TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES

VERDADERO REINADO CON JESÚS

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios bondadoso, Padre de todos:
Tú nos conoces y nos quieres;
ocurra lo que nos ocurra,
estamos siempre en tus manos.
A donde quiera que nos lleves,
tú sabes bien a dónde quieres que vayamos.
Te pedimos, Señor, fe y confianza.
Haz que tu voluntad sea nuestra,
para que pueda conducirnos a tu casa
bajo la guía de aquel 
que siempre y en todo cumplió tu voluntad:
Jesucristo, nuestro Señor

Primera Lectura

Heb 10,1-10

 La Ley antigua no era capaz de salvar a la gente. Podía solo señalar dónde y cuándo se cometía pecado, pero no lo perdonaba. Por eso los sacrificios tenían que repetirse. El sacrificio que realmente perdonó el pecado fue el de Cristo, porque fue ofrenda y oblación personal de sí mismo, y así tocó el corazón de Dios.

 

1

Eficacia del sacrificio de Cristo y el sacerdocio de los creyentes 

La ley es sombra de los bienes futuros, no su presencia verdadera. Con los mismos sacrificios ofrecidos periódicamente cada año, la ley nunca puede hacer perfectos a los que se acercan.

2

Porque si los hubiera purificado definitivamente, al no tener conciencia de pecado, los que rinden culto habrían dejado de ofrecerlos.

3

Por el contrario, estos sacrificios sirven para hacerles recordar sus pecados cada año,

4

ya que la sangre de toros y cabras no puede perdonar pecados.

5

Por eso, al entrar en el mundo dijo: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo.

6

No te agradaron holocaustos ni sacrificios expiatorios.

7

Entonces dije: Aquí estoy, he venido para cumplir, oh Dios, tu voluntad –como está escrito de mí en el libro de la ley–.

8

Primero dice que no ha querido ni le han agradado ofrendas, sacrificios, holocaustos ni sacrificios expiatorios que se ofrecen legalmente;

9

después añade: Aquí estoy para cumplir tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.

10

Y en virtud de esa voluntad, quedamos consagrados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.

Evangelio

Mc 3,31-35

 Jesús nos asegura que lo que nos acerca a Dios y nos hace sus parientes y familiares es el hacer la voluntad del Padre. Esto es lo que realmente importa, más que los lazos de sangre. 

31

La madre y los hermanos de Jesús

Llegaron su madre y sus hermanos, se detuvieron fuera y lo mandaron llamar.

32

La gente estaba sentada en torno a él y le dijeron:
—Mira, tu madre y tus hermanos [y hermanas] están fuera y te buscan.

33

Él les respondió:
—¿Quién es mi madre y [mis] hermanos?

34

Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de él, dijo:
—Miren, éstos son mi madre y mis hermanos.

35

[Porque] el que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

Oración de los Fieles

–      Para que estemos siempre cercanos a Jesús buscando con él, y con su Madre, María, la voluntad del Padre, roguemos al Señor.

–      Para que los sacerdotes, religiosos y misioneros sigan confiando en el Señor, que los llamó a pesar de su debilidad humana. Que, con Cristo, se preocupen y cuiden especialmente de los pobres y débiles, roguemos al Señor.

–      Para que los desalentados y heridos por la vida no se sientan amargados, y para que puedan sacar fuerza y esperanza nuevas gracias a nuestra presencia amable y a nuestra amistad sincera, roguemos al Señor

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Este pan y este vino 
quieren ser signos de que, con Jesús, tu Hijo, 
estamos dispuestos a buscar tu voluntad.
Permítenos participar en este banquete de la eucaristía
como hermanas y hermanos suyos,
y seguirlo fielmente 
en su camino de fidelidad hacia ti,
Dios nuestro, por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has dado una tierra y un mundo
que tenemos que dominar y desarrollar
conforme a tus sabios planes.
Y tú quieres que unamos fuerzas
para la construcción del Cuerpo de Cristo.
Que ojalá sepamos hacerlo así
con la fuerza de Jesús mismo.
Haz de esta Iglesia y de este mundo
una comunión de fe y esperanza,
de amor y paz, 
como un signo claro y un camino seguro
hacia tu alegría y felicidad 
que durarán por los siglos de los siglos. 

Bendición
Hermanos y hermanas de Jesús… ¿En qué medida estamos unidos a él y somos como él? Rezamos con mucha frecuencia el Padre Nuestro y allí le pedimos que su voluntad se haga en la tierra como en el cielo. Esto es lo que pedimos, y esto es precisamente a lo que nos tenemos que comprometer. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Scroll to Top