TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
DANZA ANTE EL ARCA
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Dios de la alegría y la felicidad,
en esta Eucaristía nos llamas
a celebrar la alegría de nuestra liberación
por medio de tu Hijo Jesucristo.
Haz que tu alegría aclare nuestra
vida y dé significando a todas
nuestras tensiones,
nuestras preocupaciones y sufrimientos.
Que esta alegría que comienza hoy
continúe mañana, espontánea y contagiosa;
que exprese nuestra esperanza
en la alegría eterna a la que nos has llamado
en Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Al trasladar el Arca a Jerusalén, el nuevo centro político, David hizo de la ciudad también el centro religioso de Israel. Siempre interesado en el culto –¿acaso no está en el origen de la primera colección de salmos?– cantó y bailó ante el Arca. Porque la liturgia es vida y alegría. Es una confirmación y profundización de la vida relacionada con Dios y una nueva fuente de fuerza para hacer la voluntad de Dios con amor y alegría.
En aquellos días, David fue a casa de Obededom, donde estaba el arca de la alianza, y la transportó con gran alborozo a la ciudad de David. Apenas habían dado seis pasos los que llevaban el arca, cuando él sacrificó un toro y un becerro gordo.
David danzaba con todas sus fuerzas ante el Señor, ceñido con una especie de mandil de lino, que usaban los sacerdotes. David y toda la casa de Israel conducían el arca del Señor con aclamaciones de júbilo, al son de las trompetas.
Llevaron el arca del Señor y la colocaron en su sitio, en medio de la tienda que David había mandado levantar. Luego David ofreció al Señor holocaustos y sacrificios de acción de gracias. Cuando terminó, David bendijo al pueblo en nombre del Señor de los ejércitos y repartió a todo el pueblo, a cada hombre y a cada mujer de Israel, un pan, un trozo de carne asada y un pastel de pasas. Después se fueron todos, cada uno a su casa.
Salmo Responsorial
R. (8a) El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, ábranse de par en par;
agrándense, portones eternos,
porque va a entrar el rey de la gloria!
R. El Señor es el rey de la gloria.
Y ¿quién es el rey de la gloria?
Es el Señor, fuerte y poderoso,
el Señor, poderoso en la batalla.
R. El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, ábranse de par en par;
agrándense, portones eternos,
porque va a entrar el rey de la gloria!
R. El Señor es el rey de la gloria.
Y ¿quién es el rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos,
es el rey de la gloria.
R. El Señor es el rey de la gloria.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús nos asegura que lo que nos acerca a Dios y nos hace sus parientes y familiares es el hacer la voluntad del Padre. Esto es lo que realmente importa, más que los lazos de sangre.
En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: "Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan".
Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: "Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".
Oración de los Fieles
– Que nuestras liturgias sean celebraciones verdaderas en las que expresemos la alegría de nuestra fe, el amor de Dios por nosotros y para nuestra vida en Cristo, oremos.
– Que la Iglesia pueda dar al mundo un signo de la esperanza y alegría, oremos.
– Que los cristianos podamos ser personas alegres, porque entre nosotros existe la compasión, el perdón y la esperanza, ya que Dios vive entre nosotros, oremos.
Oración sobre las Ofrendas
Dios de la vida y la alegría,
en estos signos de pan y vino
nosotros celebramos
el banquete de la victoria de tu Hijo
sobre la muerte.
Ayúdanos a creer
en todo lo que hay en nosotros
en su vida y su presencia.
Que nuestra vida sea alegre
y lleve a los demás alegría y esperanza
ahora y siempre.
Por Jesucristo, Hijo tuyo
y Señor nuestro.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro,
creemos en la alegría
porque tú nos ha escogido
para ser libres y felices
en tu Hijo Jesucristo.
Haz que nuestra alegría sea
imaginativa y creadora;
que podamos compartir con los demás
una esperanza y amor comunes
y construir juntos un futuro
donde sea bueno vivir
según el ejemplo de tu Hijo resucitado,
Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
¡Si hubiese más alegría en nuestras celebraciones! ¡Si pudiésemos cantar y bailar de alegría porque Jesús nos ha redimido y está presente entre nosotros! Que Dios les conceda alegría y los bendiga el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.
