TRIGESIMO SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO

ORACIÓN INSISTENTE

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Sabemos que eres nuestro Padre amoroso,
que nos esperas, y que estás atento a nosotros
en cada momento de nuestras vidas.
Que nuestra oración te llegue hoy a ti
como un aliento de esperanza y un grito de confianza
que brotan de la pobreza de nuestros corazones.
Y si alguna vez tienes que denegar nuestra plegaria
cuando pedimos cosas inconvenientes o inútiles,
danos lo que realmente necesitamos
y guarda viva nuestra confianza
de que tú eres bueno y cariñoso con nosotros
ya que nos amas en Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.

Primera Lectura

Sab 18,14-16; 19,6-9

Para el pueblo hebreo, su liberación de la esclavitud a través de las aguas del Mar Rojo y su marcha por desierto fueron como una nueva creación. Dios los protegió y los condujo a la libertad. También a nosotros, nuestro “paso” a través de las aguas salvadoras del Bautismo nos ha recreado como el nuevo Pueblo de Dios.
14

Un silencio sereno lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera,

15

tu palabra todopoderosa se abalanzó, como guerrero implacable, desde el trono real de los cielos al país condenado;

16

llevaba la espada afilada de tu orden terminante; se detuvo y lo llenó todo de muerte; pisaba la tierra y tocaba el cielo.

6

Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes, cambió radicalmente su naturaleza para guardar sin daño a tus hijos.

7

Se vio la nube dando sombra al campamento, la tierra firme surgiendo donde antes había agua, el Mar Rojo convertido en camino despejado y el violento oleaje hecho una llanura verde;

8

por allí pasaron, en formación compacta, los que iban protegidos por tu mano, presenciando prodigios asombrosos.

9

Retozaban como potros y saltaban de alegría como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr 2 Tesalonicenses 2, 14

R. Aleluya, aleluya.
Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio,
a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
R. Aleluya.

Evangelio

Lucas 18, 1-8

Este evangelio nos confronta con esa perspectiva pequeña, infantil y caprichosa que tenemos a veces de Dios. Lo vemos como un Padre que debe actuar en la forma y el tiempo que queremos… Tal perspectiva nos aleja de él porque nos sentimos frustrados y vacila nuestra fe. Sin embargo, el evangelio nos invita hoy a crecer, a madurar, y nos da una clave: orar con insistencia y con confianza. Nunca nuestro amado Padre nos dejará de dar aquello que realmente necesitemos. A su tiempo y a su forma. Que son realmente perfectos.

1

Parábola del juez y la viuda 

Para inculcarles que hace falta orar siempre sin cansarse, les contó una parábola:

2

—Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres.

3

Había en la misma ciudad una viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi rival.

4

Por un tiempo se negó, pero más tarde se dijo: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,

5

como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, así no seguirá molestándome.

6

El Señor añadió:

—Fíjense en lo que dice el juez injusto;

7

y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche? ¿Los hará esperar?

8

Les digo que inmediatamente les hará justicia. Sólo que, cuando llegue el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?

Oración de los Fieles

– Por los ministros de la Iglesia consagrados. Para que sean hombres y mujeres de oración y conscientes de las palabras del Señor: “Sin mí, nada pueden hacer…”, roguemos al Señor.
– Por todos los que buscan a Dios. Para que entren en diálogo con él desde el fondo del corazón y lo descubran, roguemos al Señor.
– Por todos los cristianos. Para que nuestras oraciones por los pobres y los que sufren nos comprometan más seriamente con ellos, proporcionándoles justicia, aligerando sus pesadas cargas y restaurando su dignidad, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú no puedes ignorar nuestra oración
si tenemos confianza total en ti.
Que el Espíritu Santo aquí ahora entre nosotros
nos mueva a orar confiada e insistentemente.
Que él clame desde nuestros corazones
y te llame, con nosotros, “Padre nuestro”,
por medio de Aquel que se ofrece a sí mismo
y nos ofrece a nosotros a ti,
Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Junto con Jesús hemos alzado nuestras manos
en oración hacia ti, nuestro Dios de Vida.
Con Jesús seguimos confiando en ti.
Así pues, escúchanos, también en nuestras penas y luchas,
cuando estemos desalentados
y andemos a tientas en la oscuridad,
pues creemos que tú nos amas
y quieres que encontremos la felicidad,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Ya hemos reflexionado que la oración a Dios no está hecho solo de ruegos y pedidos de favores sino también, y fundamentalmente, de la alabanza y la acción de gracias. Y de nuestra intercesión por las súplicas de nuestros hermanos y hermanas. Que nos haga crecer en la oración la bendición de Dios todopoderoso, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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