TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO  VIERNES

EL REINO DE DIOS CRECE DISCRETAMENTE

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, siempre paciente y bondadoso:
Calma nuestra impaciencia
cuando tratemos de anunciar
tu verdad, tu justicia y tu paz
a un mundo, e incluso a una Iglesia,
que aún no están dispuestos a acogerlas.
Que en nuestro desaliento e impotencia
logremos aceptar
que todo crecimiento verdadero viene de ti.
Nosotros sólo podemos plantar la semilla:
hazla tú brotar y florecer
hasta hacerse un árbol frondoso
que cobije a muchos en sus ramas.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Heb 10,32-39

 En la Primera Lectura de hoy oímos por primera vez que los hebreos (a quienes iba dirigida esta carta) tuvieron que sufrir persecución y diversas dificultades por seguir a Cristo. El autor los anima encarecidamente a perseverar en su fe porque Dios es fiel a sus promesas.

32

Recuerden los primeros días, cuando, recién iluminados, sostuvieron el duro combate de los padecimientos:

33

unos expuestos públicamente a injurias y malos tratos, otros solidarios de los que así eran tratados.

34

Compartieron las penas de los encarcelados, aceptaron gozosos que los privaran de sus bienes, sabiendo que poseían bienes mayores y permanentes.

35

Por tanto, no pierdan la confianza, que ella les traerá una gran recompensa.

36

A ustedes les hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y obtener lo prometido.

37

Todavía un poco, muy poco, y el que ha de venir vendrá sin tardanza.

38

Mi justo vivirá por la fe; pero si se echa atrás, no me agradará.

39

Nosotros no pereceremos por echarnos atrás, sino que salvaremos nuestra vida por la fe.

Evangelio

Mc 4,26-34

El Reino de Dios no irrumpe en nuestro mundo humano con signos y poder extraordinarios. Se trata de un crecimiento paciente, discreto, que comienza con una diminuta semilla, tanto en la historia de la Salvación personal de cada persona como en la historia de Salvación de la humanidad entera. Aun cuando esa semilla del Reino está amenazada por el pecado, que rechaza todo crecimiento, sus ramas, sus hojas, sus flores y sus frutos se abren paso en la historia. 

 

26

Parábola de la vitalidad de la semilla

Les dijo:
—El reino de Dios es como un hombre que sembró un campo:

27

de noche se acuesta, de día se levanta, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo.

28

La tierra por sí misma produce fruto: primero el tallo, luego la espiga, y después el grano en la espiga.

29

En cuanto el grano madura, mete la hoz, porque ha llegado la cosecha.

30

Parábola de la semilla de mostaza

Dijo también:
—¿Con qué compararemos el reino de Dios? ¿Con qué parábola lo explicaremos?

31

Con una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra es la más pequeña de las semillas;

33

Uso de las parábolas

Con muchas parábolas como éstas les exponía la Palabra, conforme a lo que podían comprender.

34

Sin parábolas no les exponía nada; pero aparte, a sus discípulos les explicaba todo.

Oración de los Fieles

–      Para que la diminuta llamita de fe, todavía viva en los corazones de muchos que abandonan la Iglesia, no se apague sino se avive de nuevo y se convierta en luz brillante que renueve sus vidas, roguemos al Señor.

–      Para que nuestras escuelas siembren en los corazones de nuestros jóvenes las semillas de la fe y de un amor generoso y servicial, y para que el Señor bendiga a los educadores en su formidable misión, roguemos Señor.

–      Para que los misioneros sigan sembrando con ilusión la semilla de la alegre Buena Nueva de Salvación en nuestro mundo que, con frecuencia, se muestra indiferente y hostil al Evangelio, roguemos al Señor

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, paciente y poderoso:
Te presentamos ahora los frutos
procedentes de diminutas semillas de trigo
y de pequeños brotes de la vid.
Por el poder de tu Espíritu
se convertirán en Jesús mismo,
para vivir en medio de nosotros.
Que la semilla de su vida y su mensaje
dé frutos entre nosotros, su Pueblo,
y nos haga Cuerpo visible del mismo Cristo para el mundo,
para que crezcan en todos nosotros
una serena confianza y una firme esperanza.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Con tu mano generosa has sembrado
aquí, entre nosotros, en esta eucaristía,
la semilla original de todo lo bueno y verdadero:
tu Hijo Jesucristo.
Aunque ahora nuestra fe y nuestro amor
parezcan insignificantes y decepcionantes,
danos la esperanza y el valor
para que el mismo Jesús pueda unirnos en una comunidad
donde prevalezcan siempre la verdad, la justicia y la libertad,
hasta que la cosecha esté ya lista para la recolección,
a su debido tiempo, cuando tú dispongas.
Concédenoslo por medio de Jesucristo nuestro Señor

Bendición
Hermanos: La paciencia y la humildad son necesarias en el trabajo de Dios. Él siembra, él planta, y él da crecimiento. Él también cosechará. Pero él espera, de todos modos, que nosotros colaboremos con él, bajo su amparo y bendición. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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