TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – B
¿Estamos ciegos? / “¡Levántate! Jesús abrirá tus ojos”
Ciclo Litúrgico: B
Introducción
Saludo (Ver Segunda Lectura)
Hermanos:
Estamos reunidos en el nombre de Jesús,
de quien el Padre dijo:
“Tú eres mi Hijo;
yo te he engendrado hoy.”
Que la gracia y la paz de Jesús, el Señor,
esté siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. ¿Estamos ciegos?
Cuando pensamos en la ceguera siempre nos remitimos a una situación física. Pero hoy Jesús nos cuestiona: “¿Ven ustedes con los ojos del corazón lo que les estoy pidiendo? ¿Ven el camino que les he mostrado? ¿Ven a la gente que he colocado en su camino? ¿Son ustedes conscientes de sus hambres y necesidades? ¿Ven ustedes la belleza del mundo que yo creé, y están ustedes dispuestos a conservarlo como una maravilla para ustedes y para sus hijos?” Pidamos al Señor en esta eucaristía que abra los ojos de nuestra alma para que aprendamos de veras a “ver”.
2. “¡Levántate! Jesús abrirá tus ojos”
A veces nos sentimos como ciegos, andando a tientas en la oscuridad, o incluso aturdidos, sentados descorazonados a la orilla del camino. No vemos dónde estamos o hacia dónde vamos; no podemos discernir sobre qué tenemos que creer u obrar. Si al menos nos volviéramos a Jesús y le dijéramos: “Señor, que vea de nuevo.” Que el Señor restaure nuestra visión de tal forma que podamos seguirlo en el camino que nos señala. Sea ésta nuestra plegaria de hoy en esta eucaristía.
Acto Penitencial
¡Qué ciegos hemos sido, con frecuencia,
para con Dios, tan cercano a nosotros
en nuestro mundo, en nuestro trabajo, en nuestros hermanos!
Busquemos ahora el perdón del Señor.
(Pausa)
Señor Jesús, dejé de ver las necesidades
de los miembros de mi familia.
R/Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, tantas veces no supe percibir
el hambre de afecto,
el ansia de justicia y de dignidad humana
de amigos y vecinos.
R/Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, tantas veces no supe percibir
el deseo sincero de gente cercana y lejana
de conocerte y seguirte
aún cuando no fueran conscientes de ello,
y no los conduje a ti.
R/Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdona todos nuestros pecados.
Abre nuestros ojos a tu amor y a tu pueblo
y llévanos a la vida eterna.
Oración Colecta
Oremos para que el Señor nos oiga a nosotros
y a todos los que le suplican.
(Pausa)
Oh Dios nuestro, fuente de vida:
Tú estás muy cerca de nosotros
en nuestras alegrías y en nuestras penas.
Danos ojos de fe y amor,
para ver la misión que nos han confiado en la vida
y valor y gracia para llevarla a cabo.
Danos también una visión clara
para ver las necesidades del pueblo
que grita su miseria o sufre en silencio,
para que sepamos llevarles tu compasión sanadora
y los orientemos hacia ti.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Dios reúne a su Pueblo
Dios reúne a su Pueblo desde los confines más lejanos de la Tierra; incluso a los de fe débil y vacilante. Porque es el Padre de toda Misericordia.
Así dice el Señor: Griten jubilosos por Jacob, regocíjense por el primero de los pueblos, háganse oír, alaben y digan: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.
Yo los traeré del país del norte, los reuniré desde los rincones del mundo. Qué gran multitud retorna; entre ellos hay ciegos y lisiados, mujeres embarazadas y a punto de dar a luz;
si marcharon llorando, los conduciré entre consuelos, los guiaré hacia corrientes de agua, por camino llano y sin tropiezos. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito.
Salmo Responsorial
<span style="color: #008000">Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6</span>
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio,
creíamos soñar;
entonces no cesaba de reír nuestra boca
ni se cansaba entonces la lengua de cantar. R.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Aun los mismos paganos con asombro decían:
“¡Grandes cosas ha hecho por ellos el Señor!”
Y estábamos alegres,
pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor. R.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Como cambian los ríos la suerte del desierto,
cambia también ahora nuestra suerte, Señor,
y entre gritos de júbilo
cosecharán aquellos que siembran con dolor. R.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Al ir, iba llorando, cargando la semilla;
al regresar, cantando vendrán con sus gavillas. R.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Segunda Lectura
Jesús, el nuevo Sumo Sacerdote
Dios mismo ha elegido a nuestro Salvador Jesús como el nuevo Sumo Sacerdote. Jesús se ofreció a sí mismo por nuestros pecados.
Jesús, Sacerdote sufriente
Todo sumo sacerdote es elegido entre los hombres y nombrado su representante ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
Puede ser indulgente con ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a la debilidad humana,
y a causa de ella tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, lo mismo que por los del pueblo.
Y nadie puede tomar tal dignidad para sí mismo si no es llamado por Dios, como Aarón.
Del mismo modo Cristo no se atribuyó el honor de ser sumo sacerdote, sino que lo recibió del que le dijo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy;
y en otro pasaje: tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
Aclamación antes del Evangelio
<span style="color: #008000">Cfr 2 Timoteo 1, 10</span>
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.
Evangelio
“¡Señor, que vea!”
Jesús devuelve la vista a un ciego, imagen de todo cristiano que aun no aprendió a ver con ojos de fe.
Sana a un ciego
Llegaron a Jericó. Y cuando salía de allí con sus discípulos y un gentío considerable, Bartimeo, hijo de Timeo, un mendigo ciego, estaba sentado al costado del camino.
Al oír que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar:
—¡Jesús, Hijo de David, compadécete de mí!
Muchos lo reprendían para que se callase. Pero él gritaba más fuerte:
—¡Hijo de David, compadécete de mí!
Jesús se detuvo y dijo:
—Llámenlo.
Llamaron al ciego diciéndole:
—¡Ánimo, levántate, que te llama!
Él dejó el manto, se puso en pie y se acercó a Jesús.
Jesús le preguntó:
—¿Qué quieres de mí?
Contestó el ciego:
—Maestro, que recobre la vista.
Jesús le dijo:
—Vete, tu fe te ha salvado.
Al instante recobró la vista y lo seguía por el camino.
Oración de los Fieles
Roguemos a Jesús, que restauró la vista del ciego, para que con él sepamos ver las necesidades de nuestros hermanos dondequiera ellos se encuentren diciendo: R/ Señor, nuestros ojos te miran con esperanza.
– Señor, mira los ojos de los niños que se abren a la vida; mira los ojos llenos de esperanza de los que creen en ti y en el futuro que les prometes. Llénalos a todos con tu luz. Con toda confianza te pedimos…
– Señor, restaura la vista del espíritu a los que, frustrados por la vida, desorientados, perdidos, no te pueden ver. Con toda confianza te pedimos…
– Señor, haz que la alegría en los ojos de los que saben amar contagie e ilumine a cuantos los rodean. Con toda confianza te pedimos...
– Señor, mira los ojos tristes de los que sufren; mira los ojos sin vida de los que son físicamente ciegos. Con toda confianza te pedimos...
– Señor, mira los ojos desalentados de los que se rinden ante las dificultades de la vida e infúndeles el ardor de los que continúan luchando. Con toda confianza te pedimos…
– Señor, mira los ojos llenos de lágrimas de los que hacen duelo por sus seres queridos difuntos. Con toda confianza te pedimos…
Señor Jesús, concédenos la gracia de abrir nuestros ojos, nuestras manos, nuestro corazón y así podremos mirar a este mundo y a los hermanos con los mismos ojos afables que tú, que eres nuestro Señor por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
El mundo entero es un signo tuyo.
Tu belleza se ve reflejada en cada flor;
cada rayo del sol brilla con tu luz.
Danos a todos nosotros un corazón agradecido
que se regocije en cosas sencillas.
Danos nuevos ojos para descubrir
en estos signos de pan y vino que ahora te ofrecemos
el amor y la vida de Jesucristo tu Hijo
y danos fe para ver qué bueno es
ser tu Pueblo en Jesucristo nuestro Señor.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Dios nos llamó de las tinieblas del pecado a la luz de la fe y de su amor. Dirigidos por Jesús, que es nuestra luz y nuestra vida, damos nuestra gozosa acción de gracias al Padre.
Invitación al Padre Nuestro
Dios nos dice hoy
que él es un padre para con su Pueblo.
Dirijamos a él nuestra oración con las palabras de Jesús.
R/Padre nuestro…
Oración por la Paz
Señor Jesús,
tú das fuerza, alegría y luz
a los que quieren seguirte.
Haz que los cojos brinquen de alegría,
restaura la vista de los ciegos,
libera a todos los cautivos
y lleva a cuantos sufren
la esperanza y la paz de tu Reino,
donde vives y reinas por los siglos de los siglos.
Invitación a la Comunión
Este es Jesucristo, el Señor,
que nos encuentra en el camino.
Dichosos nosotros porque él viene
a curarnos de nuestra ceguera
y a llamarnos para que lo sigamos.
R/Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Oh Dios nuestro, Padre amoroso:
Hemos escuchado y visto a tu Hijo
y lo hemos reconocido al partir el pan.
Ayúdanos a ver con su luz
lo que es recto y lo que es erróneo en nosotros.
Haznos entender el sentido más profundo
del dolor y del sufrimiento.
Y un día muéstrate a nosotros como tú eres,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
un solo Dios, por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Hemos oído en esta eucaristía cómo el Señor da nueva luz a los ojos sin vida. Un ciego llega a ver de nuevo y sigue a Jesús. Que el Señor nos haga hombres y mujeres que ven con ojos de fe. Que el Señor nos ayude a ver el camino a seguir y a reconocerlo en nuestra vida. Que nos dé la alegría de seguirlo. Y que el Dios todopoderoso nos bendiga a todos: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
