TRIGESIMOCUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES
“EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA”
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios del tiempo y de la eternidad:
Tú nos has confiado a nosotros, tu Pueblo,
tu proyecto de Amor.
No permitas que obstaculicemos tus planes
con nuestras propias limitaciones.
Haznos conscientes de que lo único que podemos hacer
es ser levadura, y ser un signo
de que la planta que tú has sembrado crecerá.
Consérvanos esperando con paciencia
que la integridad, el amor y la justicia
lleguen como don tuyo,
cuando tú quieras, al tiempo por ti designado,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
El Libro del Apocalipsis nos da hoy una visión de esperanza: Dios finalmente saldrá victorioso; las fuerzas del mal serán encadenadas para siempre; el justo reinará con Dios; un nuevo Cielo y una nueva Tierra aparecerán; el nuevo pueblo de Dios (la nueva Jerusalén) será puro. Tenemos que ser conscientes de que la vida eterna está ya obrando en la vida de los bautizados, que vamos alumbrando un mundo nuevo. Como dice Jesús, tenemos que percatarnos de cómo estas cosas están ya sucediendo ahora.
El gran milenio
Vi un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una enorme cadena en la mano.
Sujetó al dragón, la serpiente primitiva, que es el Diablo y Satanás, lo encadenó por mil años
y lo arrojó al abismo. Cerró y selló por fuera, para que no extravíe a las naciones hasta que se cumplan los mil años. Después lo han de soltar por breve tiempo.
Vi unos tronos, y sentados en ellos los encargados de juzgar; vi también las almas de los que habían sido decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios, los que no adoraron a la fiera ni su imagen, los que no aceptaron su marca ni en la frente ni en la mano. Vivieron y reinaron con Cristo mil años.
El juicio
Vi un trono grande y blanco y a uno sentado en él. De su presencia huyeron la tierra y el cielo sin dejar rastro.
Vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante el trono. Se abrieron los libros, y se abrió también el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados por sus obras, según lo escrito en los libros.
El mar devolvió sus muertos. Muerte y abismo devolvieron sus muertos, y cada uno fue juzgado según sus obras.
Muerte y abismo fueron arrojados al foso de fuego –ésta es la muerte segunda, el foso de fuego–.
Quien no esté inscrito en el libro de la vida será arrojado al foso de fuego.
Salmo Responsorial
R. Dichosos los que viven en tu casa.
Anhelando los atrios del Señor
se consume mi alma.
Todo mi ser de gozo estremece
y el Dios vivo es la causa. R.
R. Dichosos los que viven en tu casa.
Hasta el gorrión encuentra casa
y la golondrina, un lugar para su nido,
cerca de tus altares,
Señor de los ejércitos, Dios mío. R.
R. Dichosos los que viven en tu casa.
Dichosos los que viven en tu casa,
te alabarán para siempre;
dichosos los que encuentran en ti su fuerza,
pues caminarán cada vez con más vigor. R.
R. Dichosos los que viven en tu casa.
Oración de los Fieles
– Para que reconozcamos los signos de esperanza que surgen, aquí y allá, cuando la vida se hace difícil y nuestra fe se debilita, roguemos al Señor.
– Para que confiemos en que el Señor Jesús estará siempre con nosotros, hasta el fin de los tiempos, roguemos al Señor.
– Para que no nos dejemos engañar y poseer por el miedo porque nuestro Señor Dios tiene contados hasta cada uno de nuestros cabellos y su Vida prevalecerá, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios de las promesas:
Para destruir los poderes del mal
tu Hijo vino no como un rey triunfante,
sino como el Hijo del Hombre sufriente.
Por medio de este pan y de este vino que ahora te ofrecemos
queremos unir nuestro destino al suyo.
Que aprendamos de él,
cuyo aparente fracaso en la cruz condujo a la victoria,
a aceptar con paciencia y esperanza
las tensiones de nuestro tiempo
y el lento crecimiento de tu Reino
porque sabemos que guardas fielmente
tus promesas de vida eterna, de amor y felicidad
por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor, Dios de esperanza:
Tú nos has dado un hermoso sueño,
una linda utopía y una bella tarea:
la de tu Reino eterno de fraternidad;
pero estamos interiormente divididos
entre el desaliento y la esperanza
porque esa tarea está por encima de nuestras fuerzas.
Gracias por reavivar nuestras expectativas
por medio del pan y vino de tu Hijo en la eucaristía.
Ayúdanos a madurar como Pueblo nuevo
con sus luchas y tensiones
por la fuerza de Aquel a quien diste
soberanía, reinado y gloria,
Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Cristo nos llama a transformar el mundo, a trabajar por la consecución de un nuevo Cielo y una Tierra nueva. Intentémoslo con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
