TRIGESIMO SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO LUNES

“¡PERDONEN!”

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Señor de misericordia y compasión:
Tu Hijo Jesucristo nos ha convocado
como comunidad de pecadores
que saben que tú nos has perdonado.
Cuando nuestras debilidades amenacen nuestra unidad,
recuérdanos que somos responsables los unos de los otros.
Que tu Santo Espíritu unificador nos dé la fuerza
para cuidarnos los unos de los otros
y para permanecer como una comunidad viva, que acoge y perdona.
Que nos encontremos siempre unidos
en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Primera Lectura

Sab 1,1-7

El Libro de la Sabiduría que hoy empezamos a escuchar se escribió en griego un siglo antes de la era cristiana, en Alejandría, el principal centro cultural del mundo antiguo en el que convivían multiplicidad de creencias y religiones. En su ambiente filosófico, que hallaba en la razón el método para alcanzar el conocimiento existencial, este libro acompaña a los que habían abrazado el Evangelio de Jesucristo y lo seguían como fuente de toda sabiduría.

1

JUICIO DEFINITIVO

La justicia es inmortal

Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra; tengan rectos pensamientos sobre el Señor y búsquenlo con sencillez de corazón.

2

Lo encuentran los que no exigen pruebas y se revela a los que no desconfían.

3

Los razonamientos retorcidos alejan de Dios, y su poder, cuando es puesto a prueba, confunde a los necios.

4

La Sabiduría no entra en un alma perversa ni vive en un cuerpo entregado al pecado.

5

El santo espíritu que nos instruye huye del engaño, se aparta de los razonamientos sin sentido y se aleja cuando está presente la injusticia.

6

La Sabiduría es un espíritu amigo de los hombres que no deja sin castigo las palabras del blasfemo; Dios es testigo de sus sentimientos, vigila puntualmente su corazón y escucha lo que dice su lengua.

7

Porque el Espíritu del Señor llena la tierra y el que todo lo contiene conoce cada voz.

Evangelio

Lc 17,1-6

El evangelio de hoy vuelve una vez más nuestra mirada al corazón de Jesús, a su infinita misericordia, y al espíritu de fraternidad que debe movernos tanto para señalar a nuestros hermanos que están errando el camino como para perdonarlos cuando nos lastiman y se arrepienten sinceramente. Perdonarlos siempre. Como el Señor Jesús hace con cada uno de nosotros. Siempre.

1

Instrucciones a los discípulos 

A sus discípulos les dijo:

—Es inevitable que haya escándalos; pero, ¡ay del que los provoca!

2

Más le valdría que le ataran en el cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.

3

Estén en guardia: si tu hermano peca, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo.

4

Si siete veces al día te ofende y siete veces vuelve a ti diciendo que se arrepiente, perdónalo.

5

Los apóstoles dijeron al Señor:

—Auméntanos la fe.

6

El Señor dijo:

—Si tuvieran fe como una semilla de mostaza, dirían a [esta] morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar, y los obedecería.

Oración de los Fieles

– Para que, con toda honestidad y sinceridad, reconozcamos nuestros pecados ante el Señor, que sabe muy bien lo que hay en nuestro corazón, y también ante los hermanos a quienes hayamos ofendido, roguemos al Señor.
– Para que tengamos suficiente fe y magnanimidad y perdonemos totalmente y sin reservas a los que nos han ofendido, roguemos al Señor.
– Para que los pastores que tengan a cargo comunidades cristianas practiquen lo que enseñan, y así inspiren y animen a su pueblo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú llamas a la mesa de tu Hijo
a los débiles y a los fuertes, a los sanos y a los enfermos.
Que tu Hijo nos colme con la plenitud de su presencia
para que sepamos aceptarnos
y vivir en paz y amistad.
Te ofrecemos nuestra mejor disposición
para acogernos mutuamente unos a otros,
en Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús ha estado
con nosotros en esta celebración
y nos ha fortalecido con su Palabra,
con su Cuerpo y su Sangre.
Él ha asumido nuestras heridas del pecado
como suyas propias, y las ha curado.
Que también nosotros asumamos
las heridas de nuestros hermanos
y las hagamos nuestras.
Y que sus alegrías
nos hagan felices.
Haz que tu Hijo nos enseñe el arte
de atraer hacia ti y hacia la comunidad
a los que viven lejos de ti.
Y que sepamos hacerlo sin amargarlos ni humillarlos,
sin ningún sentimiento de superioridad,
sino con el gozo de acogerlos como hermanos
en Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Guardemos en nuestra mente y en nuestro corazón la exhortación que Jesús nos da hoy en el Evangelio: Ser gente de fe viva y profunda que puede perdonar generosamente y sabe cuidar de los pobres y humildes. Para ello imploremos la fuerza del Señor. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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