VIGESIMOCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
“¡AY DE USTEDES, FARISEOS!”
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús personificaba el cumplimiento perfecto
de la Ley y los Profetas.
Él conocía, enseñaba y vivía
que el cumplimiento de la Ley y de las promesas
consiste en servirte a ti y al pueblo
con justicia y amor.
Queremos que estas dos virtudes
sean las guías de nuestras vidas,
para que, con él, busquemos a los hermanos
y sobre todo a ti,
Dios nuestro viviente por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Pablo advierte a sus discípulos de Roma que no se comporten como paganos, cuya conducta escandalosa acaba él de denunciar. Pero todos están llamados a la conversión, sean de origen pagano o judío, ya que Dios no muestra parcialidad.
El juicio de Dios
Por tanto no tienes excusa, tú que juzgas, seas quien seas; pues al juzgar al otro, tú te condenas; ya que tú haces lo mismo que condenas.
Sabemos que la sentencia de Dios contra los que obran así es justa.
Y tú, que juzgas a los que obran así y haces lo mismo, ¿piensas librarte del juicio de Dios?
¿O desprecias su tesoro de bondad, su paciencia y aguante, olvidando que su bondad quiere conducirte al arrepentimiento?
Con tu cerrazón de mente y tu corazón impenitente estás juntando castigo para el día del castigo, cuando se pronuncie la justa sentencia de Dios,
que pagará a cada uno según sus obras:
Él dará vida eterna a los que perseverando en las buenas obras buscan la gloria, el honor y la inmortalidad.
En cambio castigará con la ira y la violencia a los que por egoísmo desobedecen a la verdad y obedecen a la injusticia.
Habrá angustia y tribulación para todo el que obre mal –primero para el judío, después para el griego–.
Habrá gloria y honor para todo el que obre bien –primero para el judío, después para el griego–.
Porque Dios no hace diferencia entre unos y otros.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.
Evangelio
Es sorprendente cómo Jesús podía curar todas las enfermedades –ceguera, sordera, lepra…– y también recuperar del pecado a los hombres y mujeres conscientes de sus fallos, pero no podía curar a los fariseos y escribas de su ceguera espiritual. Jesús los reprende por vivir tan absortos en los detalles de la ley olvidando la raíz de todas las leyes: la justicia y el amor divinos.
¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de verduras y descuidan la justicia y el amor de Dios! Eso es lo que hay que observar sin descuidar lo otro.
¡Ay de ustedes, fariseos, que buscan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos por la calle!
¡Ay de ustedes, porque son como sepulcros sin señalar, que los hombres pisan sin darse cuenta!
Un doctor de la ley tomó la palabra y le contestó:
—Maestro, al decir eso, nos ofendes.
Jesús contestó:
—¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, que imponen a los hombres cargas insoportables pero ustedes ni siquiera mueven un dedo para llevarlas!
Oración de los Fieles
– Por los misioneros y todos los que proclaman la fe. Para que su estilo de vida sea un fuerte argumento para seguir a Cristo, roguemos al Señor.
– Por todos los profetas en la Iglesia. Para que su encuentro personal con Cristo les dé el poder de hablar sobre lo que es recto y justo, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que no nos preocupemos por la exhibición externa de nuestras buenas obras, sino por lo que realmente importa: honestidad, justicia y amor, roguemos al Señor.
Oración sobre las ofrendas
Señor Dios nuestro:
Nosotros mismos nos ofrecemos hoy a ti
por medio de estos dones de pan y vino
y te pedimos que nos envíes
el Espíritu Santo que procede de ti y de tu Hijo.
Que él transforme estas ofrendas
en el Cuerpo y la Sangre de Jesús
y que guíe nuestras mentes y corazones
para que den frutos de vida: amor, alegría, paciencia y paz,
y todo lo que produce felicidad a tu Pueblo.
Que ojalá sepamos vivir la vida
de Jesucristo nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo ha pronunciado palabras duras,
no exclusivamente dirigidas a los escribas y fariseos del pasado
sino a nosotros hoy.
Que estas palabras nos despierten
de nuestra auto-complacencia
y de nuestra tranquilidad egoísta.
No permitas que nos decepcionemos
ni perdamos nuestro tiempo y esfuerzo
en cosas sin importancia;
haznos absolutamente sinceros
con nosotros mismos y con la gente
Y sobre todo honestos contigo, Dios nuestro,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Creemos en Jesucristo. Lo reconocemos como nuestro Señor y Salvador. Esto nos compromete, por tanto, a practicar justicia y amor a Dios y a nuestro prójimo. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
