TRIGESIMO SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
GRATITUD
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
De ti procede todo lo que somos y tenemos;
te debemos sobre todo la vida, el perdón y el amor,
a través de tu Hijo Jesucristo.
Te pedimos hoy nos concedas un corazón agradecido.
Que seamos agradecidos por las cosas buenas,
no solamente por tener suerte en la vida
o por la felicidad de sentirnos realizados,
sino también por la alegría de que en Jesús
hasta el sufrimiento y la muerte tienen sentido.
Acepta nuestra acción de gracias, Padre Bueno,
por Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Los reyes judíos eran representantes de Dios ante el Pueblo en virtud de su unción y debían rendirle a Dios cuentas de sus actos. Pero el autor del Libro de la Sabiduría ampliará la mirada y sostendrá que también los gobernantes paganos han recibido su autoridad de Dios y también deben ejercerla sabiamente según la ley del mismo Dios.
Exordio: el poder les viene del Señor
Escuchen, reyes, y entiendan; aprendan, gobernantes de todo el mundo;
pongan atención, ustedes los que dominan a los pueblos y están orgullosos de esa multitud de súbditos;
el poder les viene del Señor, y la autoridad, del Altísimo: él juzgará sus obras y examinará sus intenciones;
porque siendo ministros de su reino, no gobernaron rectamente, ni guardaron la ley, ni obraron según la voluntad de Dios.
Él vendrá sobre ustedes de manera repentina y terrible, porque a los poderosos los juzga implacablemente.
A los más humildes se los compadece y perdona, pero los poderosos serán examinados con rigor;
Porque el Dueño de todos no retrocede ante nadie, ni lo intimida la grandeza: él creó al pobre y al rico y se preocupa de todos por igual,
pero a los poderosos les aguarda un riguroso examen.
Se lo digo a ustedes, soberanos, a ver si aprenden sabiduría y no pecan:
los que cumplen sensatamente su santa voluntad serán declarados santos; los que se la aprendan encontrarán quien los defienda.
Deseen, entonces, mis palabras; búsquenlas ardientemente y serán instruidos.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Den gracias siempre, unidos a Cristo Jesús,
pues esto es lo que Dios quiere que ustedes hagan.
R. Aleluya.
Evangelio
Sana a diez leprosos
Yendo él de camino hacia Jerusalén, atravesaba Galilea y Samaría.
Al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a cierta distancia
y alzando la voz, dijeron:
—Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros.
Al verlos, les dijo:
—Vayan a presentarse a los sacerdotes.
Mientras iban, quedaron sanos.
Uno de ellos, viéndose sano, volvió glorificando a Dios en voz alta,
y cayó a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Era samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
—¿No recobraron la salud los diez? ¿Y los otros nueve dónde están?
¿Ninguno volvió a dar gloria a Dios, sino este extranjero?
Y le dijo:
—Ponte de pie y vete, tu fe te ha salvado.
Oración de los Fieles
– Por el nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia: Para que nuestro Dios bondadoso la bendiga por todo lo que ella nos ha dado: el amor de Dios, la vida de Dios, y la inspiración y la fortaleza del Espíritu Santo, roguemos al Señor.
– Por nuestros padres y por todos los que han sido buenos con nosotros. Para que el Padre celestial los bendiga y los guarde en su Amor, roguemos al Señor.
– Por nuestro país y nuestro pueblo. Para que Dios los bendiga por las riquezas de nuestra cultura transmitida hasta nosotros, y por la fe cristiana que nos han dejado en herencia, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
En esta eucaristía celebramos
la Acción de Gracias de Jesús, tu Hijo.
Señor, tenemos mucho que agradecerte.
Con este pan y vino
déjanos alabarte y darte gracias
porque por la Pasión de Jesús
podemos vencer en nuestras luchas,
y por su Resurrección conseguimos
el valor para vivir, para ser creativos
y para impregnar todo lo que hacemos
con la profundidad del Amor
de Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre nuestro:
Acepta nuestra gratitud
por las personas que has puesto en nuestro camino:
los que nos ayudan en tiempo de necesidad
o los que nos recuerdan que no podemos ser plenamente felices
mientras haya muchos hermanos y hermanas que sufren.
Que logremos la conciencia de tener que ser agradecidos
entregándonos a los otros como tú te entregaste a nosotros
por medio de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Hemos oído a Jesús decirle al ciego samaritano: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado.” Que ojalá hayamos oído también nosotros esas mismas palabras del Señor mientras le dábamos gracias en esta eucaristía. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
