La corona de oro que se ponían los reyes para reinar era la señal de su gloria, de su éxito. Indicaba la irradiación del dios sol. No es ésta la corona que le ponen a Jesús, sino una corona de espinas. La realidad de la realeza de este mundo se celebraba con la corona radiante del dios sol; la realeza que viene del cielo es la que ama hasta aquellos que hacen el mal, que responden con odio a este amor. ¿Qué quiere decir el evangelista? Que los reinos de este mundo son paliativos, son teatros de este mundo que están enmascarados.

Así lo decía San Juan Crisóstomo: las grandezas de este mundo son como representaciones teatrales donde cada uno se pone una máscara, pero luego a la noche, se quitan esta máscara y aparece la verdad. Cuando uno saca estas máscaras ¿qué queda? Juan Crisóstomo dice que aquel que en el teatro era un rey, te lo encuentras en la plaza como a un simple hombre; otro que se presentaba como filósofo, porque tenía la barba de los filósofos, te lo encuentras por la calle y no es capaz ni siquiera de escribir su propio nombre. Llega, pues, la noche, cuando estas coronas, que resplandecen a los ojos del mundo como el sol, se revelan después en su vacuidad. Jesús presenta una realeza totalmente diversa. Para el mundo es una realeza de burla, hace reír, porque en el mundo cuentan las coronas como las que se puede poner Tiberio en la cabeza.

Reflexionemos: Lo que aparece en este mundo muchas veces es una farsa. Busquemos algunas enseñanzas sobre los personajes en cuestión. ¿Qué queda? Tratemos de quitar las decoraciones, los títulos honoríficos… ¿qué persona queda? Especialmente si quitamos el dinero, el poder a cierta gente – ¿qué queda? Quitemos el truco a ciertas cosas, quitemos los reflectores a los teatros de este mundo… ¿qué hombre – qué mujer queda? ¿Cuáles son los valores de esta gente? Valor auténtico, no las apariencias. Así, en esta escena el evangelista quiere hacer una parodia de la realeza de este mundo.

La segunda señal de realeza es el manto de púrpura que le ponen a Jesús. El color recuerda el color de la sangre que la realeza de este mundo debe verter para poder dominar. No la guardan y esconden; si deben aplastar a alguien lo hacen.

En esta cuarta escena se presenta la parodia de la realeza de este mundo. Estaba preparado al interior del pretorio de Pilatos el rey de burla. Según la gente es una realeza ridícula: el que dedica su vida al servicio de los demás, que no se hace grande, rico, potente… no cuenta para nada.

Esto es lo que el evangelista quiere decir. Prestemos atención, porque estas realezas que son las grandezas de este mundo – son éstas precisamente las que son de burla. Esta es la ironía que quiere presentar el evangelio de Juan. Lo que aparece grande, es insignificante. Y, en vez, lo que los hombres consideran ridículo es lo verdaderamente grande. Las dos realezas están confrontadas. Y, de hecho, Pilato saldrá con este rey de burla y lo presentará al pueblo.

Escuchemos juntos cuál será la reacción de aquellos que deben hacer la opción entre la realeza de este mundo y la nueva realeza que viene del cielo.

“Salió otra vez Pilato afuera y les dijo: Miren, lo saco afuera para que sepan que no encuentro en él culpa alguna. Salió Jesús afuera, con la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dice: Aquí tienen al hombre. Cuando los sumos sacerdotes y los policías del templo lo vieron, gritaron: ¡Crucifícalo, crucifícalo! Les dice Pilato: Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, que yo no encuentro en él ningún motivo de condena. Le replicaron los judíos: Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se ha hecho pasar por hijo de Dios” (Jn 19,4-7).

Hasta este momento Jesús no ha hablado directamente con los judíos. Pilatos ha sido siempre el interlocutor. El diálogo entre Jesús y Pilatos tuvo lugar en el interior. Ahora, después de la escena de la parodia de la realeza, Pilatos lleva afuera a Jesús y lo presenta delante de su pueblo. Está vestido de payaso – de rey burlón. Y Pilatos no dice: aquí tienen a su rey, sino “aquí tienen al hombre”. Pilato no sabe lo que significa la expresión que acaba de usar: “Aquí tienen al hombre”.

El evangelista nos quiere hacer comprender el significado real de esa palabra: ‘hombre’. Es el hombre verdadero. El hombre auténtico según Dios, el siervo, el que se ofrece totalmente. Y lo que es importante es la reacción del pueblo frente a este hombre. Cuando lo ven los jefes de los sacerdotes y sus sirvientes –recordemos que se encuentran delante de aquella puerta del pretorio – se encuentran en el agorá, que estaba frente al pretorio– … ¿qué gritan? ¡Crucifícalo, crucifícalo! Como sabemos, la crucifixión era la pena de los esclavos. Un ciudadano romano, un hombre verdadero no podía ser crucificado. Los jefes de los sacerdotes y su servidumbre están diciendo: ‘este no es un hombre’.

El hombre verdadero es el que viste de púrpura, el hombre grande, el hombre que está bien – este es un esclavo, ¡crucifícalo! Aquí están las dos propuestas de hombre: el hombre que domina y el que sirve. El hombre poderoso según el criterio de los jefes de los sacerdotes y del pueblo es el que es grande, el que viste bien. El hombre verdadero (“¡He aquí al Hombre!”). Es el hombre que Dios presenta. por boca del ignorante Pilatos. El Siervo. Esta reacción era de esperar. No soportan esta propuesta de hombre que es lo opuesto a la de aquellos que detectan el poder, tanto político como religioso, porque es un terremoto de la lógica según los criterios humanos.

Quiero hacer notar un detalle. No es el pueblo de Israel el que rechaza a este hombre. Son los que detectan el poder religioso y los de su séquito. En Juan no aparece más el pueblo hebreo, sino solamente los jefes, que son los verdaderos responsables de este rechazo del hombre según Dios. Quieren proteger sus propios intereses, perpetuar su poder y Jesús está haciendo mover esta institución religiosa deshumanizante a la cual los sumos sacerdotes han legado todo su interés. Pilato responde: “Crucifíquenlo ustedes” y sigan ustedes la condena… yo no encuentro en él ninguna culpa. No se puede encontrar ninguna culpa en aquel que pone toda su vida al servicio.

Pero esta imagen de hombre no puede ser aceptada por los que tienen en mente otra clase de hombres exitosos. Y los jefes de los sacerdotes le responden: Tenemos una ley y éste debe morir porque se presenta como Hijo de Dios. Hijo de Dios quiere decir el que reproduce el rostro del Padre del cielo. Y ellos tienen en mente otra imagen de Dios – el Dios dominador, el Dios justiciero… y aquí no tenemos esta imagen de Dios en el rostro de Jesús. Ellos son los jefes religiosos – cuidado con contradecir su catequesis.

Están dispuestos a cometer un homicidio, pero no de rever sus propias convicciones. Y en este punto revelan el verdadero motivo: no que Jesús es un malhechor, un rebelde sino aquel que cuestiona sus concepciones religiosas, sus tradiciones. No aceptan al hombre nuevo. Y aun Pilatos comienza a tener miedo. Aquí, no es tanto que Jesús hace resquebrajar las concepciones religiosas de los sumos sacerdotes, sino que hace resquebrajar también el poder político, al hombre grande según los poderes de este mundo. Y Pilatos siente miedo, porque sabe que el poder religioso ya lo puso en crisis desde el principio, cuando Pilatos tuvo el problema de los estandartes que él había introducido en la ciudad santa, en Jerusalén y la reacción del poder religioso fue durísima y Pilatos tuvo que echar marcha atrás.

Por eso Pilatos, ahora tiene miedo. De frente a este hombre –parece increíble– es un esclavo, un rey burlón… son los poderes religiosos y políticos que se encuentran en dificultad. Intuyen que su poder está por ser derrumbado. Pilatos está preocupado, sabe que Jesús es inocente, pero si quiere proteger su propia posición, debe estar dispuesto a andar contra la verdad. De hecho, entra en el pretorio para encontrar una vía de salida.

Escuchemos justos su último diálogo con Jesús:

“Cuando Pilato oyó aquellas palabras, se asustó mucho. Entró en el cuartel y dice de nuevo a Jesús: ¿De dónde eres? Jesús no le dio respuesta. Le dice Pilato: ¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte? Le contestó Jesús: No tendrías poder contra mí si no te lo hubiera dado el cielo. Por eso el que me entrega es más culpable” (Jn 19,8-11).

Pilato se tiene que enfrentar de nuevo a Jesús. Tiene miedo. No quiso dejarse atraer por el hombre nuevo, porque tuviese que haber renunciado a todas sus posiciones de hombre poderoso. No sabe cómo salir del paso. Entonces le hace una pregunta a Jesús: “¿De dónde eres?”. No significa de dónde bienes… Ya sabe que es un galileo. Esta pregunta de Pilatos quiere decir: “Tú – quién eres?”. Y Jesús no le responde. Nosotros hubiéramos esperado que, inmediatamente, Jesús diese una explicación, pero Jesús calla. ¿Por qué se queda callado? Tiene que haber un motivo.

Un verdadero diálogo presupone momentos en que se habla y momentos de silencio. Antes y después de la palabra el silencio es necesario, es un momento indispensable en la comunicación. Existen palabras que interrumpen la comunicación y existen silencios que crean la comunicación, porque son una invitación a la reflexión, a dejar penetrar un cierto mensaje – un mensaje que quizás produzca interrogantes, una inquietud interior y esto es lo que Jesús quiere que suceda en Pilatos.

El silencio es necesario. Pilato tiene miedo de estos silencios y le dice a Jesús: “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?”. Pilatos tiene miedo del silencio. No quiere que su inquietud interior y su pregunta quede en el aire, porque está en juego su posición, quiere ser él el que conduzca el interrogatorio, el diálogo. Y Jesús se calla a propósito porque quiere que Pilato repiense… a ver si se deja involucrar por el hombre nuevo.

Y Jesús dice a Pilato una frase enigmática: “No tendrías poder contra mí si no te lo hubiera dado el cielo”. Ten presente que eres culpable porque no quieres abrir tu mente y tu corazón a mi propuesta de hombre, pero hay gente más culpable que tú. Pero la frase enigmática es “ese poder no lo tendrías si no te lo hubiera dado el cielo”. Ahora Pilatos no entiende… no quiere entender.

La frase de Jesús es clara para nosotros hoy. Quería decir: tú tienes poder sobre la tierra, eres poderoso, pero es el cielo el que está conduciendo mi historia. Es un crimen que los poderes de este mundo están haciendo, pero Dios está conduciendo este crimen para que se produzca un prodigio de salvación, porque el cordero que será inmolado pondrá en crisis, hará reflexionar a los lobos que lo han matado.

Era la única manera para introducir un mundo nuevo. Tu no lo sabes, pero desde lo alto Dios está conduciendo este evento. Pilato tiene delante la posibilidad de hacer una elección definitiva en su vida – renunciar a los bienes de este mundo, tomar postura frente al mundo nuevo, del hombre nuevo… pero no lo hace.

Escuchemos el último diálogo entre Pilatos con los sacerdotes y sus seguidores:

“A partir de entonces, Pilato procuraba soltarlo, mientras los judíos gritaban: Si sueltas a ése no eres amigo del césar. El que se hace rey va contra el césar. Al oír aquello, Pilato sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gábbata. Era la víspera de Pascua, al mediodía. Dice a los judíos: Ahí tienen a su rey. Ellos gritaron: ¡Afuera, afuera, crucifícalo! Les dice Pilato ¿Voy a crucificar a su rey? Los sumos sacerdotes contestaron: No tenemos más rey que el césar. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado” (Jn 19, 12-16).

Pilato quería liberar a Jesús, pero los sumos sacerdotes le dicen: si libras a éste no eres amigo del César. Miremos lo que está dispuesto a hacer el poder. Los jefes religiosos están dispuestos a todo incluso a proclamar como rey suyo a un pagano: Tiberio, un cuasi-demente que se encuentra en Capri, lejos de Roma. El que manda en Roma es Sejano.

Los judíos detestaban la dominación extranjera, pero ahora reconocen solemnemente la autoridad de César. Para obtener la condenación a muerte del verdadero hombre. ¡Cuánto fastidio ha dado esta propuesta de hombre nuevo! Y Pilato lleva afuera a Jesús y se sienta en el tribunal. Aquí hay una interpretación diversa que el evangelista quiere dar a este verbo: ‘ekátisen’ que puede significar: Pilatos se sentó en el tribunal, pero puede haber otra interpretación de este verbo… y es lo que el evangelista quiere decir. Está claro que Pilatos se sentó sobre el tribunal, sobre el banquillo, pero el evangelista utiliza este verbo que puede significar, y significa en la intención del evangelista: Pilatos hace sentar a Jesús sobre el banquillo para que pudiese ser contemplado por todos.

En el lugar llamado “litóstroto’, en hebreo ‘gábbata’. Es un detalle extraño porque ‘gábbata’ no significa ‘litóstrofo’. Sabemos el significado de ‘litóstroto’ = el enlosado puesto sobre el pavimento, o una pavimentación típica del tiempo y de hecho, cuando el litóstrtotofue encontrado en la zona de la torre Antonia, se pensó que Jesús había estado juzgado por Pilato en aquel lugar.

Ya he mencionado antes que este litóstoto de la torre Antonia no es del tiempo de Jesús, es 100 años posterior. Aquí ‘litóstroto’ no viene citado en referencia a ‘gábbata’, pero ‘gábbata’ significa un lugar elevado, que es precisamente el lugar donde se encontraba el pretorio de Pilato.

Al ‘litóstroto’ lo encontramos solamente dos veces en toda la Escritura. Aquí en el evangelio de Juan y si buscamos en el Antiguo Testamento encontramos este término solo una vez en el Cantar de los Cantares y es, seguramente, a este texto que el evangelista quiere hacer referencia. Imaginemos a Jesús sentado en este trono, un trono real que el evangelista quiere que contemplemos en este momento. ¿Qué dice el Cantar de los Cantares? Presenta al rey Salomón sentado en un palanquín, en un asiento de púrpura y al centro de este asiento hay un litóstoton = un entablado de piedras preciosas, símbolo del amor que se tenía a este rey que estaba sobre el trono. Y continua el texto del Cantar de los Cantares: “¡Muchachas de Jerusalén, salgan, miren, muchachas de Sión, al rey Salomón con la corona que le ciñó su madre el día de su boda, día de fiesta de su corazón!” (Cant 3,9-11).

Aquí es un poco difícil, pero debemos entender lo que el evangelista nos quiere decir, a lo que se refiere. Debemos recordar que, en el evangelio de Juan, desde el comienzo, Jesús entra en escena como el esposo que sale al encuentro de la esposa.

En el Antiguo Testamento la esposa es Israel, el pueblo; para nosotros es la humanidad hacia la cual se dirige el esposo para el encuentro esponsal. Esta es la perspectiva desde la cual nosotros debemos leer este evangelio de Juan. Recordemos que cuando Jesús entra en escena, viene precedido del Bautista, el cual dice: Yo no soy el esposo que ustedes esperan, que Israel espera. Yo estoy sintiendo la voz del esposo, la voz de aquel que está por llegar.

Y recordamos que inmediatamente después, la boda de Caná y luego, a lo largo de todo el evangelio, está este hilo de oro de Jesús – el Dios que ha venido a encontrarse con la esposa, la humanidad. Es precisamente en este momento que el evangelista presenta al Esposo y lo hace con la referencia a este texto del Cantar de los Cantares. La invitación a Israel de contemplar el amor del Esposo, de su Dios. Y notemos que es presentado con la corona “que le ciñó su madre”.

La madre de Jesús es Israel, el pueblo de Israel, del cual ha nacido este Mesías. Y no es una corona gloriosa, una corona radiante del dios sol, no una corona de espinas. Este esposo se presenta como el que ama tanto a su esposa que es capaz de donar toda su vida, de hacerse siervo, de hacerse esclavo – en el día de su boda.

Es así como el evangelista quiere que contemplemos esta última escena grandiosa: es el Esposo que viene presentado a la esposa – quiere indicar cuánto la ha amado. Y tenemos la indicación de la hora que nos da el evangelista: era la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y Pilatos dice a los judíos: He aquí a su rey. El que da comienzo a un reino que transforma a todos, que disturba al mundo porque es una realeza que es un terremoto para todas las otras realezas. El rey es que se hace servidor.

Notemos el detalle: la preparación a la Pascua y la hora – mediodía. Era el momento en que en el templo comenzaban a ser inmolados los corderos que después serían comida durante la cena pascual. Es la presentación del Cordero. El Cordero que será inmolado. El Cordero que mostrará al hombre verdadero y pondrá en crisis a las fieras que han dominado siempre en el mundo. Es con Él que comienza el mundo nuevo. La reacción de los sumos sacerdotes y de sus seguidores: “¡Afuera, afuera, crucifícalo!” no aceptan esta realeza. Pilato no quería ir contra la verdad, no quería cometer este crimen… “¿quieren crucificar a su rey?”. Y la respuesta de los sumos sacerdotes: “No tenemos más rey que el césar”.

Los sumos sacerdotes descienden a este bajo nivel. Están dispuestos a todo, a ir contra toda su concepción, también religiosa, para eliminar a aquel que les fastidia. “Entonces se lo entregó para que fuera crucificado”. ¡La ironía a que Juan llega en este punto! Es una ironía que llega al culmen. Porque vemos a dónde ha llegado – los sumos sacerdotes, el poder religioso y Pilato, el poder político. Pilato no quería condenar a Jesús – no quiere cometer un crimen, pero se siente obligado a hacerlo frente al poder religioso que había asumido un inmenso prestigio después de la construcción del templo por parte de Herodes.

Pilato se ve obligado a hacer lo que no quiere. Incluso los judíos se ven obligados a hacer lo que no quieren. Ellos no querían servir al césar, lo aborrecían, pero se ven obligados a declararse súbditos fieles y a proclamarlo rey, contra la tradición judía que sostiene que existe un solo rey que es Dios. Cuando no se acepta la propuesta de hombre y la propuesta de realeza nueva se obliga a entrar en contradicción consigo mismo, con Dios, con los hermanos y a cometer crímenes.

También nosotros hoy estamos delante de esta imagen de hombre y a este principio de la nueva realeza. No debemos cometer el error que ha hecho Pilato y el error que han hecho los sumos sacerdotes. Recibamos al hombre nuevo, el mundo nuevo y la nueva realeza, la de aquellos que se ponen al servicio de los hermanos, que no quieren ser dominantes, sino aquellos que están dispuestos hasta de entregar la propia vida por amor.

Les deseo a todos una buena preparación para la fiesta de Pascua.

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