VIGESIMASEXTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES
PALABRA DE DIOS y COMUNIDAD
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Pronuncias tu Palabra
y ella nos desafía a responderte.
Pronuncias tu Palabra
y ella reúne
a los que están dispuestos a escuchar.
Que tu Palabra nos edifique
como una comunidad que te responda con lealtad
y esté deseosa de seguir a tu Palabra Viva,
encarnada y hecha hombre:
Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
En la primera lectura de hoy, nos introducimos en la Fiesta de los Tabernáculos, que originariamente celebraba las cosechas de trigo y de vendimia y se convirtió en memoria del Éxodo y renovación de la Alianza. En ella los israelitas escuchaban la palabra de Dios, fuente de alegría que sacudía sus corazones y los ayudaba a edificar la comunidad.
Lectura de la Ley
Entonces todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que se abre ante la Puerta del Agua, y pidió a Esdras, el letrado, que trajera el libro de la ley de Moisés, que Dios había dado a Israel.
El sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era a mediados de septiembre.
En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la ley.
Esdras, el letrado, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. A su derecha se encontraban Matitías, Sema, Anayas, Urías, Jelcías y Maseyas; a su izquierda, Fedayas, Misael, Malquías, Jasún, Jasbadana, Zacarías y Mesulán.
Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –ya que se encontraba en un puesto elevado–, y cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie.
Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: Amén, amén. Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.
Los levitas Josué, Baní, Serebías, Yamín, Acub, Sabtay, Hodiyías, Maseyas, Quelitá, Azarías, Yozabad, Janán y Felayas explicaron la ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos.
Leían el libro de la ley de Dios traduciéndolo y explicándolo para que se entendiese la lectura.
El gobernador Nehemías, el sacerdote y letrado Esdras y los levitas que instruían al pueblo, viendo que la gente lloraba al escuchar la lectura de la ley, le dijeron: –Hoy es un día consagrado al Señor, su Dios. No estén tristes ni lloren.
Después añadió: –Ya pueden retirarse, coman bien, beban vinos generosos y envíen porciones a los que no tienen nada, porque hoy es día consagrado a nuestro Dios. No ayunen, que al Señor le gusta que estén fuertes.
Los levitas serenaban al pueblo, diciendo: –¡Tranquilícense! Este día es santo; no estén tristes.
El pueblo se fue, comió, bebió, envió porciones y organizó una gran fiesta, porque había comprendido lo que le habían explicado.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor;
arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
R. Aleluya.
Evangelio
Cuando Jesús envía a sus misioneros a evangelizar a los pobres, él quiere que sean, como él, pobres entre los pobres.
Misión de los setenta y dos
Después de esto designó el Señor a otros setenta [y dos] y los envió por delante, de dos [en dos], a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir.
Les decía:
—La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha.
Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos.
No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie.
Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa.
Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes.
Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa.
Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan.
Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes.
Si entran en una ciudad y no los reciben, salgan a las calles y digan:
Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos y se lo devolvemos. Con todo, sepan que ha llegado el reino de Dios.
Les digo que aquel día la suerte de Sodoma será menos rigurosa que la de aquella ciudad.
Oración de los Fieles
– Por los que proclaman la palabra de Dios. Para que, imbuidos plenamente de ella, la proclamen con convicción y ardor, roguemos al Señor.
– Por los que escuchan la palabra de Dios. Para que la acojan gozosamente y la atesoren en sus corazones, dando frutos palpables de justicia, paz y amor, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que la palabra de Dios nos dé una más profunda percepción de nuestra fe, de modo que vivamos realmente de acuerdo con lo que creemos y profesamos, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Háblanos, por medio de este pan y vino,
con tu Palabra Viva, que es Jesucristo mismo.
Parte para nosotros el pan de fortaleza
y sírvenos el vino que desate nuestras lenguas,
para que, con nuestras vidas,
podamos proclamar bien alto
el mensaje de esperanza y alegría del Evangelio.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Habla, Señor, que tus siervos escuchan.
Habla y revélanos quién eres tú
y qué esperas de nosotros.
Háblanos en los acontecimientos de la vida
y en la gente que encontramos en derredor.
Háblanos en el silencio de nuestro vacío interior
y de nuestra aparente ausencia.
Y tranquiliza nuestros corazones
para que podamos oírte y responderte fielmente
con la fuerza de Jesucristo mismo,
tu Hijo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Una comunidad vive por la palabra de Dios. La Palabra es su alma y su corazón. La Palabra convoca a los miembros de la comunidad, los inspira y los envía a compartirla con otros. Que ojalá sepamos escuchar siempre con atención y entusiasmo la Palabra. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos nosotros y permanezca siempre.
