VIGESIMASEXTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO

LA ALEGRÍA DE LA LIBERACIÓN

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo envió a sus discípulos
a liberar a la gente de los demonios
que los tenían cautivos.
Te pedimos que nosotros también
consigamos ser liberados:
que seamos libres de la ceguera,
del fatalismo y del miedo
que oscurecen nuestras mentes y corazones;
que seamos libres de nuestras infidelidades
y de nuestra falta de valor para comprometernos,
libres para amar y para servir
con y como Aquel que nos liberó a todos del pecado,
Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Bar 4,5-12.27-29

En el siglo II antes de Cristo, un profeta hace hablar a Jerusalén un mensaje de esperanza y alegría a sus hijos dispersos en la diáspora. Dios los librará de sus infidelidades.

5

Restauración de Jerusalén

¡Ánimo, pueblo mío, que llevas el nombre de Israel!

6

 Los vendieron a los gentiles, pero no para ser aniquilados; porque provocaron el enojo de Dios contra ustedes los entregaron a sus enemigos,

7

 porque irritaron a su Creador sacrificando a demonios y no a Dios;

8

 se olvidaron del Señor eterno, que los había criado, y entristecieron a Jerusalén, que los alimentó.

9

 Cuando ella vio que el castigo de Dios los alcanzaba, dijo: Escuchen, vecinas de Sión. Dios me ha enviado una pena terrible:

10

 vi cómo el Eterno desterraba a mis hijos e hijas;

11

 yo los crié con alegría, los despedí con lágrimas de pena.

12

 Que nadie se alegre viendo a esta viuda abandonada de todos. Si estoy desierta, es por los pecados de mis hijos, que se apartaron de la ley de Dios.

27

 ¡Ánimo, hijos, invoquen a Dios! Que el que los castigó se acordará de ustedes.

28

 Si un día se empeñaron en alejarse de Dios, vuélvanse a buscarlo con renovado empeño.

29

 El que les mandó las desgracias, les mandará el gozo eterno de su salvación.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr Mateo 11, 25

R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.

Evangelio

Lucas 10, 17-24

En el evangelio, los discípulos, y Jesús con ellos, se regocijan porque el pueblo ha sido liberado del poder del maligno en el nombre de Jesús.

17

Vuelven los setenta y dos 

Volvieron los setenta [y dos] muy contentos y dijeron:

—Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían.

18

Les contestó:

—Estaba viendo a Satanás caer como un rayo del cielo.

19

Miren, les he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada los dañará.

20

Con todo, no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo.

21

El Padre y el Hijo 

En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo:

—¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, ésa ha sido tu elección.

22

Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo.

23

Volviéndose aparte a los discípulos, les dijo:

—¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven!

24

Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.

Oración de los Fieles

– Por la Iglesia, para que no esté espiritualmente encarcelada en estructuras de poder y de riqueza sino que llegue a ser cada vez más una Iglesia humilde y servidora, roguemos al Señor.
– Por los médicos, enfermeras, cuidadores y científicos que ayudan a conseguir que los enfermos se sientan libres de las enfermedades que los aquejan, roguemos al Señor.
– Por toda la gente buena y cariñosa que, con actitud de entrega generosa, lleva alegría a la vida de los demás, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios y Padre nuestro:
Tú nos invitas a participar en la mesa de tu Hijo
y a ser libres con él
por estos signos de pan y vino.
Bendícenos en nuestras penas y alegrías,
en nuestras limitaciones
y en nuestras cualidades positivas,
y cambia estos dones en fuentes
de la alegría y la libertad propias de tu Reino
por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor, Dios y Padre nuestro:
Por el poder liberador de tu Hijo Jesucristo
haznos capaces de llevar tu libertad y tu dignidad
incluso a los más pequeños
de nuestros hermanos y hermanas.
Danos conciencia de que no podemos ser plenamente libres
mientras alguno de los que tú amas
no sea totalmente libre
para ser de verdad hijo tuyo
gracias al poder liberador
de nuestro Hermano, Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Los discípulos enviados por Jesús a predicar y curar regresaron llenos de alegría porque habían ayudado a mucha gente a ser personas más libres, liberadas del poder del mal. Que nosotros también logremos ser más libres, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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