VIGILIA PASCUAL
Ciclo Litúrgico: A
Introducción
LIBRES Y RESUCITADOS CON CRISTO
Libres y resucitados con Cristo
“Yo estuve allí”
Liberados y viviendo la Alianza de su Amor
Estructura del Rito. El rito de la Vigilia Pascual integra armoniosamente todos los elementos en una celebración continua que sigue la estructura normal de la celebración eucarística.
La Liturgia de la Luz es como el rito de apertura de la Misa.
La Liturgia de la Palabra es una versión expandida de la acostumbrada Liturgia de la Palabra, de forma que podamos oír cosas bellas sobre Dios, que libera a su pueblo en el Antiguo y en el Nuevo Testamento; aquí colocamos el Gloria después de las lecturas del Antiguo Testamento y antes de las del Nuevo, para subrayar nuestra entrada en la Alianza definitiva de alegría y vida.
Después del Evangelio y de la homilía viene la Liturgia Bautismal en todas partes con la bendición del agua y con la renovación de las promesas bautismales, y en las parroquias, ojalá que con un bautismo real. En el caso del bautismo de un adulto, si el celebrante ha colaborado también en la preparación para el bautismo del candidato, la ley misma le confiere el poder de administrarle también el rito del Sacramento de la Confirmación, sin recurrir al obispo.
Por último viene la Liturgia de la Eucaristía. Se considera que los que participan en ella han cumplido con el Oficio de Lectura para Pascua.
I. Introducción General del Celebrante o del Comentador (Tres opciones)
Nota: Ya que hay una introducción del Celebrante Presidente para cada parte de la celebración de esta noche, un ministro apropiado puede dar la siguiente introducción general al principio del servicio.
1. Libres y resucitados con Cristo
La realidad del misterio total de la Pascua es para nosotros tan asombrosa y real que la tenemos que re-vivir no sólo como un acontecimiento del pasado sino como algo presente y real que nos afecta a nosotros hoy.
Esta noche, pues, celebramos el acontecimiento capital y central para la cristiandad: La liberación del pueblo de Dios de la esclavitud del pecado, de forma que los hombres pueden entrar en la nueva y eterna Alianza por la que Dios, por su propia iniciativa, vincula a su pueblo consigo mismo en una profunda unión de vida y amor.
En favor del pueblo, en el Antiguo Testamento, Dios vio las dificultades que los judíos sufrían en su situación de esclavitud en Egipto, los liberó y selló con ellos la Alianza por medio de Moisés en el Monte Sinaí.
En favor nuestro, como cristianos, Dios vio que éramos esclavos del pecado e incapaces de deshacernos de él. Por eso envió a Jesús, su propio Hijo, para hacernos libres por su muerte en la cruz en el Monte Gólgota y por su resurrección. Ahora somos un pueblo libre, capaz de proveer amor, servicio y justicia. Celebramos esta libertad y esta Nueva Alianza esta misma noche.
Hermanos y hermanas, esto es lo que intentamos re-vivir en esta celebración Pascual. Ésta es nuestra celebración mayor, pues es la celebración de la vida y de la mayor alegría.
2. “Yo estuve allí”
La realidad del misterio total de la Pascua es para nosotros tan asombrosa y real que la tenemos que re-vivir no sólo como un acontecimiento del pasado, sino como algo presente y real que nos afecta a nosotros hoy.
Cuando Jesús murió en la cruz yo estaba allí y lo miré con respeto. Cuando Jesús murió en la cruz y lo enterraron yo estaba allí, y fallecí y fui enterrado con él, porque he sido bautizado en su muerte. Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, allí estaba yo con él, porque surgí con él a la nueva vida del bautismo. Cuando Jesús, como primer nacido de entre los muertos, se nos adelantó a la tierra prometida de la gloria, allí también estaba yo con él y comencé, con todo el pueblo de Dios, mi peregrinación hacia la tierra prometida del cielo y todavía sigo en camino, lleno de esperanza.
Hermanos y hermanas, esto es lo que revivimos en esta celebración pascual. Ésta es nuestra fiesta mayor, la más solemne de todas las celebraciones, porque es la celebración de la vida y de la mayor alegría.
3. Liberados y viviendo la Alianza de su Amor
La realidad del misterio total de la Pascua es tan asombrosa y real para nosotros que la tenemos que re-vivir no solo como un acontecimiento del pasado, sino como algo presente y real que nos afecta a nosotros hoy.
Esta noche, pues, celebramos el acontecimiento capital y central para la cristiandad: La liberación del pueblo de Dios de la esclavitud del pecado, de forma que los hombres pueden entrar en la nueva y eterna Alianza por la que Dios, por su propia iniciativa, vincula a su pueblo consigo mismo en una profunda unión de vida y amor.
En favor del pueblo, en el Antiguo Testamento, Dios vio las dificultades que los judíos sufrían en su situación de esclavitud en Egipto, los liberó, y selló con ellos la Alianza por medio de Moisés, en el Monte Sinaí.
En favor nuestro, como cristianos, Dios vio que éramos esclavos del pecado e incapaces de deshacernos de él. Por eso envió a Jesús, su propio Hijo, para hacernos libres por su muerte en la cruz en el Monte Gólgota y por su resurrección. Ahora somos un pueblo libre, capaz de proveer amor, servicio y justicia. Esta misma noche celebramos esa libertad y esa Nueva Alianza.
Hermanos y hermanas, esto es lo que intentamos re-vivir en esta celebración Pascual. Ésta es nuestra celebración mayor, pues es la celebración de la vida y de la mayor alegría.
II. PRIMERA PARTE: SERVICIO DE LA LUZ
Introducción del Celebrante
Querido Pueblo de Dios: Al principio de la celebración de la Pascua judía el más joven de la familia o del grupo preguntaba: “¿Por qué es esta noche tan diferente de otras noches?”, y el jefe de familia respondía: “Esta noche tenemos una celebración muy especial, porque una vez, hace muchísimos años, éramos esclavos del Faraón de Egipto, pero Dios, el Señor, nos hizo libres y condujo a su pueblo fuera de Egipto con alegría”. Cuando nosotros, los cristianos, nos preguntamos esta noche: “¿Por qué celebramos en la oscuridad de la noche?”, respondemos: “Comenzamos nuestra celebración en la oscuridad, porque una vez éramos esclavos de la oscuridad del pecado, pero el Señor, Jesús, nos ha hecho libres muriendo por nosotros en la cruz. Pero en la noche de Pascua Jesús resucitó de entre los muertos y nos trajo nueva vida, la vida del Resucitado. Allí nos hizo nuevo pueblo escogido de Dios y vino a ser nuestra luz para conducirnos a la tierra prometida”. Por eso encendemos el fuego y el Cirio Pascual mientras cantamos nuestra alabanza y acción de gracias a Dios.
Después se bendice el fuego, se enciende el Cirio Pascual, se hace la procesión a la Iglesia y se canta el Pregón Pascual.
III. SEGUNDA PARTE: LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción del Celebrante
Escuchemos ahora la Palabra de Dios con oídos y corazón abiertos y con gran alegría. Esta noche la Palabra de Dios habla de la liberación del pueblo de Dios, antiguo y nuevo, y por lo tanto, de cómo también nosotros hemos sido liberados por la muerte y resurrección de Jesús.
Nota: Las siete lecturas del Antiguo Testamento pueden reducirse a tres. Pero en tal caso, Éxodo 14, sobre el paso de Israel hacia la Tierra prometida, debería estar siempre entre las seleccionadas. Nosotros, en estos subsidios litúrgicos, hemos seleccionado cuatro de ellas, para dar más opciones.
Introducción antes del Gloria y de la Oración Colecta
Los cirios del altar se encienden ahora, ya que ahora proclamaremos la Palabra de Dios tomada del Nuevo Testamento, en el que Cristo es nuestra luz.
Oración Colecta
Oremos para que, con todo entusiasmo,
sepamos seguir a Cristo, nuestra luz y nuestra vida.
(Pausa)
Señor Dios nuestro:
Tú has iluminado esta noche con la luz gloriosa de Cristo.
Haz que nazcamos con él a una nueva vida,
una vida de amor fiel en la nueva Alianza;
y renuévanos en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu
para que seamos tus hijos e hijas fieles
y te rindamos incondicional servicio,
junto con tu Hijo resucitado,
Jesucristo, nuestro Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c.
R. (cf. 30) Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía;
Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza.
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
R. Bendice al Señor, alma mía.
Sobre bases inconmovibles
asentaste la tierra para siempre.
con un vestido de mares la cubriste
y las aguas en los montes concentraste.
R. Bendice al Señor, alma mía.
En los valles hacer brotar las fuentes,
que van corriendo entre montañas;
junto al arroyo vienen a vivir las aves,
que cantan entre las ramas.
R. Bendice al Señor, alma mía.
Desde tu cielo riegas los montes
y sacias la tierra del fruto de tus manos;
haces brotar hierba para los ganados
y pasto para los que sirven al hombre.
R. Bendice al Señor, alma mía.
¡Que numerosas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con maestría!
La tierra está llena de tus creaturas.
Bendice al Señor, alma mía
R. Bendice al Señor, alma mía.
Segunda Lectura
Resucitados con Cristo
Nosotros logramos participar de la muerte y resurrección de Cristo por medio del bautismo; allí adoptamos la lucha contra el pecado y comenzamos a vivir la vida de Cristo.
Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a él en su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.
Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda libre del pecado.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Aclamación antes del Evangelio
Salmo 117, 1-2. 16ab-17. 22-23
R. Aleluya, aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel:
"Su misericordia es eterna".
R. Aleluya, aleluya.
La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
R. Aleluya, aleluya.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
R. Aleluya, aleluya.
Evangelio
El Señor ha resucitado
Dios se revela a sí mismo con gran poder en la resurrección de Jesús. Es una nueva creación del mundo, comenzando, como la primera creación, el día primero. Las mujeres, los discípulos y nosotros, discípulos hoy, somos ahora testigos de Cristo resucitado.
Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: “No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. Eso es todo”.
Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.
TERCERA PARTE: LA LITURGIA DEL BAUTISMO
Nota: Si no hay bautizos ni se bendice la pila bautismal, las letanías de los santos se omiten, y se hace inmediatamente la bendición del agua, seguida de la renovación de las promesas del bautismo.
Renovación de las Promesas Bautismales
Introducción del Celebrante
Hermanos y hermanas en Cristo: En esta hermosa noche recordamos la muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Muriendo destruyó la muerte para nosotros, resucitando a una nueva vida ha afirmado nuestra propia vida. En el bautismo hemos muerto con él al pecado, pero no hemos ganado todavía todas nuestras batallas contra el mal, y la vida de Dios en nosotros no ha llegado todavía a florecer plenamente. Por eso la Iglesia nos invita ahora a rechazar de nuevo todo lo que va contra la Alianza de amor y, como lo hicimos en el bautismo, prometer vivir conforme a su ley de servicio, bondad y amor. Renovemos, pues, nuestras promesas bautismales.
Oración de los Fieles
Oremos a Dios nuestro Padre, que ha resucitado a Jesús de entre los muertos, y digámosle: R/ Señor, por tu Hijo Resucitado, danos nueva vida.
– Por todos nuestros hermanos que han sido bautizados esta noche, y por todos nosotros, para que permanezcamos fieles a nuestras promesas bautismales en todas las circunstancias de nuestra vida, roguemos al Señor.
– Por todos los que sufren y por los agonizantes, para que su esperanza y fortaleza sea Jesús mismo, quien, a través y más allá de la muerte, ha construido para nosotros un camino de nueva vida, roguemos al Señor.
– Por todos los desalentados y desilusionados en la vida a causa de sus experiencias dolorosas, para que no permanezcan obsesionados por el pasado desagradable sino que esperen con ilusión el futuro con sus nuevas perspectivas y oportunidades, roguemos al Señor.
– Por todos los que se han comprometido a servir atendiendo a las necesidades de los otros, para que mantengan su fe en un mundo mejor en el que paz y justicia no sean palabras vacías sino realidades palpables, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros reunidos aquí en la alegría de la Pascua, para que seamos hombres y mujeres felices y risueños, porque sabemos que Dios nos ama, y también para que irradiemos este amor los unos a los otros, roguemos al Señor.
Oh Dios y Padre nuestro: Tú nos llamas hijos e hijas tuyos y es lo que realmente somos. Haz que cooperemos contigo con gratitud en las obras de tu amor creativo y servicial, y que esperemos con anhelo y con esperanza la felicidad sin fin a nosotros prometida en Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios de vida:
Tú nos reúnes alrededor de esta mesa santa
para celebrar la comida Pascual
de nuestro Señor Jesucristo.
Acepta, con este pan y este vino,
las plegarias y ofrendas de tu pueblo.
Robustece y haz firme nuestra fe,
para que tu Hijo continúe
viviendo en nosotros y llevándonos a ti,
nuestro Dios de vida y amor,
por los siglos de los siglos.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Que nuestra alegría se desborde hoy al dar gracias al Padre por habernos salvado por la muerte y resurrección de Jesús, su Hijo.
Invitación al Padre Nuestro
Ya que somos hijos e hijas del Padre por el bautismo,
que la alegría del Espíritu clame desde dentro de nosotros
con las mismas palabras de Jesús. R/ Padre nuestro…
Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, nuestro Señor resucitado,
que dijo a sus apóstoles,
y nos dice de nuevo a nosotros esta noche:
“Yo soy el Pan de Vida.
Quienes comen mi carne y beben mi sangre
tienen vida eterna y yo viviré en ellos.”
Con esta clara fe, acerquémonos a la mesa del Señor.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre nuestro:
Con inmensa alegría hemos participado
en la Cena Pascual de tu Hijo.
Por su Cuerpo y Sangre nos has asegurado
que estamos destinados a la vida eterna,
y que esta vida está ya desarrollándose en nosotros.
Sigue llenándonos con el Espíritu de tu amor,
para que vivamos en la alegría de tu pueblo santo,
siendo todos uno de mente y corazón por el amor,
y viviendo los unos para los otros, y todos para ti,
nuestro Dios y Padre, por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: ¡Qué experiencia única de alegría si hemos revivido realmente esta noche santa lo que hemos llegado a ser por medio de la resurrección de Jesucristo! Queremos mantenernos viviendo en la esperanza y felicidad de un pueblo que ha resucitado por encima del mal y del pecado y se esfuerza por vivir para favorecer todo lo bueno, justo y bello. Que la bendición de Dios todopoderoso y amoroso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
