TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Señor, Dios nuestro, Padre misericordioso
no buscas la muerte de los pecadores
sino que se arrepientan y vivan.
Tu corazón es demasiado grande para rechazarnos
cuando te hemos sido infieles.
Abre nuestros ojos 
al mal que hay en nosotros y a nuestro alrededor;
danos corazones nuevos,
humildes,
para reconocer tu paciente misericordia.
Haz que seamos con nuestro prójimo
comprensivos, pacientes y perdonadores
porque tú nos has traído el perdón y la paz
por Jesucristo, nuestro Señor.

Primera Lectura

2 Sm 12,1-7.10-17

 Hoy se nos lee una de las páginas más conmovedoras y dramáticas del Antiguo Testamento. David, el fiel siervo de Dios, ha cometido adulterio y asesinato y el profeta clama contra los que lo hacen. David, como si estuviera limpio, se indigna con él. Pero el profeta lo pone al desnudo: “¡Eso es lo que has hecho! ¡Ese hombre eres tú!”. Recién entonces David lo reconoce y se arrepiente genuina y profundamente. Entonces el perdón de Dios no tarda en llegar. La actitud de David es espejo de la nuestra, por eso de que vemos con facilidad la paja en el ojo ajeno ignorando la viga que tenemos en el propio… 

En aquellos días, el Señor envió al profeta Natán para que fuera a ver al rey David. Llegó Natán ante el rey y le dijo: “Había dos hombres en una ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y numerosas reses. El pobre sólo tenía una ovejita, que se había comprado; la había criado personalmente y ella había crecido con él y con sus hijos. Comía de su pan, bebía de su vaso y dormía junto a él. La quería como a una hija. Un día llegó un visitante a la casa del rico, y éste no quiso sacrificar ninguna de sus ovejas ni de sus reses, sino que se apoderó de la ovejita del pobre, para agasajar a su huésped”.

Al escuchar esto, David se puso furioso y le dijo a Natán: “Verdad de Dios que el hombre que ha hecho eso debe morir. Puesto que no respetó la ovejita del pobre, tendrá que pagar cuatro veces su valor”.

Entonces Natán le dijo a David: “¡Ese hombre eres tú! Por eso te manda decir el Señor: ‘La muerte por espada no se apartará nunca de tu casa, pues me has despreciado, al apoderarte de la esposa de Urías, el hitita, y hacerla tu mujer. Yo haré que de tu propia casa surja tu desgracia, te arrebataré a tus mujeres ante tus ojos y se las daré a otro, que dormirá con ellas en pleno día. Tú lo hiciste a escondidas; pero yo cumpliré esto que te digo, ante todo Israel y a la luz del sol’ ”.

David le dijo a Natán: “He pecado contra el Señor”. Natán le respondió: “El Señor te perdona tu pecado. No morirás. Pero por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá”. Y Natán se fue a su casa.

El Señor mandó una grave enfermedad al niño que la esposa de Urías le había dado a David. Éste pidió a Dios por el niño, hizo ayunos rigurosos y de noche se acostaba en el suelo. Sus servidores de confianza le rogaban que se levantara, pero él no les hacía caso y no quería comer con ellos.

Salmo Responsorial

Salmo 50, 12-13. 14-15. 16-17

R. (12a) Crea en mí, Señor, un corazón puro.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu. R.
R. Crea en mí, Señor, un corazón puro.
Devuélveme tu salvación, que regocija,
y mantén en mí un alma generosa.
Enseñaré a los descarriados tus caminos
y volverán a ti los pecadores. R.
R. Crea en mí, Señor, un corazón puro.
Líbrame de la sangre, Dios, salvador mío
y aclamará mi lengua tu justicia.
Señor, abre mis labios
y cantará mi boca tu alabanza. R.
R. Crea en mí, Señor, un corazón puro.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 3, 16

R. Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

–      Por los muchos que cargan con el peso del pecado y la culpa; por los que sufren por los pecados de los demás. Para que sigan confiando en el perdón y la bondad de Dios, te pedimos.

–      Por los que están endurecidos en el pecado. Para que sean tocados por el Espíritu del Señor y así se arrepientan y cambien su conducta, te pedimos.

–      Por nosotros mismos y por nuestros seres queridos. Para que el bien que hay en nosotros sea más fuerte que el mal en nosotros y en nuestro entorno, te pedimos.

Oración sobre las Ofrendas
Padre misericordioso:
humildemente traemos ante ti
este pan y este vino
como ofrenda de reconciliación.
Haz que tu Hijo sea, aquí entre nosotros,
el Cordero que quita nuestros pecados
y nos restaura en tu amor.
Y que nuestros lazos contigo y entre nosotros
se vuelvan más estrechos y profundos
porque hemos experimentado tu perdón
en Cristo Jesús, nuestro Señor

Oración después de la Comunión
Dios de la misericordia,
sabemos que somos las personas
que te hemos fallado a ti y a los demás
por nuestra incapacidad de amar y servir,
nuestro miedo a comprometernos,
nuestro silencio culpable.
Ayúdanos a desafiar
las olas y las tormentas de la vida
con la fuerza de esta Eucaristía.
Concédelo por Cristo Jesús, nuestro Señor.

Bendición
Nuestro Dios paciente es un Dios misericordioso, que perdona y ama. Esa debe ser también nuestra actitud y la impronta de nuestras comunidades. Que Dios les dé este amor paciente y perdonador en el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo.

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