VIGÉSIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO LUNES
SE MARCHÓ TRISTE
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Estamos deseosos de seguir a tu Hijo
a dondequiera nos lleve,
pero no si tenemos que renunciar
a nuestros pequeños o grandes apegos
a cosas o a personas.
Oh Dios, danos la mentalidad de tu propio Hijo
y su Espíritu de valor y entrega,
para que con Jesús no temamos las consecuencias
de entregarnos a tu Pueblo y a ti.
Sé tú nuestro único Dios y nuestro todo en la vida,
ahora y por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Dios no permite a Ezequiel llorar la muerte de su esposa. Ésta es una acción simbólica que prefigura lo que habrá de acontecer cuando el templo de Jerusalén sea destruido, cuando mucha gente muera durante la destrucción total de la ciudad y los que sobrevivan huyan al destierro: No quedará ya nadie para llorar la tragedia.
Muerte de la esposa Me dirigió la palabra el Señor:
–Hijo de hombre, voy a arrebatarte repentinamente el encanto de tus ojos; no llores ni hagas duelo ni derrames lágrimas;
laméntate en silencio como un muerto, sin hacer duelo; colócate el turbante y cálzate las sandalias; no te cubras la cara ni comas el pan del duelo.
Por la mañana yo hablaba a la gente, por la tarde se murió mi mujer y a la mañana siguiente hice lo que se me había mandado.
Entonces me dijo la gente: ¿quieres explicarnos qué nos anuncia lo que estás haciendo?
Les respondí: Me dirigió la palabra el Señor:
Dile a la casa de Israel: Esto dice el Señor: Mira, voy a profanar mi santuario, del que están tan orgullosos, el encanto de sus ojos, el tesoro de sus almas. Los hijos e hijas que dejaron caerán a espada.
Entonces harán lo que yo he hecho: no se cubrirán la cara ni comerán el pan del duelo;
seguirán con el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies, no llorarán ni harán duelo; se consumirán por su culpa y se lamentarán unos con otros.
El profeta mudo Ezequiel les servirá de señal: harán lo mismo que él ha hecho. Y cuando suceda sabrán que yo soy el Señor.
Salmo Responsorial
Deuteronomio 32, 18-19. 20. 21
R. (cf. 18a) Abandonaron a Dios, que les dio la vida.
Abandonaron a Dios, que los creó
y olvidaron al Señor, que les dio la vida.
Lo vio el Señor, y encolerizado,
rechazó a sus hijos e hijas. R.
R. Abandonaron a Dios, que les dio la vida.
El Señor pensó: “Me les voy a esconder
y voy a ver en qué acaban,
porque son una generación depravada,
unos hijos infieles. R.
R. Abandonaron a Dios, que les dio la vida.
Ellos me han dado celos con un dios que no es Dios
y me han encolerizado con sus ídolos;
yo también les voy a dar celos con un pueblo que no es pueblo
y los voy a encolerizar con una nación insensata”. R.
R. Abandonaron a Dios, que les dio la vida.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
R. Aleluya.
Evangelio
Seguramente el joven del evangelio de hoy nos da lástima por no tener el valor de renunciar a su riqueza por un bien superior. Era un joven recto, lleno de buena voluntad, deseoso de una vida más allá de la mediocridad y de la autosatisfacción. Sin embargo, cuando Jesús lo llama y lo desafía, no tiene el coraje de renunciar voluntariamente a sus posesiones para ser totalmente feliz. Pero ¿somos acaso nosotros mejores que él? ¿Estamos dispuestos a compartir lo nuestro, hasta que duela, también a costa de nosotros mismos?
El joven rico
Luego se le acercó uno y le dijo:
—Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna?
Jesús le contestó:
—¿Por qué me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el bueno. Si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos.
El joven le preguntó:
—¿Cuáles?
Jesús le dijo:
—No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no perjurarás,
honra a tu padre y a tu madre, y amarás al prójimo como a ti mismo.
El joven le dijo:
—Todo eso lo he cumplido, ¿qué me queda por hacer?
Jesús le contestó:
—Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme.
Al oírlo, el joven se fue triste, porque era muy rico.
Oración de los Fieles
– Por las personas que sienten gran dificultad en compartir sus riquezas. Para que el Señor abra sus ojos y su corazón a las necesidades de sus hermanos, roguemos al Señor.
– Por los que oyen que el Señor los llama a vocaciones especiales de entrega y servicio en la Iglesia. Para que sepan responder generosamente a ese llamado y luego perseveren fielmente en su respuesta, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que sepamos apreciar los dones de Dios con sincera gratitud y los pongamos al servicio del bien común, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios nuestro:
En este pan y este vino
acogemos a tu Hijo en medio de nosotros.
Que, al ponerse él mismo en nuestras manos,
enteramente y sin retener nada para sí,
nos dé la fuerza para seguirlo hasta el fin,
sin mirar atrás y sin considerar los sacrificios,
porque él es nuestro Dios y Señor
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Dios y Señor nuestro:
Tú has saciado nuestra hambre espiritual,
hambre de alimento perenne.
Que ésta sea hambre de ti,
de la vida en su plenitud;
hambre que no se pueda acallar.
Danos el valor de sacrificar todo
por Jesús y su Evangelio,
para que, con él, te demos
no solo lo mejor que tenemos,
sino todo nuestro ser, nuestro todo,
por el poder de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: El joven del evangelio preguntó a Jesús: “¿Qué me falta?” Quizás nosotros pensemos, de buena fe y sin vanagloriarnos, que hemos hecho mucho por el Señor. Pero cabe preguntarnos: ¿Nos hemos dado a nosotros mismos? ¿Qué hay ahí en nosotros a lo que no hemos renunciado todavía? Que Dios todopoderoso los bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
