TRIGESIMOTERCER SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
“TENGO QUE ALOJARME EN TU CASA”
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios misericordioso y compasivo:
Tú sabes con qué frecuencia nuestro fervor se enfría,
y qué pobres de corazón somos a veces
cuando nos sentimos ricos, autosuficientes
y seguros de ti.
Te pedimos, Padre, que sepamos encontrar de nuevo a tu Hijo
en lo más profundo de nuestros corazones;
ayúdanos a buscarlo sinceramente
para que su presencia nos transforme
y para que él viva realmente en medio de nosotros.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Juan reprende e increpa a los cristianos de Sardes y Laodicea porque han abandonado su fervor inicial y necesitan convertirse. Las duras palabras que les dedica llegan a nuestros oídos, y nos interpelan también a nosotros hoy: Porque no somos fríos ni calientes nos vomitará de su boca…
A la Iglesia de Sardes
Al ángel de la Iglesia de Sardes escríbele: Así dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras: pasas por vivo y estás muerto.
Vigila y robustece el resto que todavía no ha muerto; porque no encuentro tus obras justas a juicio de mi Dios.
Recuerda lo que recibiste y escuchaste: obsérvalo y arrepiéntete. Si no estás en vela, vendré como un ladrón, sin que sepas a qué hora llegaré.
Con todo, tienes en Sardes unos cuantos que no han contaminado sus vestiduras. Vestidos de blanco se pasearán conmigo, porque son dignos.
También el vencedor se vestirá de blanco y no borraré su nombre del libro de la vida; lo confesaré ante mi Padre y ante mis ángeles.
El que tenga oídos escuche lo que dice el Espíritu a las Iglesias.
A la Iglesia de Laodicea
Al ángel de la Iglesia de Laodicea escríbele: Así dice el Amén, el testigo fidedigno y veraz, el principio de la creación de Dios.
Conozco tus obras, no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente;
pero como eres tibio, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.
Dices que eres rico, que tienes abundancia y no te falta nada; y no te das cuenta de que eres desgraciado, miserable y pobre, ciego y desnudo.
Te aconsejo que me compres oro refinado para enriquecerte, vestidos blancos para cubrirte y no enseñar desnudas tus vergüenzas, y medicina para ungirte los ojos y poder ver.
A los que amo yo los reprendo y corrijo. Sé fervoroso y arrepiéntete.
Mira que estoy a la puerta llamando. Si uno escucha mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.
Al vencedor lo haré sentarse en mi trono junto a mí, igual que yo vencí y me senté junto a mi Padre en su trono.
El que tenga oídos escuche lo que dice el Espíritu a las Iglesias.
Salmo Responsorial
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
El hombre que procede honradamente
y obra con justicia;
el que es sincero en todas sus palabras
y con su lengua a nadie desprestigia. R.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Quien no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino;
quien no ve con aprecio a los malvados,
pero honra a quienes temen al Altísimo. R.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Quien presta sin usura
y quien no acepta soborno en prejuicio de inocentes,
ése será agradable
a los ojos de Dios eternamente. R.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Dios nos amó y nos envió a su Hijo,
como víctima de expiación por nuestros pecados.
R. Aleluya.
Evangelio
Zaqueo, el inescrupuloso recaudador de impuestos corre también él a ver a Jesús. Tiene curiosidad por aquel maestro… Jesús, inesperadamente, pone sus ojos en él y lo mueve a desinstalarse de su pecado y su frivolidad con solo mirarlo. Después escandaliza a todos porque le pide que lo aloje en su casa… A todos, menos a Zaqueo, ese pequeño hombre que se siente, con todo su pecado, contemplado por Dios… tocado por su Amor incondicional y verdadero. Él único que lo hará cambiar.
Jesús y Zaqueo
Entró en Jericó y atravesó la ciudad,
allí vivía un hombre llamado Zaqueo, jefe de recaudadores de impuestos y muy rico,
intentaba ver quién era Jesús; pero a causa del gentío, no lo conseguía, porque era bajo de estatura.
Se adelantó de una carrera y se subió a un árbol para verlo, pues iba a pasar por allí.
Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo:
—Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.
Bajó rápidamente y lo recibió muy contento.
Al verlo, murmuraban todos porque entraba a hospedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor:
—Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le devolveré cuatro veces más.
Jesús le dijo:
—Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también él es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido.
Oración de los Fieles
– Para que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para encontrar al Señor, y experimentar profundamente su cercanía e intimidad, roguemos al Señor.
– Para que nuestro encuentro con el Señor en la oración, en los hermanos y, muy especialmente, en los excluidos, nos transforme interiormente, roguemos al Señor.
– Para que el participar en el banquete del Señor en la eucaristía haga más profundo nuestro amor a Cristo y a los hermanos, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo está a la puerta y llama
para compartir con nosotros su Pan.
Que sepamos abrirle las puertas de nuestros corazones
y acogerlo con entusiasmo.
Que sean su Pan y sus actitudes
los que nos nutran, para que podamos vencer todo mal
por medio de él, que es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has dado a Jesús como nuestro huésped
y al mismo tiempo como nuestro anfitrión
que se nos ha dado a sí mismo en alimento.
Él nos ha encontrado como al Zaqueo del Evangelio.
Que él nos colme hasta rebosar
con su Vida y con su Amor,
para que comience de nuevo su obra con nosotros.
Ayúdanos a ser, los unos con los otros,
tan acogedores como él lo ha sido
y que permanezca siempre a nuestro lado.
Te lo pedimos en el nombre del mismo Jesús, el Señor.
Bendición
Hermanos: Que ojalá también nosotros oigamos del Señor aquellas palabras: “La Salvación ha llegado hoy a esta casa, a estas personas, a esta comunidad.” Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
