VIGESIMOTERCER SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO LUNES
PREDICANDO A CRISTO
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Por medio de tu Hijo Jesucristo
tú nos has revelado tus tesoros de sabiduría y amor.
Su vida y su Evangelio son tan ricos y completos
que nunca podremos agotar su sabiduría.
Que el Evangelio sea una vida y una sabiduría
en las que crezcamos día a día.
Llénanos y cólmanos de Cristo,
para que podamos acelerar la venida de su Reino
en nosotros y en medio de la gente, de cerca y de lejos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
En la Primera Lectura de hoy oímos a San Pablo hablando con convicción y entusiasmo sobre su misión de predicar el Evangelio. Es una tarea gloriosa. Podemos percibir cómo el Evangelio lo satisface plenamente y cómo ha llegado a ser para él lo que únicamente da sentido a su vida. Que Cristo llegue a ser también para nosotros el sentido pleno de nuestra vida y que lo prediquemos con nuestras palabras y con nuestra conducta.
Ministerio de Pablo
Ahora me alegro de sufrir por ustedes, porque de esta manera voy completando en mi propio cuerpo, lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su cuerpo que es la Iglesia.
Por disposición de Dios he sido nombrado ministro de ella al servicio de ustedes, para dar cumplimiento al proyecto de Dios:
al misterio escondido por siglos y generaciones y ahora revelado a sus consagrados.
A ellos quiso Dios dar a conocer la espléndida riqueza que significa ese secreto para los paganos: Cristo para ustedes, esperanza de gloria.
Nosotros lo anunciamos, aconsejando y enseñando a cada uno la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.
Por esta razón trabajo y peleo, con la energía suya que actúa eficazmente en mí.
Quiero que sepan lo que tuve que luchar por ustedes, por los de Laodicea y por tantos que no me conocen personalmente,
para que se sientan animados y unidos en el amor; para que se colmen de toda clase de riquezas de conocimiento y así comprendan el secreto de Dios, que es Cristo.
En él se encierran todos los tesoros del saber y el conocimiento.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor,
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.
Evangelio
En este evangelio, vemos hasta qué punto los escribas y los fariseos se disgustan y enojan con Jesús porque cura a un hombre con la mano paralizada en el Día del Señor. No entienden que la misión de Jesús no se ajusta a prescripciones humanas. El vino a hacer el bien y a donarnos su Amor y su Vida.
Sana en sábado
Otro sábado entró en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los letrados y los fariseos lo espiaban para ver si sanaba en sábado, para tener algo de qué acusarlo.
Él, leyendo sus pensamientos, dijo al hombre de la mano paralizada:
—Levántate y ponte de pie en medio. Él se puso en pie.
Después se dirigió a ellos:
—Yo les pregunto qué está permitido en sábado: ¿Hacer el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?
Después, dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre:
—Extiende la mano.
Lo hizo y la mano quedó sana.
Ellos se pusieron furiosos y discutían qué hacer con Jesús.
Oración de los Fieles
– Señor Jesús, abre nuestra mente y nuestro corazón para que comprendamos tu Evangelio en toda su riqueza, y así lo vivamos y lo comuniquemos a los otros, te pedimos.
– Señor Jesús, que los enfermos y los que sufren reciban el consuelo de tu cruz, que es esperanza cierta de Resurrección y vida nueva, te pedimos.
– Señor Jesús, que nuestras comunidades te entiendan, te amen y estén siempre unidas a ti, te pedimos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Acepta estos dones de pan y vino
como signo de nuestra fe en tu Hijo Jesucristo.
Que vayamos siendo cada vez más pequeños
y que Cristo vaya creciendo más grande en nosotros,
para que reconozcas y ames en nosotros
a tu mismo Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú nos has proclamado
tu Palabra viviente, Jesucristo,
y nos has dado tu Eucaristía como alimento.
Da a esa Palabra viva
una resonancia siempre nueva
en nuestra mente y corazón,
para que nunca nos cansemos de ella
o pensemos que ya la hemos agotado.
Ayúdanos a proclamar con nuestras propias palabras
y con el lenguaje de nuestra vida
lo que hemos oído, creído y entendido.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor.
Bendición
Hermanos: En Cristo se encuentran todos los tesoros de conocimiento y sabiduría. A él es a quien tenemos que proclamar con nuestras vidas. En él tenemos que lograr madurez humana y cristiana. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
