VIGESIMOTERCER SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
“¡DICHOSOS USTEDES…!” O “¡AY DE USTEDES…!”.
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor, Dios de ricos y pobres:
Te pedimos que el mensaje de Jesús, tu Hijo,
nos impresione y nos sacuda
de nuestras certezas y seguridades.
Que sepamos usar realmente nuestras riquezas:
bienes materiales, fe, cualidades de mente y corazón,
en servicio de los pobres.
Que el poder que podamos poseer
sea para beneficio de los demás;
que nuestra abundancia sirva para compartirla con los otros
y para liberarnos de nuestra auto-satisfacción;
que nuestra felicidad proporcione consuelo a los hermanos
y les lleve tu alegría, no la nuestra simplemente humana.
Señor, haznos pobres de soberbia, hambrientos de justicia,
llorosos por el mal que hemos causado a otros.
y abiertos a que nos cuestionen
cuando no vivamos de acuerdo con el Evangelio.
Todo esto te lo pedimos
en nombre de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
El cristiano bautizado ha recibido una nueva vida procedente de Dios, y es una persona nueva, re-creada en Cristo. Lo que somos ahora lo hemos recibido como don. De ahora en adelante tenemos que vivir no en nuestro mundo de pensamiento y acción meramente humano, sino en el nuevo mundo de Cristo. Hacer esto no es fácil. Esta nueva vida en Cristo hay que reconstruirla constantemente. Es una tarea que nunca acaba.
Por tanto, si han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios,
piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra.
Porque ustedes están muertos y su vida está escondida con Cristo en Dios.
Cuando se manifieste Cristo, que es vida de ustedes, entonces también ustedes aparecerán con él, llenos de gloria.
La praxis cristiana
Por tanto hagan morir en ustedes todo lo terrenal: la inmoralidad sexual, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y la avaricia, que es una especie de idolatría.
Por todo eso sobrevino la ira de Dios [a los rebeldes].
Así se comportaban también ustedes en otro tiempo, viviendo desordenadamente.
Pero ahora dejen todo eso: el enojo, la pasión, la maldad, los insultos y las palabras indecentes.
No se mientan unos a otros, porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras
para revestirse del hombre nuevo, que por el conocimiento se va renovando a imagen de su Creador.
Por eso ya no tiene importancia ser griego o judío, circunciso o incircunciso, bárbaro o escita, esclavo o libre, sino que Cristo lo es todo para todos.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Alégrense ese día y salten de gozo,
porque su recompensa será grande en el cielo.
R. Aleluya.
Evangelio
La Constitución del Reino de Dios, sus Bienaventuranzas, nos sorprenden porque alteran nuestras previsiones. Dios llama bienaventurados, felices, dichosos, a los que nosotros consideraríamos desgraciados. Y les garantiza la felicidad para siempre… Las Bienaventuranzas son el anclaje más perfecto del mandamiento del Amor, que anida y ha sido vivido por el mismo Dios. Alegrías y lamentaciones según el camino que elijamos andar… Dios, el mismo, inmutable, puro Amor, está del lado de los que, incompletos, quieren hallar en él la plenitud de su ser.
Sermón del llano: dichosos y desdichados
Dirigiendo la mirada a los discípulos, les decía:
Felices los pobres,
porque el reino de Dios les pertenece.
Felices los que ahora pasan hambre,
porque serán saciados.
Felices los que ahora lloran,
porque reirán.
Felices cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y desprecien su nombre a causa del Hijo del Hombre.
Alégrense y llénense de gozo, porque el premio en el cielo es abundante. Del mismo modo los padres de ellos trataron a los profetas.
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos!,
porque ya tienen su consuelo.
¡Ay de ustedes,
los que ahora están saciados!,
porque pasarán hambre.
¡Ay de los que ahora ríen!,
porque llorarán y harán duelo.
¡Ay de ustedes cuando todos los alaben! Del mismo modo los padres de ellos trataron a los falsos profetas.
Oración de los Fieles
– Por los pobres y desplazados. Para que Dios colme sus expectativas y, por la acción comprometida de sus hermanos y hermanas, se vean satisfechas sus necesidades, roguemos al Señor.
– Por los que han sido tomados por su autosuficiencia y egoísmo. Para que Dios cambie sus corazones y los haga capaces de compartir con generosidad, roguemos al Señor.
– Por los que padecen hambre. Para que el Señor mismo les dé el Pan de Vida y nos inspire a nosotros a ayudarlos eficazmente a ganarse su propio pan de cada día, roguemos al Señor.
– Por los que ahora lloran. Para que el Señor los consuele con su Amor, roguemos al Señor.
– Por los que ahora ríen, inmersos en riquezas y placer. Para que el Señor, los haga capaces de reflexión y los lleve a compartir generosamente sus bienes con los hermanos más necesitados, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre de bondad:
Con este pan y este vino
celebramos el sufrimiento y muerte
de tu Hijo Jesucristo.
Enséñanos aquí, con su ejemplo, a comprender
que el sufrimiento y el dolor tienen sentido,
y que incluso la muerte es semilla de vida.
Con humildad,
aceptamos, Señor, este pensamiento luminoso,
y te pedimos que nos inspire en la vida.
Que sepamos aceptarlo también
cuando llega en la forma de una realidad difícil, pero salvadora,
a la luz de la cual intentamos vivir:
Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
La Palabra de tu Hijo
nos ha impresionado,
pero esta eucaristía nos da la fuerza
para aceptar esa Palabra
con mente y corazón abiertos.
Que nuestras riquezas,
en cualquier forma que se presenten,
no nos hagan felices solo a nosotros,
sino también a los demás,
para que haya espacio para la esperanza.
Que experimentemos el peso
de nuestras limitaciones,
para que sigamos sintiendo hambre
de amor, de justicia y libertad.
Danos lágrimas para llorar
porque no nos hemos atrevido a ser
signo tuyo de contradicción en este mundo.
Bendícenos, Señor,
para que te alabemos y bendigamos
a ti y a tu Hijo Jesucristo
ahora y por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Hoy hemos oído: “Bienaventurados y felices son ustedes…”. Lo que Dios quiere es que seamos verdaderamente felices. Él nos deja libres: Somos nosotros quienes tenemos que elegir qué vamos a hacer de nuestras vidas. Que el Señor nos dé el pensamiento recto y la actitud sabia para conseguirlo. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos nosotros y permanezca para siempre.
