VIGESIMOSÉPTIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO
LAS PALABRAS SE CONVIERTEN EN ACCIÓN
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo nació a este mundo
de la Bienaventurada Virgen María.
Te alabamos por tu bondad;
pero también te pedimos:
Que tu Hijo nazca en nosotros por la fe,
en nuestras vidas, en nuestras palabras,
en nuestros pensamientos,
en nuestras actitudes
y en todo lo que hacemos.
Y entonces, desde nuestra plenitud,
sepamos compartirlo con los que nos rodean,
ya que el Señor pertenece a todos sin distinción
ahora y por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
El pedagogo de quien habla Pablo hoy era el esclavo encargado de la educación de los hijos de la casa. Ése era precisamente el rol de la ley judía. Pero ahora que Cristo ha venido, ese educador ya no es necesario. Ha llegado la fe y nos ha hecho a todos hijos de Dios, ya seamos judíos o paganos, libres o esclavos, hombre o mujer. Sin ninguna distinción pertenecemos a Cristo.
Entonces, ¿va la ley contra las promesas [de Dios]? De ningún modo. Si hubiéramos recibido una ley capaz de dar la vida, ciertamente por la ley se alcanzaría la justicia.
Pero la Escritura incluye a todos bajo el pecado, de modo que lo prometido se entregue a los creyentes por la fe en Jesucristo.
Esclavos e hijos
Antes de que llegara la fe, éramos prisioneros custodiados por la ley hasta que se revelase la fe futura.
De modo que la ley era nuestro guía hasta que viniera Cristo y fuéramos justificados por la fe;
pero al llegar la fe, ya no dependemos del guía.
Por la fe en Cristo Jesús todos ustedes son hijos de Dios.
Los que se han bautizado consagrándose a Cristo se han revestido de Cristo.
Ya no se distinguen judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos ustedes son uno con Cristo Jesús.
Y si ustedes pertenecen a Cristo, son descendencia de Abrahán, herederos de la promesa.
Salmo Responsorial
R. (8a) El Señor nunca olvida sus promesas.
Entonen en su honor himnos y cantos;
celebren sus portentos.
Del nombre del Señor enorgullézcanse
y siéntase feliz el que lo busca. R.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Recurran al Señor y a su poder
y a su presencia acudan.
Recuerden los prodigios que él ha hecho,
sus portentos y oráculos. R.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Descendientes de Abraham, su servidor;
estirpe de Jacob, su predilecto,
escuchen: el Señor es nuestro Dios
y gobiernan la tierra sus decretos. R.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios
y la ponen en práctica, dice el Señor.
R. Aleluya.
Evangelio
En el evangelio de hoy, una mujer admira a Jesús, y quizás con una pizca de celos, exclama que ciertamente la madre de Jesús tiene que ser una mujer afortunada por tener tal hijo. La respuesta de Jesús va más honda, hacia una maternidad más profunda: La maternidad de los que llevan a Jesús, que es la Palabra viva de Dios, en su corazón y en su vida.
Cuando decía esto, una mujer de la multitud alzó la voz y dijo:
—¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!
Él replicó:
—¡Dichosos, más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!
Oración de los Fieles
– Para que seamos agradecidos al Señor Jesús porque hemos tenido el privilegio de conocerlo y amarlo, roguemos al Señor.
– Para que, con María, roguemos para que la Palabra de Dios se realice en nosotros, roguemos al Señor.
– Para que haya todavía más hombres y mujeres que oigan la Palabra de Dios, a ellos fielmente proclamada, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tus hijos e hijas te suplican
que te dignes darles aquí y ahora,
en esta eucaristía,
a tu propio Hijo Jesucristo.
Que él caldee nuestros corazones,
nos haga semejantes a él,
nos llene con su Espíritu Santo,
para que él llegue a estar
plenamente vivo en nosotros y nosotros en él,
y que, a través nuestro,
su luz brille y disipe las tinieblas de este mundo,
ya que Jesús es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Recréanos de nuevo por medio de tu Palabra
y que Jesús, tu Palabra Viviente,
crezca en nosotros día a día.
Que, juntamente con él,
sigamos dominando nuestra autosuficiencia
y aprendamos de él a revivirlo en los otros
con gestos de amor:
con una mano extendida, un gesto de compasión,
una sonrisa de esperanza
para las personas solitarias.
Que él viva en nosotros ahora
y por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: La Palabra de Dios no es solo y simplemente palabra, sino también acción. Éste es incluso el significado del vocablo “palabra” en el Antiguo Testamento: significa ambas, palabra y acción. Que la Palabra de Dios se convierta en acción en nosotros, acciones de bondad, de amor y servicio. Y que el Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
