VIGESIMOCUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES
ENCUENTRO DE PERDÓN
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, Padre, lleno de paciencia y amor:
Tú enviaste a tu Hijo en medio de nosotros
para sanar lo que está roto y herido.
Él, con su bondad, tocó profundamente nuestro corazón
y no rompió la caña aplastada.
Perdona, Padre, nuestros pecados.
Que tu Santo Espíritu continúe en nosotros
el trabajo de nuestra conversión
y haznos pacientes y comprensivos
tanto con los que nos quieren
como con los que nos fallan o rechazan.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
En la antigüedad, uno se consideraba supuestamente maduro no antes de los cincuenta años. Timoteo debía tener unos treinta solamente cuando Pablo le escribió su primera carta. Pablo le aconseja desarrollar el carisma que ha recibido en su ordenación por medio de la imposición de las manos. Timoteo tiene que ser un maestro de la palabra de Dios y su vida debe dar testimonio de su fe.
Error: Libro o formato no reconocido: 1 Tim 4,12-16
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Vengan a mí, todos los que están fatigados
y agobiados por la carga, y yo les daré alivio, dice el Señor.
R. Aleluya.
Evangelio
El relato de Lucas del evangelio de hoy nos conecta con una verdad incontrastable: Los que tienen el corazón roto, los que se saben imperfectos y anhelan –como el sediento anhela el agua– un amor verdadero, incondicional y profundo, reconocen más fácilmente en Jesús al Señor de la Vida y se ven esencialmente transformados en sus vidas.
Perdona a la pecadora
Un fariseo lo invitó a comer. Jesús entró en casa del fariseo y se sentó a la mesa.
En esto, una mujer, pecadora pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo, acudió con un frasco de perfume de mirra,
se colocó detrás, a sus pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra.
Al verlo, el fariseo que lo había invitado, pensó: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer lo está tocando: una pecadora.
Jesús tomó la palabra y le dijo:
—Simón, tengo algo que decirte.
Contestó:
—Dilo, maestro.
Le dijo: —Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y otro cincuenta.
Como no podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos lo amará más?
Contestó Simón:
—Supongo que aquél a quien más le perdonó.
Le replicó:
—Has juzgado correctamente.
Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón:
—¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies; ella me los ha bañado en lágrimas y los ha secado con su cabello.
Tú no me diste el beso de saludo; desde que entré, ella no ha cesado de besarme los pies.
Tú no me ungiste la cabeza con perfume; ella me ha ungido los pies con mirra.
Por eso te digo que se le han perdonado numerosos pecados, por el mucho amor que demostró. Pero al que se le perdona poco, poco amor demuestra.
Y a ella le dijo:
—Tus pecados te son perdonados.
Los invitados empezaron a decirse entre sí:
—¿Quién es éste que hasta perdona pecados?
Él dijo a la mujer:
—Tu fe te ha salvado. Vete en paz.
Oración de los Fieles
– Para que la comunidad de la Iglesia, Pueblo de Dios, sea para todos una fuente de paz, de perdón y de reconciliación, y de nuevas oportunidades para el mañana, roguemos al Señor.
– Para que seamos respetuosos y amables al juzgar a otros, conscientes de que cada uno de nosotros necesita también perdón, roguemos al Señor.
– Para que en nuestras familias y comunidades estemos atentos al bien y a las cosas buenas que constantemente se hacen, y no nos desalentemos por nuestras faltas y defectos, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has invitado a encontrarnos con tu Hijo
y a ofrecer con él el sacrificio
que perdona nuestros pecados.
Dispón nuestro corazón para perdonar a los otros
como tú nos perdonas
y para participar, en la mesa eucarística de tu Hijo,
del Pan de unidad y reconciliación.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Padre misericordioso:
En esta eucaristía
tu Hijo Jesús nos ha dicho a nosotros también:
“Tus pecados te son perdonados”
y ha compartido con nosotros la comida que nos reconcilia.
Que todo esto profundice más nuestro amor hacia ti
y nos disponga a extender una mano de perdón y de paz
a los que nos han ofendido
y a los que nosotros mismos hemos herido.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo el Señor.
Bendición
Hermanos: Jesús nos ha dicho a nosotros también su palabra de perdón: “Tus pecados te son perdonados.” Que se pueda decir también de nosotros que en nuestra vida y conducta mostramos un gran amor, tanto a Dios como a nuestro prójimo. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
