VIGESIMOPRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
¡HIPOCRESÍA NO!
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios justo y misericordioso:
Tú conoces lo que hay en nosotros.
Perdónanos, porque con frecuencia estamos tan ocupados
que no tenemos tiempo para pararnos, mirar atrás
y ayudar a los que se sienten demasiado cansados
para seguir adelante.
Perdónanos porque muchas veces
condenamos a los demás
sin haber intentado comprenderles.
Que la justicia, la misericordia y el servicio
no sean asunto exclusivo de otros
sino que sean nuestra preocupación y nuestra vida,
motivados por Aquel que nos dijo
que teníamos que buscarlo y acogerlo en los otros,
Jesucristo nuestro Señor
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Dichosos nosotros si podemos decir, con San Pablo, que no hemos hecho nada solo para agradar a la gente, sino que nuestro único propósito es agradar a Dios y cuidar delicadamente de la gente.
Recuerden, hermanos, nuestro esfuerzo y fatiga: noche y día trabajamos para no serles una carga mientras les proclamábamos la Buena Noticia de Dios.
Ustedes son testigos y también Dios del trato santo, justo e irreprochable que mantuvimos con ustedes, los creyentes;
saben que tratamos a cada uno como un padre a su hijo,
exhortándolos, animándolos, exigiéndoles a llevar una vida digna de Dios, que los llamó a su reino y gloria.
Por eso también nosotros damos siempre gracias a Dios, porque, cuando escucharon la Palabra de Dios que les predicamos, la recibieron, no como palabra humana, sino como realmente es, Palabra de Dios, que actúa en ustedes, los creyentes.
Evangelio
Probablemente estamos de acuerdo con la fuerte condena que hace Jesús de la hipocresía de los fariseos. Pero la hipocresía nunca murió: Todavía la tenemos aquí con nosotros hoy. El encalar y blanquear las tumbas es moda hoy todavía, y desde una corrupción inicialmente individual ha penetrado y se ha extendido en la sociedad misma. Los errores del Estado, y los de la Iglesia también, son encubiertos. Se pasan por alto y en silencio las injusticias y la explotación, o bien se las condena en términos tan generales que incluso los opresores están de acuerdo con la condena. Cerramos nuestros ojos, y nuestras conciencias se quedan tranquilas, porque pensamos que no participamos ni contribuimos al mal que continúa activo y destructor. Nuestras acciones no están a la altura ni de nuestras palabras ni de nuestra fe.
¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: por fuera son hermosos, por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda clase de inmundicia!
Así también son ustedes, por fuera parecen honrados delante de la gente, pero por dentro están llenos de hipocresía y maldad.
¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que construyen sepulcros grandiosos a los profetas y monumentos a los justos,
Mientras comentan: Si hubiéramos vivido en la época de nuestros antepasados, no habríamos participado en el asesinato de los profetas.
Con lo cual reconocen que son descendientes de los que mataron a los profetas.
Ustedes, pues, terminen de hacer lo que iniciaron sus antepasados.
Oración de los Fieles
– Por los que dan testimonio de la verdad. Para que el Espíritu Santo ponga en su boca las palabras sabias y justas, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que sepamos hacer nuestro trabajo y cumplir nuestra misión en la vida con toda conciencia y con todo celo, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros, que celebramos la eucaristía. Para que Jesús, el Señor, nos haga personas auténticas y dignas de confianza, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo pagó con su vida
porque no pudieron convencerlo
de abandonar su propósito
de hacer al Pueblo verdaderamente libre en ti;
pero tú lo resucitaste a una vida nueva y eterna.
Al unirnos a él ahora en su sacrificio,
haznos sinceros y comprometidos con él,
en honestidad y en verdad, cueste lo que cueste,
para que podamos superar sin temor
la prueba de tu escrutinio
y vivir en tu luz,
ahora y por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Las palabras de Jesús que hemos oído hoy
eran duras y dirigidas no solamente a otros,
sino también a nosotros,
para que las pongamos en práctica.
Por la fuerza de esta eucaristía
ayúdanos a vivir coherentes con nuestra fe
y a ser honestos con nosotros mismos y con los demás.
Haz que no solamente hablemos de paz y amor,
sino que seamos de verdad hombres y mujeres de paz
y constructores de comunidad por el amor
en y por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: ¡No cedamos nunca a la tentación de intentar aparecer ante los demás mejor de lo que somos, e incluso impresionar al mismo Dios! Pidamos humildemente su bendición. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
