VIGESIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Cuida a tus hermanos heridos

Ciclo Litúrgico: A

Introducción

Saludo
Jesús nos dice hoy:
“Donde dos o tres se reúnan en mi nombre
allí estoy yo en medio de ellos.”
Estamos aquí reunidos en su nombre;
por tanto Jesús está en medio de nosotros.
Qué él permanezca siempre con ustedes.

Introducción del Celebrante
Si realmente nosotros somos la Iglesia, somos una comunidad en torno a Cristo y por tanto somos hermanos los unos de los otros. Esto significa: Nos amamos unos a otros, nos aceptamos y servimos unos a otros, tanto que tenemos el valor de corregirnos unos a otros cuando erramos. Porque esas personas son mi hermano o hermana, ellas son mi preocupación. Oremos con Jesús, el Señor, que está aquí entre nosotros, para que tengamos tal valor, y que ayudemos y aceptemos la ayuda que nos ofrecen para liberarnos.

Acto Penitencial
¿Nos amamos bastante unos a otros,
y amamos bastante al Señor
y a la comunidad,
como para ayudarnos unos a otros
cuando alguno se extravía por mal camino?
Examinémonos ante el Señor.
(Pausa)
Señor Jesús, tú nos haces responsables
del hermano que yerra.
R/Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo Jesús, tú nos haces responsables
de la unidad e integridad de la Iglesia.
R/Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús,
tú nos haces responsables
de la reconciliación, no sólo en la Iglesia
sino también en el mundo en general.
R/Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor;
haznos conscientes de nuestra propia debilidad,
danos el valor de ayudar a los que yerran,
y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Pidamos a Dios nuestro Padre
que sepamos apoyarnos y animarnos unos a otros
en nuestro camino hacia él.
(Pausa)
Señor Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesucristo nos ha reunido
como comunidad de pecadores
que saben que tú nos has perdonado.
Cuando nuestras debilidades amenacen nuestra unidad,
recuérdanos la responsabilidad que tenemos unos con otros.
Que tu Espíritu unificador nos dé fuerza
para preocuparnos unos de otros
y para hacer todo lo que podamos
para permanecer como comunidad viva,
acogedora y que sabe perdonar.
Que en ella sigamos reuniéndonos
en el nombre de Jesús,
para que él esté siempre con nosotros,
ahora y por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Ezequiel 33, 7-9

Guardián de los hermanos
Como el vigía siempre está alerta para avizorar al enemigo, así el profeta debe avisar a su pueblo contra el mal, y cada cristiano debe advertir a su prójimo.

7

 A ti, Hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches palabras de mi boca, les darás la alarma de mi parte.

8

 Si yo digo al malvado: ¡Malvado, eres reo de muerte!, y tú no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre;

9

 pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, y él no cambia de conducta, él morirá por su culpa y tú salvarás la vida.

Salmo Responsorial

Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9

R. (8) Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, lancemos vivas al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva.
Acerquémonos a él, llenos de júbilo,
y démosle gracias.
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, y puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,
pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo,
él nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
"No endurezcan su corazón,
como el día de rebelión en el desierto,
cuando sus padres dudaron de mí,
aunque habían visto mis obras".
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Segunda Lectura

Romanos 13, 8-10

El Amor compendia todos los Mandamientos
“Ámense unos a otros como ustedes se aman a sí mismos.”
Si hacen esto, dice san Pablo, han cumplido la ley, porque el amor es el motivo y el espíritu de todos los Mandamientos.

8

Que la única deuda que tengan con los demás sea la del amor mutuo. Porque el que ama al prójimo ya cumplió toda la ley.

9

De hecho, los mandamientos: no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro precepto, se resumen en éste: Amarás al prójimo como a ti mismo.

10

Quien ama no hace mal al prójimo, por eso el amor es el cumplimiento pleno de la ley.

Aclamación antes del Evangelio

2 Corintios 5, 19

R. Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.

Evangelio

Mateo 18, 15-20

Ayuda a los que se equivocan
El sentido cristiano de responsabilidad de unos para con otros exige que, con firmeza pero con amor, ayudemos a los que yerran. Si uno no tiene éxito en esta acción, que sea la comunidad la que ayude, ya que la Iglesia tiene que ser un lugar de reconciliación.

15

Sobre el perdón

Si tu hermano te ofende, ve y corrígelo, tú y él a solas. Si te escucha has ganado a tu hermano.

16

Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos.

17

Si no les hace caso, informa a la comunidad. Y si no hace caso a la comunidad considéralo un pagano o un recaudador de impuestos.

18

Les aseguro que lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.

19

Les digo también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del cielo se la concederá.

20

Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos.

Oración de los Fieles

Jesús nos dice hoy: Si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, mi Padre del cielo se lo concederá. Así pues, animados por estas palabras de Jesús, oremos juntos a nuestro Padre, y digamos: R/Señor, escucha nuestras súplicas.

– Por la Iglesia de Jesucristo, para que sea siempre un lugar de reconciliación y la guardiana de la vida y de todo lo bueno. Para que sus líderes tengan siempre el valor de llamar al mal por su propio nombre, roguemos al Señor.
– Por todos aquellos que el Señor nos ha confiado: nuestras familias cristianas, nuestros pueblos y ciudades, nuestros compañeros de trabajo, y todas las comunidades. Para que el amor nos inspire a tratarnos unos a otros con franqueza y sinceridad, roguemos al Señor.
– Por los que sufren a causa de la violencia y de la injusticia, del prejuicio, de la discriminación y del odio, para que no se vuelvan amargados, y para que, como víctimas de estas formas de violencia, sean todavía capaces de perdonar de corazón, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros en esta comunidad, para que no nos condenemos ni nos “tachemos de la lista” unos a otros sino que aprendamos a soportar mutuamente nuestros defectos y proteger la reputación de cada uno, roguemos al Señor.

Oh Dios y Padre nuestro, con tu Hijo en medio de nosotros te pedimos: Enséñanos a creer en la bondad de cada persona y a ser pacientes unos con otros, así como tú has sido bueno con nosotros por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
En torno a la mesa de tu Hijo
tú nos reúnes al débil con el fuerte,
al enfermo con el rebosante de salud.
Que tu Hijo nos colme ahora
de la plenitud de su presencia,
para que sepamos aceptarnos unos a otros
y aprender a vivir unos con otros.
Te ofrecemos nuestra buena voluntad
y te pedimos nos des fuerza
para acogernos mutuamente con bondad,
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Recordamos cómo el Padre nos envió a Jesús, su Hijo, cuando, al cometer pecado, habíamos roto nuestra amistad con Dios. Jesús derramó su sangre para devolvernos al Padre. Demos gracias a Dios por su amor.

Introducción al Padre Nuestro
Con Jesús, que está presente en medio de nosotros,
recitemos la oración que él mismo nos enseñó.

Oración por la Paz
Señor Jesucristo, tú dijiste a tus apóstoles:
La paz les dejo, mi paz les doy.
No tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y ayúdanos a no vincular a nuestros hermanos
a sus pecados y errores pasados.
Danos la paz y unidad de tu reino
donde vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Que la paz del Señor esté con ustedes…

Expresemos ahora en nuestro saludo de paz
cómo queremos ser los unos para los otros
Sinceros, amables y dispuestos a perdonar.

Introducción a la Comunión
Éste es Jesús,
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo
y que derramó su sangre en la cruz por nosotros.
Dichosos nosotros,
invitados a este banquete de amor y reconciliación.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía tu Hijo ha estado en medio de nosotros
y nos ha fortalecido con su Cuerpo y Sangre.
Asumió como suyas nuestras heridas del pecado
y las sanó.
Que las heridas de nuestros hermanos lleguen a ser nuestras,
sus alegrías nuestra felicidad.
Que tu Hijo nos enseñe el arte
de atraer a los que yerran a ti y a nuestras comunidades,
sin amargarlos ni humillarlos,
y sin sentimiento de superioridad alguno,
sino simplemente porque son nuestros hermanos
y porque tú has sido bueno con todos nosotros,
en Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Con Jesús en nosotros y entre nosotros, al menos cuando somos conscientes de ello, podemos hacer de nuestra comunidad un lugar donde hablarnos con libertad, donde ayudar a experimentar la contención de la comunidad a los que atraviesan algún problema, donde persuadir a los que se alejaron de que vuelvan, ofreciéndoles el testimonio de un comprometido y genuino amor fraterno. No olvidemos nunca que somos responsables los unos de los otros. Que el Señor nos conceda esta apertura de espíritu y este valor. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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