SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO – AÑO A

Mateo 3,1-12

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Un buen domingo para todos.

Cada año, la liturgia pone ante nosotros a dos personajes encargados de prepararnos para acoger el Señor que viene. Son Isaías y el Bautista. Isaías es el profeta que, en los tiempos oscuros de la historia de su pueblo, supo infundir alegría y esperanza; mantuvo viva la certeza de que las promesas del bien hechas por el Señor se cumplirían, incluso cuando los acontecimientos parecieran negarlo. En la primera lectura de este domingo escucharemos una de las más bellas profecías.

Hoy tenemos mucha necesidad de escuchar las palabras de Isaías porque el desánimo y el pesimismo están muy generalizados en nuestra sociedad. Basta con escuchar ciertos discursos que oímos; a veces suenan como una carrera para ver quién denuncia cada vez más males en nuestro mundo: los tiempos son malos, todo apesta, el mundo está cada vez peor. Isaías quiere que veamos nuestro mundo como Dios lo ve. Y así, en lugar de sólo detenernos en quejarnos de los dolores del parto, empezaremos a alegrarnos pensando en la nueva criatura, el nuevo mundo que está naciendo. Los dolores no son los dolores que preludian una muerte del mundo sino el nacimiento de un nuevo mundo.

El segundo personaje es el Bautista, el profeta que fue enviado por el Señor para preparar a Israel para recibir el Mesías de Dios y hoy también nos prepara de dos maneras: con sus palabras y con su vida. De este personaje no sólo nos hablan los Evangelios sino también los historiadores.

Flavio Josefo nació diez años después de la muerte del Bautista y nos atestigua lo mucho que todavía estaba viva en su tiempo la memoria de este extraordinario hombre. En su libro,Antigüedades Judías, se describe al Bautista de esta manera: Era un hombre bueno; exhortó a los judíos a llevar una vida recta, a tratarse mutuamente con justicia, a someterse devotamente a Dios y hacerse bautizar. Y luego especifica muy claramente cómo entendía el Bautista su bautismo. Dice que Juan opinaba que esta inmersión en el agua no era suficiente para el perdón de los pecados; estaba convencido de que era sólo una purificación del cuerposi el alma no había sido previamente purificada mediante una conducta recta.

Escuchemos ahora cómo Mateo presenta al Bautista en su evangelio:

En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea, proclamando: Arrepiéntanse, que está cerca el reino de los cielos”.

En el evangelio de Mateo, el Bautista aparece de repente; de él no se había hablado antes. Mateo no relata, como lo hace Lucas, el nacimiento del Bautista de dos padres ancianos, de la estéril Isabel. Lo introduce en la escena ya adulto y lo presenta no como un predicador que pronuncia largos discursos sino como un heraldo, como heraldo de noticias extraordinariascon un mensaje de pocas palabras. Tal vez hoy lo diría así: Abre tus oídos, escucha bien lo que anuncio: ha llegado el reino de Dios.

Hablar del reino de Dios a los israelitas de la época de Jesús significaba despertar expectativas y esperanzas cultivadas durante siglos porque todos ellos conocían las Escrituras, conocían los oráculos de los profetas que prometían que un día el Señor se haría cargo directamente de la suerte de su pueblo y finalmente establecería en el mundo un reino de justicia y paz. El Bautista dice al pueblo: Yo no anuncio, como los profetas que me precedieron, un acontecimiento futuro sino una realidad presente. Les digo que el tiempo de espera ha terminado y el reino de Dios está cerca de ustedes, está ante sus ojos y al alcance de su mano.

Las palabras del Bautista no podían sino despertar el entusiasmo del pueblo y, de hecho, como veremos, todos acudían a él; incluso muchos pensaban que era el Mesías. ¿Qué hacer si el reino de Dios está cerca? Cuando se acerca un acontecimiento importante, sabemos que todo en la vida cambia: los ritmos, los comportamientos y las opciones son diferentes.Cuando se acerca un examen, ya no vas a bailar, no pierdes el tiempo con los amigos o con la bebida; te concentras en los libros. Cuando se acerca el día de tu boda todo cambia; sólo piensas en eso. El Bautista advierte a los israelitas con urgencia, y también a nosotros hoy,qué hacer si nos damos cuenta de que el reino de Dios está cerca de nosotros. No debesperder la oportunidad de hacer tuyo este Reino. Dice el Bautista: “Ahora que el reino está cerca, conviértete.

Para indicar la conversión, en la Biblia se utilizan dos verbos que hay que tener en cuenta. Uno de ellos indica la conversión del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento: ἐπιστρέφειν, epistrefein, que significa volver, regresar. En hebreo שׁוּב ‘shuv’. Indica queel pueblo que se ha alejado de Dios debe volver a Dios. Pero este verbo nunca se utiliza en el Nuevo Testamento para indicar la conversión. El Bautista emplea μετανοεῖν (metanoein) que no significa volver atrás sino cambiar totalmente la forma de pensar, de razonar, de evaluar las realidades de este mundo. Con este verbo, Juan quiso ciertamente insistir en el aspecto moral, en el cambio de vida. Se refería a acabar con los adulterios, la violencia, las mentiras, las rivalidades… “Cambien de vida. Esta era su metanoein.

Jesús trasciende las palabras del Bautista, va más allá. Al comienzo de su predicación también dice: “Conviértanse porque ha llegado el momento del reino de Dios. En sus labios está la invitación a cambiar. Pero la metanoia adquiere una dimensión más amplia que la del Bautista. Significa tener una nueva visión: en primer lugar, de Dios, luego del mundo, del hombre, de la historia.

Presta atención nos dice el Bautista, tienes ante tus ojos dos reinos. Uno es el reino de este mundo, el antiguo, en el que la persona exitosa consigue imponerse a todos, somete a los demás, se hace servir. El reino donde todos piensan en sí mismos, en acumular bienes, y se desentienden de los demás. El reino del maligno Recuerda que, cuando el maligno se presenta a Jesús, le dice: El mundo es mío; el reino es mío; yo se lo doy a quien quiero. Y Jesús rechaza este reino porque él, el Mesías, viene a iniciar el reino de Dios, el nuevo mundo. El otro es el reino de Dios. El reino de Dios está cerca y al alcance de la mano para nosotros hoy. Es lo contrario al anterior. En el reino de Dios es grande el que sirve, no el que domina, y grande es el que no piensa en sí mismo sino en su hermano.

Es lo que nos dice hoy el Bautista: Este reino está cerca de ti; no pierdas la oportunidad de acogerlo; tu vida depende de ello. Los otros reinos pasan, no soportan el desgaste del tiempo. Entra en este nuevo reino aceptando la propuesta del rostro de Dios y de hombre nuevo que el Señor Jesús hará. Escuchemos las palabras del Bautista dirigidas a nosotros hoy. Ahora el evangelista Mateo vincula la misión del Bautista con una profecía que se encuentra en el libro de Isaías. Escuchémosla:

“Éste es a quien había anunciado el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: Preparen el camino al Señor, enderecen sus senderos»”.

La cita que hemos escuchado se encuentra en la segunda parte del libro de Isaías, donde se recogen las palabras de un profeta anónimo que vivió junto a los deportados en Babilonia. Son los nietos de los hijos que Nabucodonosor había llevado a su tierra. A estas personas desanimadas el profeta se presenta como el heraldo de una noticia extraordinaria, una alegre noticia. Dice al pueblo de los exiliados: El Señor viene a liberarnos. Nos hará volver a la tierra de nuestros padres. Los israelitas no creen en estas palabras; consideran imposible que el Señor siga teniendo misericordia de ellos. Saben que vino a liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, pero los israelitas no eran responsables de la esclavitud; en cambio, los que se encuentran en Babilonia saben que la causa del exilio fueron sus infidelidades. No es el Señor que los castigó, sino que los pecados que cometieron los esclavizaron.

A esta gente que cree que la liberación es imposible, el profeta le dice: El Señor es fiel a las promesas que hizo a Abrahán y a su descendencia y está a punto de venir a llevarnos a la tierra de la libertad. Y agrega: No regresaremos por el camino del que vinimos, el que sube al norte y luego baja a Babilonia, más de 2.000 km, no. Tracen el camino recto, el que atraviesa el desierto, que será mucho más corto para llegar rápidamente, guiados por el Señor,a Jerusalén.

Esta es la profecía que encontramos en la segunda parte del libro de Isaías. El evangelista Mateo la aplica y la ve cumplida por el Bautista que vive en el desierto y anuncia un nuevo éxodo. Dice que el Señor está a punto de venir a liberarnos de una esclavitud mucho mayorque la de Egipto y Babilonia: la esclavitud de nuestro pecado, de todo lo que nos deshumaniza. Viene para introducirnos en su Reino, donde podremos vivir verdaderamente como hombres, no como fieras.

Describamos un poco este desierto en el que el Bautista eligió vivir. El evangelista insiste en este desierto porque quiere darnos un mensaje teológico y lo captaremos. ¿Dónde vivía el Bautista? Los biblistas judíos dan por seguro que vivió unos años en Qumrán con los monjesesenios, y que en algún momento inició su misión y comenzó a bautizar a las orillas del río Jordán.

Es importante señalar el lugar donde más tarde se encontró con Jesús, donde Jesús vino a ser bautizado por el Bautista. La tradición lo sitúa Betabara, que quiere decir la casa del vado”, porque recuerda el lugar por donde pasaron los israelitas cuando salieron de la esclavitud de Egipto y entraron en la tierra de la libertad. El Jordán siempre ha marcado esta línea fronteriza entre la tierra del paganismo y la tierra de la libertad. Esta ubicación geográfica es importante porque tiene un significado teológico que veremos en breve.

Les muestro en la foto el desierto donde vivió el Bautista.Observen el monasterio de Qumram; dónde se encontraba; y, luego, al fondo, también se indica Betabara, a unos 10 kilómetros de la parte norte del Mar Muerto. El evangelista insiste en este desierto porque es una referencia a los cambios que estamos llamados a hacer en nosotros mismos si queremos disponernos a acoger al Señor que viene a liberarnos, a hacernos recorrer un nuevo éxodo, de la esclavitud de nuestros pecados, que no nos dejan vivir como personas, hacia la libertad.  

¿Qué significa el desierto en la Biblia? Es el lugar privilegiado para el encuentro con el Señor. En el desierto, Moisés y Elías se encontraron con su Dios; es un lugar de silencio, de meditación, donde no te aturde el ruido, donde no te distrae el parloteo, las tonterías que circulan por las redes sociales. Sólo cuando hay silencio se puede volver a uno mismo para reflexionar, cuestionar el sentido de la vida, lo que realmente importa. En el desierto se relativiza todo lo que es efímero. El desierto es el lugar donde la vida se reduce a lo esencial,donde el agua es agua, no Sprite. El pan es pan, no bizcocho. En el desierto no se carga con lo superfluo; allí nadie es más rico que otro; más o menos todos están al mismo nivel. En el desierto no se acumula y cada uno es dueño de la tierra que pisa en ese momento; cuando da un paso adelante, esa tierra ya no es suya, pertenece a otro.

Nosotros estamos en camino en esta tierra; esto es lo que nos recuerda el desierto: No te aferres a las realidades de este mundo como si fueran el absoluto; estas realidades pasan; es otra la tierra importante, aquella hacia la que te diriges. El desierto no es un lugar donde se vive sino donde se camina hacia un destino, hacia la tierra de la libertad. Y tú, cristiano, eres uno de los que se ha puesto en marcha en esta tierra; ya has dejado la tierra del viejo mundo con el bautismo. Has emprendido este viaje y este viaje no es sencillo, es duro, difícil.

En este camino también tendrás la tentación de volver al libertinaje, al apego a las posesiones, al ansia del tener y del poder, a la moral actual sugerida por los influencers en las redes sociales. Ten cuidado; te sentirás tentado a volver porque sentiste cierta satisfacción.No… Sigue caminando porque vas hacia la verdadera tierra, donde eres verdaderamente libre.

También el desierto es el lugar donde no se camina solo; si caminas solo mueres; caminas al lado de otros; es necesario caminar juntos. Lo experimentamos en nuestras vidas como cristianos. Creo que la prueba más dura para el cristiano de hoy es la percepción de caminar solo para llegar a esta tierra de libertad. Aquí está la importancia de sentirse miembro de una comunidad de caminantes.

Ahora el Bautista nos dice cómo nos preparamos para recibir al Señor que viene también por la forma en que vestimos y la comida que nos alimenta. Escuchemos:

Juan llevaba un manto hecho de pelo de camello, con un cinturón de cuero en la cintura,y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Acudían a él de Jerusalén, de toda Judea y de la región del Jordán, y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

Si leemos el capítulo 1 del Segundo Libro de los Reyes, donde se habla de Elías, encontramos que este profeta vestía como el Bautista. Según la tradición popular, todo el mundo esperaba que, antes de la venida del Mesías, regresara Elías. Sería Elías quien inauguraría el reino mesiánico. Presentando al Bautista vestido como Elías, el evangelista Mateo quiere decirnos que él es el Elías que todo el pueblo espera y que, después de Elías,vendrá el Mesías de Dios. Este es el primer mensaje que se nos da con la referencia al vestido del Bautista. Pero el evangelista Mateo nos dice algo más.

El cinturón en las caderas sirve para mantener la prenda en alto y así poder caminar a un ritmo rápido. Es una referencia al éxodo que nosotros también estamos llamados a hacer: a dejar la tierra de la esclavitud del pecado y caminar hacia el reino de Dios. Y esta vestimenta es de piel, no de tela fina; y el pelo de camello es áspero, no lana. Nos damos cuenta de que todo en el Bautista llama a la austeridad, a lo esencial; ningún interés por las apariencias, por las cosas superfluas, por lo efímero. Jesús también dirá:¿Qué fueron a ver en el desierto? ¿Una caña que se agitaba con el viento, un hombre vestido con ropas suaves? No; quien se viste así está en los palacios de los reyes”.

El mensaje para nosotros: Si perdemos la cabeza en la frivolidad, en lo superficial, si somos esclavos de la moda, no estamos en las mejores condiciones para poder acoger el reino de Dios. En la propuesta del nuevo mundo que Jesús quiere hacernos el tema del vestido no es un tema secundario. La Biblia lo refiere. Apenas fueron creados, los seres humanos intentaron cubrirse con una hoja de higuera Y en el Nuevo Testamento se recuerda la sobriedad y, sobre todo, se describe el vestido que nos hace verdaderamente bellos a los ojos de todos, agradables a los que nos rodean: revestidos de Cristo, brillando con su luz, esplendentes con la luz del amor de Cristo.  

¿Qué pasa ahora en el Jordán? “Acudían a él de Jerusalén, de toda Judea y de la región del Jordán, y se hacían bautizar”. La traducción “acudían” no es correcta. El verbo griego es ἐξεπορεύμαι (exporeumai) que significa salir. Toda Jerusalén, toda Judea, toda aquella región, salió al encuentro del Bautista, que estaba de pie en la orilla oriental del río Jordán.Un poco de contexto. La iglesia que ven allí está naturalmente dedicada al Bautista; está en la parte oriental, en tierra pagana. Ya mencioné que el río Jordán tiene un valor fronterizo entre la tierra pagana y la tierra de la libertad. Este es el lugar donde Josué hizo pasar al pueblo que abandonaba Egipto y, por tanto, la esclavitud, y entraba en la tierra de la libertad, la tierra prometida. ¿Qué sucede ahora con el Bautista? Toda esta gente sale de la tierra que consideraban de la libertad, la tierra en la que debían habitar siempre, la tierra santa, para volver nuevamente a la tierra de la esclavitud.

Es un contra-éxodo’, porque luego el Bautista hará cruzar de nuevo el río Jordán en dirección inversa, dejando atrás para siempre no una tierra santa material sino la verdadera tierra santa: el Reino propuesto por Jesús de Nazaret. En efecto, “se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados”. Observemos que el evangelista Mateo no dice que el bautismo del Bautista purificaba, perdonaba los pecados, no. Simplemente sirvió para que todos reconocieran que estaban en condición de pecadores; es decir, este bautismo pretendíahacer tomar conciencia de que todos estaban en la esclavitud del pecado; tomar conciencia de la necesidad de ser liberados, de salir de esa condición que no es la de hombres verdaderos. Será el bautismo de Jesús el que perdonará el pecado. El bautismo del Bautista sólo significaba una invitación a la conversión y a reconocer la necesidad de ser liberados.

Y ahora se presentan a Juan las personas que están dispuestas a ser bautizadas, pero no para convertirse. Aceptan realizar el rito, pero no cambiar su vida. Entonces el Bautista dice palabras muy duras. Escuchémoslas:

Al ver que muchos fariseos y saduceos acudían a que los bautizara, les dijo: “¡Raza de víboras! ¿Quién les ha enseñado a escapar de la condena que llega? Muestren frutos de un sincero arrepentimiento y no piensen que basta con decir: «Nuestro padre es Abrahán»; pues yo les digo que de estas piedras puede sacar Dios hijos para Abrahán. El hacha ya está apoyada en la raíz del árbol: árbol que no produzca frutos buenos será cortado y arrojado al fuego”.

“¡Raza de víboras!” Son palabras fuertes las que el Bautista dirige a fariseos y saduceos.Nosotros relacionamos inmediatamente la víbora con el veneno mortal que puede inyectar.¿Por qué el Bautista emplea esta imagen? Porque los fariseos y los saduceos son representantes de dos teologías venenosas sobre Dios. Los fariseos predican un Dios justo, que dio la ley y toma nota de los que la observan y los que la transgreden para premiar a unos y castigar severamente a los otros. Los saduceos representan esa teología de Dios que concede sus favores, pero no a todos, sino a aquellos que le ofrecen sacrificios, holocaustos, incienso, oraciones, buenas obras y, por supuesto, estas ofrendas deben pasar por las manos de los sacerdotes del Templo, que son ellos. El Dios de Jesús no será un Dios que conceda sus favores solo a los buenos; los concede a los malos y a los buenos sin distinción porque es amor y no puede hacer otra cosa que amar.

Estas víboras están presentes incluso hoy y hay que tener cuidado con su veneno, el veneno de los que siguen predicando esta falsa imagen de Dios; van al Bautista para ser bautizados, aceptan el rito, pero no quieren convertirse. Para ellos el bautismo es un rito inútil y es por esto por lo que el Bautista es tan duro con ellos; deben abandonar estas convicciones. ¿Qué hacen? Huyen del fuego como hacen las víboras. Si se enciende un fuego, las víborascomienzan a escabullirse para salvarse. Deben saber que se acerca un fuego y tienen miedo, tratan de escapar de este fuego; es el fuego que Jesús introduce en el mundo, el fuego del amor de Dios; y buscan cualquier resquicio para escapar de esta novedad que les obligaría a cambiar radicalmente sus convicciones religiosas y teológicas y cambiar su vida.

¿Cuáles son las escapatorias de antes y también las de hoy? Somos fieles a las tradiciones”; siempre se ha enseñado así, por tanto, es razonable pensar como pensamos y Dios es como lo imaginamos. Siguen con sus convicciones; intentan escapar al fuego de esta Palabra de amor que Jesús introducirá en el mundo y escapar al fuego de la ira de Dios. ¿Qué es esta ira de Dios? En la Biblia se habla continuamente de la ira de Dios y poco de la ira del hombre. La ira es un impulso precioso que todos sentimos y la ha puesto Dios en el corazón. Ante un pobre que está siendo explotado uno experimenta la ira, es decir, un impulso que te lleva a intervenir, a hacer lo que puedas para liberar al pobre de esta injusticia. Si no sientes esta ira, estás enfermo. Esta imagen antropomórfica ha sido aplicada a Dios que intervienecon una ira furiosa. Pero ¿contra quién? No contra la gente; la ira de Dios se desata cuando ve el mal hecho a sus hijos.

Es una imagen que podemos tomar claramente de nuestro mundo: si un padre no siente este impulso cuando se hace el mal a su hijo, está enfermo, es una patología. Los profetas hablan de esta ira de Dios, pero no es más que una imagen para describir su amor visceral,para decir que, cuando ve el peligro que corren sus hijos e hijas por el veneno de la teología de los escribas, de los fariseos, de los saduceos, no permanece indiferente, interviene para salvarlos. Su ira no es el estallido de su rabia porque haya sido ofendido, no. Es la imagen de su amor apasionado. El Dios indiferente es el de los filósofos; el Dios de la Biblia está apasionadamente implicado en la vida de cada persona.

¿Cómo escapar de la ira de Dios? Dice el Bautista: “Muestren frutos de un sincero arrepentimiento”. La conversión y el cambio de vida es la única manera de escapar de la ira de Dios: hacer buenas obras, que son los frutos, la consecuencia, de la conversión; los frutosdel Espíritu mencionados en el capítulo 5 de la Carta de Pablo a los Gálatas. Esta invitación a realizar las obras del Espíritu se dirige más a los cristianos de hoy que a los fariseos y saduceos de la época del Bautista. Se dirige a todos aquellos que se sienten satisfechos y se contentan con estar bautizados. Puede ser una ilusión, como la de los fariseos y saduceos que se sentían bien porque decían: somos hijos de Abrahán, pertenecemos al pueblo elegido, al que están destinadas las bendiciones del Señor. “Y no piensen que basta con decir: «Nuestro padre es Abrahán», dice el Señor. Cuidado con esta ilusión de sentirnos bien porque estamos bautizados, porque Dios puede suscitar hijos suyos incluso de las piedras.

Y luego una amenaza: “El hacha ya está apoyada en la raíz del árbol”. Sabemos que, en la Biblia, Israel es a menudo comparado con una planta que da frutos, una vid, una higuera. Dice el Bautista: si no da bellos frutos (no frutos buenos’, como dice la traducción)todo árbol que no da hermosos frutos es cortado. Esta es la belleza sobre la cual insistimos un poco. Desgraciadamente, muchas veces las traducciones, en lugar de poner ‘bellas’, ponen ‘buenas’ y cambian el significado.

¿Qué espera Dios como fruto? Que haya belleza. Y la teología de los fariseos y los saduceos no produce personas bellas; produce personas egoístas, coléricas, que son como el Dios que imaginan: un Dios que es bueno con los que son buenos y, en cambio, castiga a los que son malos. Se parecen a este Dios muy peligroso. Cuando, en cambio, te adhieres al Dios de Jesús de Nazaret, te vuelves ‘bello’, no te enfadas, no estás tenso, no estás lleno de miedo porque temes los castigos del Señor. Y te lleva a ser tierno, incluso con tus defectos, con tus propias debilidades, y también con las de los demás, porque sabes que Dios te ama y ama a todos con un amor incondicional.

En labios del Bautista, estas palabras son amenazantes. El Bautista pretende decir:Miren que el hacha está colocada en la raíz del árbol que no produce belleza; pero en la boca de Jesús, esta hacha no corta a las personas sino que corta esas ramas improductivas porque en ellas no está presente esa savia del Espíritu que produce belleza. El que está animado por el Espíritu es una persona bella porque es capaz de amar.

Y ahora, Bautista anuncia a aquel que, con su bautismo, inicia el nuevo mundo. Escuchemos:

“Yo los bautizo con agua en señal de arrepentimiento, pero detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno de quitarle sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Ya empuña la horquilla para limpiar su cosecha: reunirá el trigo en el granero, y quemará la paja en un fuego que no se apaga”.

El Bautista invitó a todos a recibir su bautismo, pero era muy consciente de que no era la inmersión en las aguas del Jordán lo que purificaría del pecado. Su bautismo era sólo el signo de la decisión de querer cambiar de vida. Era una preparación para recibir otro bautismo que purificaba realmente del pecado, un bautismo en Espíritu Santo y fuego. Bautizar significa sumergir en este fuego del que habló Jesús cuando dijo: “Vine a traer fuego a la tierra y ¡cómo desearía que ya estuviera ardiendo!”

¿De qué fuego se trata? Es el fuego de su Espíritu; el Espíritu que es la vida divina. Ycuando llega este fuego al mundo, el pecado es destruido. Es el fuego del Espíritu que desciende en Pentecostés. Veamos la diferencia entre los dos bautismos, en el uso que se hace del agua. El agua puede verterse sobre lo externo de las personas o de las cosas, y entonces los lava; pero el agua también puede entrar en el interior de las personas, de las cosas; cuando es absorbida, asimilada por la planta, se convierte en linfa vital. Este es el bautismo de Jesús; no es externo como el del Bautista; es el don de un agua nueva, de una vida nueva, de un corazón nuevo.

Cuando al corazón malvado que está presente en los seres humanos se le da un corazón que razona, piensa, se emociona como el de Dios, entonces nace una nueva humanidad. Es el cumplimiento de la profecía de Ezequiel. Dios que promete por boca del Profeta: “Les daré un corazón nuevo, pondré un nuevo espíritu dentro de ustedes”. Este es el fuego que quema todo el mal y crea el hombre nuevo, el hijo de Dios. Pondré mi Espíritu dentro de ti; los haré vivir según mis preceptos; los haré practicar todas mis leyes. Es decir, ya no serán leyes externas que el hombre debe observar, incluso por temor de ser castigado, no. Será una nueva criatura que tiene al hijo de Dios en su interior, que le llevará a vivir según la vida del Padre celestial.

El Bautista vuelve a pronunciar amenazas: “El que ha de venir ya empuña la horquilla para limpiar su cosecha: reunirá el trigo en el granero, y quemará la paja en un fuego que no se apaga”. El Bautista ciertamente pretendía utilizar estas palabras en el sentido amenazante, es decir, anunciaba que cuando viniera el Señor cortaría por lo sano, limpiaría el mundo de una manera vigorosa. De hecho, cuando se percató de que Jesús era muy tierno y amable con los pecadores, se escandalizó y envió a sus discípulos a preguntarle a Jesús: “¿Te decides o no te decides a hacer desaparecer todo el mal?, Y Jesús dijo: Bienaventurado si no te escandalizas del Mesías de Dios, que sí limpiará con su horquilla, como el Bautista dijo, pero no eliminando a los malvados y pecadores. Cambiando el corazón de todos, los malvados desaparecerían del mundo.

He aquí, pues, cómo las palabras del Bautista interpretadas a la luz de lo que Jesús realizó con su bautismo, con el don de su Espíritu, son verdaderas. Hay limpieza; no son barridos los pecadores, sino eliminado todo el mal que está presente en el corazón del hombre: el egoísmo, el orgullo, los celos, la desconfianza, la violencia en las palabras agresivas y luego en acciones. Esta es la paja que se quema cuando es aceptado el Espíritu traído al mundo por Jesús.

Estamos en Adviento, y todo este pasaje del evangelio sobre el que hemos estado meditando es una invitación a acoger este Espíritu con la certeza de que es más fuerte que todo mal. Esta es la invitación que se nos hace en este tiempo de Adviento: abrir nuestros corazones para acoger a quien viene a darnos esta nueva vida.

Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.

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