VIERNES DESPUÉS DEL MIÉRCOLES DE CENIZA
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
¿POR QUÉ AYUNAR?
Oración Colecta
Señor de la Alianza:
No tenemos por qué temer tu juicio
si, como tú, llegamos a ser ricos en misericordia
y llenos de compasión hacia nuestro prójimo.
Que no solamente conozcamos lo que nos exiges,
sino que lo practiquemos con corazón sincero,
compartiendo nuestro pan con el hambriento
y soltando las ataduras de la injusticia
para que tu luz brille por medio de nosotros
y tu curación se extienda por todas partes.
Permanece con nosotros
mostrándonos siempre tu bondad.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
El pueblo de Dios, en el Antiguo Testamento, pregunta: “¿Para qué ayunar?”. Dios no parece estar cerca cuando ayunan. El profeta los instruye: el verdadero ayuno consiste en practicar la justicia y en amar.
Esto dice el Señor:
“Clama a voz en cuello y que nadie te detenga.
Alza la voz como trompeta.
Denuncia a mi pueblo sus delitos,
a la casa de Jacob sus pecados.
Me buscan día a día y quieren conocer mi voluntad,
`como si fuera un pueblo que practicara la justicia
y respetara los juicios de Dios.
Me piden sentencias justas
y anhelan tener cerca a Dios.
Me dicen todos los días:
‘¿Para qué ayunamos, si tú no nos ves?
¿Para qué nos mortificamos, si no te das por enterado?’
Es que el día en que ustedes ayunan
encuentran la forma de hacer negocio
y oprimen a sus trabajadores.
Es que ayunan, sí, para luego reñir y disputar,
para dar puñetazos sin piedad.
Ése no es un ayuno que haga oír en el cielo la voz de ustedes.
¿Acaso es éste el ayuno que me agrada?
¿Es ésta la mortificación que yo acepto del hombre:
encorvar la cabeza como un junco
y acostarse sobre saco y ceniza?
¿A esto llaman ayuno y día agradable al Señor?
El ayuno que yo quiero de ti es éste, dice el Señor:
Que rompas las cadenas injustas
y levantes los yugos opresores;
que liberes a los oprimidos
y rompas todos los yugos;
que compartas tu pan con el hambriento
y abras tu casa al pobre sin techo;
que vistas al desnudo
y no des la espalda a tu propio hermano.
Entonces surgirá tu luz como la aurora
y cicatrizarán de prisa tus heridas;
te abrirá camino la justicia
y la gloria del Señor cerrará tu marcha.
Entonces clamarás al Señor y él te responderá;
lo llamarás y él te dirá: ‘Aquí estoy’ ”.
Salmo Responsorial
R. (19b) A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti sólo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento,
y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Busquen el bien y no el mal, para que vivan,
y el Señor estará con ustedes.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
En el evangelio de hoy, los discípulos de Juan, que ayunaban, preguntan a los discípulos de Jesús por qué no lo hacían. Jesús responde que él ha venido, y está con sus discípulos. Por eso ellos no necesitan ayunar, sino que se regocijan y celebran a “Dios-con-nosotros”.
En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán”.
Oración de los Fieles
Señor Jesús, esta comunidad reunida te ruega nos despiertes para que experimentemos el gozo de tu Presencia. Por eso te pedimos: R/Queremos alabarte en nuestros hermanos, Señor.
Por la Iglesia y por todos sus miembros, para que nos preocupemos seriamente de que nadie sea pisoteado o explotado, roguemos al Señor.
Por los líderes de las naciones, para que lleven la justicia a sus pueblos y cuiden especialmente a los más vulnerables, roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que tengamos ojos, oídos y corazón para amar especialmente a los invisibilizados, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios misericordioso y compasivo:
Tú nos has invitado al banquete de tu Hijo,
para que aprendamos de él
a compartir nuestro alimento, y a nosotros mismos,
con cualquier necesitado.
No permitas que nunca nos olvidemos
de lo bueno que has sido tú con nosotros
y cómo ves con agrado que Jesús nos levante
de nuestra codicia egoísta.
Que su amor crezca y brille entre nosotros,
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios misericordioso:
Te estamos buscando
y queremos estar cerca de ti.
Acepta nuestra acción de gracias
porque nos permites encontrarte
en la Palabra viva e interpelante de Jesús
y en la Eucaristía, en la que se nos da
como nuestro alimento y bebida de vida y alegría.
Haz que sepamos llevarlo
especialmente a los que sufren
y a los viven en angustia y necesidad.
Que sea éste el camino por el que encontremos
curación y compasión,
por Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Jesús quiere permanecer con nosotros como fuente de nuestra vida y de nuestra alegría. Que sepamos reconocer su presencia entre nosotros en los débiles y afligidos y en las víctimas de injusticia. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
