VIGESIMOSÉPTIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
HOSPITALIDAD
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios y Padre bondadoso:
Nos has invitado a estar contigo,
a escuchar el mensaje de Jesús, tu Hijo,
y a aceptar de él tu paz y tu amor.
Que sepamos acogerlo de corazón
y que aprendamos de él
a acogerlo también en los hermanos
necesitados de un poquito de calor humano.
Que tus siervos no pasen de largo ante ellos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Pablo afirma que tiene derecho a hablar en nombre de Cristo porque fue Cristo mismo quien le transmitió la Buena Noticia para proclamarla.
Sin duda han oído hablar de mi anterior conducta en el judaísmo: Violentamente perseguía a la Iglesia de Dios intentando destruirla;
en el judaísmo superaba a todos los compatriotas de mi generación en mi celo ferviente por las tradiciones de mis antepasados.
Pero cuando [Dios,] quien me apartó desde el vientre materno y me llamó por su mucho amor, quiso
revelarme a su Hijo para que yo lo anunciara a los paganos, inmediatamente, en vez de consultar a hombre alguno
o de subir a Jerusalén a visitar a los apóstoles más antiguos que yo, me alejé a Arabia y después volví a Damasco.
Pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro y me quedé quince días con él.
De los otros apóstoles no vi más que a Santiago, el pariente del Señor.
En esto que les escribo Dios es testigo de que no miento.
Más tarde me dirigí a la región de Siria y de Cilicia.
Las Iglesias cristianas de Judea no me conocían personalmente;
sólo habían oído contar: el que antes nos perseguía ahora anuncia la Buena Noticia de la fe que en otro tiempo intentaba destruir;
y por mi causa daban gloria a Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 138, 1b-3. 13-14ab. 14c-15
R. (24b) Condúceme, Señor, por tu camino.
Tú me conoces, Señor, profundamente:
tú conoces cuándo me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos,
tú observas mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R.
R. Condúceme, Señor, por tu camino.
Tú formaste mis entrañas,
me tejiste en el seno materno.
Te doy gracias por tan grandes maravillas;
soy un prodigio y tus obras son prodigiosas. R.
R. Condúceme, Señor, por tu camino.
Conocías plenamente mi alma,
no se te escondía mi organismo,
cuando en lo oculto me iba formando
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.
R. Condúceme, Señor, por tu camino.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios
y la ponen en práctica, dice el Señor.
R. Aleluya.
Evangelio
Dios quiere ser nuestro huésped, entrar en nuestra casa, darse a nosotros en su Pan y su Palabra, transformándonos para alojar también en nuestro corazón y en nuestra vida a nuestros hermanos y hermanas.
Marta y María
Yendo de camino, entró Jesús en un pueblo. Una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras;
Marta ocupada en los quehaceres de la casa, dijo a Jesús:
—Maestro, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en los quehaceres? Dile que me ayude.
El Señor le respondió:
—Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas,
cuando una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y no se la quitarán.
Oración de los Fieles
– Para que reconozcamos al Señor en los rasgos de un desconocido o un extraño y lo recibamos como recibiríamos al mismo Jesús, roguemos al Señor.
– Para que acojamos lo mejor que nos ofrecen nuestros hermanos incluso antes de que nosotros compartamos lo mejor de nosotros mismos con ellos, roguemos al Señor.
– Para que seamos siempre personas hospitalarias y acogedoras, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Padre:
Queremos acoger a Jesús, tu Hijo,
en estas ofrendas de pan y vino.
Ábrenos a su Palabra y a su vida.
Prepáranos para recibirlo y encontrarlo
en los que nos rodean
incluso cuando vienen inesperadamente
y de forma distinta a la esperada.
Enriquécenos al compartir
tu regalo más valioso:
Jesucristo mismo nuestro Señor.
Oración después la Comunión
Oh Dios, Señor nuestro:
Tú has venido a nosotros en tu Hijo
para ser nuestro huésped.
Que en nuestra vida de cada día
estemos siempre abiertos
a cualquier hermano en necesidad.
Ayúdanos a reconocerte y a acogerte
en todos los que se acercan a nosotros.
En cada encuentro humano
ofrécenos tu gracia y tu Amor
por medio de Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
y permanece con nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: En esta eucaristía hemos sido los invitados del Señor. Él ha sido muy hospitalario con nosotros, escuchándonos y dirigiéndonos sus cálidas palabras de amistad. Él nos envía ahora a ser, los unos para con los otros, huéspedes y anfitriones. Acojan ahora la bendición del Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
