VIERNES SANTO
Ciclo Litúrgico: A,B,C
Introducción
CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
El Siervo Sufriente vence
El grito de todos los crucificados
“Todo se ha cumplido”
Introducción
El Siervo Sufriente vence
Estamos aquí para recordar con veneración la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Él está ante nosotros como el hombre de dolores, insultado, torturado, desfigurado, aplastado, finalmente muerto en una cruz con la muerte vil de un criminal. Sin embargo, al pie de la cruz, no estamos lamentándonos por un hombre cuya vida fue un fracaso, ya que para nosotros la cruz es signo de victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Creemos que él es Hijo del mismo Dios, resucitado de entre los muertos y vivo en medio de nosotros. Ésta no es una mera historia acerca del pasado, ya que la Pasión y muerte de Jesús continúa todavía hoy en la gente y en los pueblos que sufren, en los pobres, en los hambrientos, en los drogadictos, en las víctimas de la guerra, en todos los que son crucificados de cualquier manera. Pero también creemos que Cristo resucita hoy en cristianos que luchan contra el pecado y contra el mal, en los que llevan esperanza y alegría a sus hermanos. Este es el modo cómo estamos unidos con nuestro Señor hoy, Viernes Santo.
El grito de todos los crucificados
Viernes Santo: Día bueno y santo para nosotros, pero humillante para Jesús. En su Pasión y muerte, parece que Dios está reducido al silencio. Pero hoy no lloramos por alguien que murió. Hoy alzamos los ojos al Jesús que murió para darnos vida. Su muerte significa la victoria de la vida sobre la muerte, porque percibimos la muerte de Jesús a la luz de su resurrección y como el principio de nuestra vida resucitada. La muerte queda derrotada. Por eso alzamos los ojos a un Cristo resucitado. En el grito de Jesús en la cruz oímos no solo el grito desesperado de todos los que han sido crucificados en sus vidas, sino también su grito de esperanza: ellos y nosotros venceremos con Jesús a todo el mal.
“Todo se ha cumplido”
Justamente antes de su muerte en la cruz, Jesús dice: “Todo se acabó” o “Todo se ha cumplido”. ¿Qué es lo que “se acabó y está cumplido”? Se acabó su tortura en la cruz, su vida terrena y su tarea en el mundo. Cumplida queda en él la voluntad del Padre y su misión de traer perdón y vida a los hombres. Todo está cumplido por lo que respecta a la misión de Jesús en la tierra, y estamos seguros de que el mal nunca triunfará de nuevo sobre él: La victoria final pertenece a Dios. Pero… lo que todavía no está cumplido es el sueño de Dios para los hombres: el reino de justicia, fraternidad, compasión y amor aquí en la tierra. Porque somos nosotros, los discípulos de Jesús, los que tenemos que cumplir esa tremenda tarea inacabada. Tenemos que acoger al Espíritu de Jesús para que lleve a cabo esa misión en nosotros y con nosotros. Mientras haya hermanos que sufren de hambre e injusticia, ellos están añadiendo lo que faltaba al sufrimiento de Jesús, y nosotros, los discípulos, tenemos que eliminar esos males. Esta celebración de la Pasión del Señor nos recuerda esta tremenda misión, de forma que podamos ayudar a nuestros hermanos a resucitar con él.
Oración Colecta
Oremos a Dios el Señor
para que nos haga hombres y mujeres nuevos
a imagen y semejanza de su Hijo querido, Jesús.
(Pausa)
Oh Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
tu querido Hijo Jesús se hizo uno de nosotros.
Nacido de la Virgen María,
fue como nosotros en todo, menos en el pecado.
Por el sufrimiento de su Pasión
tú nos salvas de la muerte que merecemos
por ser co-responsables del mal y del pecado
en nosotros y en el mundo.
Que su sufrimiento no haya sido en vano.
Llénanos con la vida y la gracia
que ganó para nosotros en la cruz,
y ayúdanos a imitarlo y ser semejantes a él,
nuestro Señor resucitado
que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Jesús tomó nuestras desgracias sobre sí
Siempre es difícil aceptar el sufrimiento; y éste siempre será un misterio. Sin embargo es a través del sufrimiento cómo el Siervo Sufriente de Dios ganó su victoria sobre el mal y sobre el pecado. El sufrimiento es parte de la vida y una fuente de vitalidad, en nosotros igual que en Jesús, el Siervo Sufriente.
He aquí que mi siervo prosperará,
será engrandecido y exaltado,
será puesto en alto.
Muchos se horrorizaron al verlo,
porque estaba desfigurado su semblante,
que no tenía ya aspecto de hombre;
pero muchos pueblos se llenaron de asombro.
Ante él los reyes cerrarán la boca,
porque verán lo que nunca se les había contado
y comprenderán lo que nunca se habían imaginado.
¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado?
¿A quién se le revelará el poder del Señor?
Creció en su presencia como planta débil,
como una raíz en el desierto.
No tenía gracia ni belleza.
No vimos en él ningún aspecto atrayente;
despreciado y rechazado por los hombres,
varón de dolores, habituado al sufrimiento;
como uno del cual se aparta la mirada,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo tuvimos por leproso,
herido por Dios y humillado,
traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Él soportó el castigo que nos trae la paz.
Por sus llagas hemos sido curados.
Todos andábamos errantes como ovejas,
cada uno siguiendo su camino,
y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca,
como un cordero llevado a degollar;
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron.
¿Quién se preocupó de su suerte?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo,
le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte,
aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.
Cuando entregue su vida como expiación,
verá a sus descendientes, prolongará sus años
y por medio de él prosperarán los designios del Señor.
Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará;
con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos,
cargando con los crímenes de ellos.
Por eso le daré una parte entre los grandes,
y con los fuertes repartirá despojos,
ya que indefenso se entregó a la muerte
y fue contado entre los malhechores,
cuando tomó sobre sí las culpas de todos
e intercedió por los pecadores.
Salmo Responsorial
Salmo 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25
R. (Lucas 23, 46) Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo:
que no quede yo nunca defraudado.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
y tú, mi Dios leal, me librarás.
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Se burlan de mí mis enemigos,
mis vecinos y parientes de mí se espantan,
los que me ven pasar huyen de mí.
Estoy en el olvido, como un muerto,
Como un objeto tirado en la basura.
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Pero yo, Señor, en ti confío.
Tú eres mi Dios,
y en tus manos está mi destino.
Líbrame de los enemigos que me persiguen.
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo
y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes y valientes de corazón,
Ustedes, los que esperan en el Señor.
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Segunda Lectura
Jesús sintió nuestras debilidades y las asumió para redimirlas
Jesús sufrió por nosotros para salvarnos. Desde su muerte y resurrección, quienquiera que sufra puede unir sus propias penas a los dolores de Jesús y participar de su victoria sobre el mal.
Hermanos: Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo. Mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado. Acerquémonos, por lo tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno.
Precisamente por eso, Cristo, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Introducción del Celebrante para la Oración Universal
Reunidos todos nosotros al pie de la cruz, rogaremos ahora por las grandes necesidades de la Iglesia y del mundo, ya que nos acordamos hoy de que Jesús dio su vida para que todos sean salvados y reunidos en su Cuerpo, la Iglesia.
Introducción del Celebrante al Rito de veneración de la Cruz
Vamos a venerar ahora la cruz del Señor. Quizás parezca bastante extraño, pero venerar la cruz no significa, aun en este Viernes Santo, llorar la muerte de Jesús. Es cierto, estamos tristes y afligidos porque nuestros pecados causaron su muerte; sin embargo hoy aclamamos y besamos la cruz como el signo de la victoria de Jesús sobre el pecado y sobre la muerte, y, por lo tanto, la cruz se convierte para nosotros en el signo de nuestra liberación. Jesús resucitó de entre los muertos y está vivo y resucitado. Por tanto, nosotros podemos resucitar espiritualmente y estar vivos para el perdón y la alegría, para la vida y la esperanza.
Introducción al Rito de Comunión
Ante nosotros yace el cuerpo destrozado
de nuestro Señor Jesucristo.
Él no vivió para sí; tampoco murió para sí.
Vivió y murió por y para nosotros.
Él mismo nos invita ahora
a tomar y comer su Cuerpo en su memoria,
a compartir su Pasión y muerte
y a resucitar con él
a una vida cristiana más profunda.
Él nos invita también
a partir y compartir el pan unos con otros.
Oremos ahora con Jesús a nuestro Padre del cielo:
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y danos la paz en nuestros días.
Por tu misericordia, guárdanos libres de pecado
y renueva con nosotros tu Alianza
por el amor con el que tu Siervo Sufriente
murió hoy en la cruz por nosotros,
con la alegre esperanza de resucitar de nuevo
como nuestro glorioso Salvador Jesucristo.
R/ Porque tuyo es el reino…
Invitación a la Comunión
Así dice el Señor:
Si el grano de trigo no se entierra,
permanece un solo grano;
pero si muere, produce abundante fruto.
(Alzando la hostia)
Éste es el Cuerpo de nuestro Señor
que murió en la cruz
para ser nuestra fuente de vida.
Dichosos nosotros invitados
a la Cena de la vida y del perdón.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre misericordioso:
Te damos gracias por amarnos tanto
que entregaste a tu único Hijo Jesucristo
para regenerarnos con nueva vida
por su muerte y triunfante resurrección.
Continúa dándonos la fuerza
para vencer en nuestras luchas
contra el pecado y el mal;
y para llevar nuestras cruces en la vida
junto con tu Hijo.
Haz que creamos firmemente
que tú quieres que vivamos una vida nueva
y que te prestemos siempre fiel y dedicado servicio.
Ayúdanos a darnos generosamente unos a otros
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Oración de Bendición sobre el Pueblo
Señor Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Bendice a tu pueblo reunido aquí ante ti,
en este Viernes Santo.
Que tu Hijo no haya muerto por nosotros en vano.
Envíanos a nuestros hogares con la certeza
de que nuestros pecados están perdonados,
de que podemos vencer el mal
y de que la muerte no es el final de todo.
Danos a tu Hijo glorioso y resucitado
como nuestro compañero en el camino de la vida,
para que nos ayude a crecer en tu vida eterna
y para dar testimonio a todo el mundo
de que él vive entre nosotros
como nuestro Señor y Salvador,
por los siglos de los siglos.
