TRIGESIMO SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
SIMPLEMENTE SIERVOS
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, Padre misericordioso:
Tú conoces lo que hay en nuestros corazones.
Sean buenas o egoístas nuestras intenciones,
lo dejamos todo a tu juicio compasivo.
Pero te pedimos esto:
Confírmanos en la voluntad de servirte con lealtad y amor
a ti y a nuestros hermanos.
Por lo demás, nos ponemos en tus manos,
ya que tú eres nuestro Dios y Padre,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Pablo escribe a Tito que Cristo se ha entregado a sí mismo para la Iglesia. La comunidad debería dar testimonio de esto por la forma de vida de sus miembros, cada uno según su estado en la vida.
Praxis cristiana de la comunidad
Tú, en cambio, explica lo que corresponde a la sana doctrina:
que los ancianos sean sobrios, dignos, moderados, sanos en la fe, el amor y la paciencia.
Asimismo las ancianas tengan una compostura digna de la religiosidad; no sean esclavas de la murmuración ni de la bebida; sean buenas maestras,
capaces de enseñar a las jóvenes a amar a los maridos y los hijos,
a ser juiciosas, castas, hacendosas, bondadosas, sumisas al marido; de modo que la Palabra de Dios no se desprestigie.
Anima también a los jóvenes a ser moderados.
En todo preséntate como modelo de buena conducta: íntegro y serio en la enseñanza,
proponiendo un mensaje sano e intachable, de modo que el adversario quede confundido al no encontrar nada de qué acusarnos.
La gracia de la salvación
Porque la gracia de Dios que salva a todos los hombres se ha manifestado,
enseñándonos a renunciar a la impiedad y los deseos mundanos y a vivir en esta vida con templanza, justicia y piedad,
esperando la promesa dichosa y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo.
Él se entregó por nosotros, para rescatarnos de toda iniquidad, para adquirir un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.
Salmo Responsorial
Salmo 36, 3-4. 18 y 23. 27 y 29
R. (39a) Dios es nuestro Salvador.
Pon tu esperanza en Dios, practica el bien
y vivirás tranquilo en esta tierra.
Busca en él tu alegría
y te dará el Señor cuanto deseas. R.
R. Dios es nuestro Salvador.
Cuida el Señor la vida de los buenos
y su herencia perdura;
porque aprueba el camino de los justos
y asegura el Señor todos sus pasos. R.
R. Dios es nuestro Salvador.
Apártate del mal, practica el bien
y tendrás una casa eternamente;
porque los justos heredarán la tierra
y la habitarán para siempre. R.
R. Dios es nuestro Salvador.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará
y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
R. Aleluya.
Evangelio
En el evangelio, Jesús parece decirnos: no alardees de hacer lo que es natural que hagas si realmente me sigues. Tu perfección está en saberte imperfecto, incompleto. No desde la perspectiva del cumplimiento y su retribución sino desde la humildad y la gratitud de un corazón que alaba a Dios y espera en él, en su misericordia y su grandeza.
El deber del discípulo
Supongamos que uno de ustedes tiene un sirviente arando o cuidando los animales. Cuando éste vuelva del campo, ¿le dirá que pase en seguida y se ponga a la mesa?
¿No le dirá más bien: prepárame de comer, ponte el delantal y sírveme mientras como y bebo, después comerás y beberás tú?
¿Tendrá aquel señor que agradecer al sirviente que haya hecho lo mandado?
Así también ustedes: cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: Somos simples sirvientes, solamente hemos cumplido nuestro deber.
Oración de los Fieles
– Señor, que los premios y honores vengan a nosotros como sorpresas, más que como algo que nosotros merecemos y buscamos, te rogamos.
– Señor, por nosotros y por todos los bautizados. Para que sigamos a Cristo, nuestro perfecto servidor, y para que con él nos pongamos al servicio de los demás, te rogamos.
– Para que los líderes, en la Iglesia y en el mundo, sirvan a los intereses y necesidades de sus pueblos, más que los suyos propios, te rogamos.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Con frecuencia hemos sido siervos inútiles
que no hemos hecho lo que tú esperabas de nosotros.
Y, a pesar de ello, tú nos invitas a tu mesa eucarística
y nos sirves la mejor comida y bebida,
tu mismo Hijo Jesucristo presente en la Eucaristía.
Haznos leales y dignos de fiar
como tu fiel Hijo y leal servidor,
Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Sin mérito alguno de nuestra parte,
nos has llamado a ser tus hijos e hijas
por medio de tu Hijo leal y siervo fiel Jesucristo.
Danos la humildad de reconocer que los dones que nos diste
no nos fueron dados para obtener premios y privilegios,
sino para servirte en los hermanos
y para dar a conocer a todos tu Amor.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: No deberíamos jactarnos ante Dios de lo que hemos hecho por él. Todo lo que pudimos hacer no fue sino don suyo. Por lo tanto, demos gracias sinceramente a Dios. Y que la bendición del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
