TERCERA SEMANA DE PASCUA MARTES

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

JESÚS, EL PAN DE VIDA, VIVE EN SUS DISCÍPULOS

Oración Colecta
Señor Dios nuestro, Padre generoso:
Tú nos has dado a tu Hijo Jesús
para vivir de nuevo, con él y como él,
su Pasión y Resurrección.
Por medio de Jesús, danos el valor
de ponernos en tus manos
en las pruebas de la vida y en la misma muerte,
para que un día veamos tu gloria
y veamos también, sentado a tu derecha,
a tu Hijo Jesucristo,
que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Hechos 7, 51–8, 1

     Esteban, y los cristianos perseguidos de la Iglesia primitiva re-viven en sí mismos la pasión de Cristo; sufren no solamente “por” Cristo, sino también “con él y como él”. Su actitud es también: “Señor Jesús, recibe mi espíritu; Señor, no tengas en cuenta esto contra ellos”. Esteban y los primeros cristianos están seguros de que la muerte no tiene la última palabra.

 

En aquellos días, habló Esteban ante el sanedrín, diciendo: “Hombres de cabeza dura, cerrados de corazón y de oídos. Ustedes resisten siempre al Espíritu Santo; ustedes son iguales a sus padres. ¿A qué profeta no persiguieron sus padres? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, al que ahora ustedes han traicionado y dado muerte. Recibieron la ley por medio de los ángeles y no la han observado”.

Al oír estas cosas, los miembros del sanedrín se enfurecieron y rechinaban los dientes de rabia contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, miró al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios, y dijo: “Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios”.

Entonces los miembros del sanedrín gritaron con fuerza, se taparon los oídos y todos a una se precipitaron sobre él. Lo sacaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearlo. Los falsos testigos depositaron sus mantos a los pies de un joven, llamado Saulo.

Mientras lo apedreaban, Esteban repetía esta oración: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Después se puso de rodillas y dijo con fuerte voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”. Diciendo esto, se durmió en el Señor. Y Saulo estuvo de acuerdo en que mataran a Esteban.

Salmo Responsorial

Salmo 30, 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21ab

R. (6a) En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya.
Sé tú, Señor, mi fortaleza y mi refugio,
la muralla que me salve.
Tú, que eres mi fortaleza y mi defensa,
por tu nombre, dirígeme y guíame.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya.
En tus manos encomiendo mi espíritu
y tú, mi Dios leal, me librarás.
En ti, Señor, deposito mi confianza
y tu misericordia me llenará de alegría.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya.
Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo
y sálvame, por tu misericordia;
cuídame, Señor, y escóndeme junto a ti,
lejos de las intrigas de los hombres.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 6, 35

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan de la vida, dice el Señor;
el que viene a mí no tendrá hambre.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

Reunidos en esta asamblea eucarística, agradecidos y bendecidos por tu amor sin límites hecho Pan para nosotros, te invocamos: R/Señor, danos siempre de este Pan.

– Por los que buscan sentido a su vida y tienen hambre de lo bueno, lo bello y lo justo. Para que encuentren personalmente a Jesús en su Pan, su Palabra y sus hermanos y hermanas, le pedimos.
– Por aquellos cuya fe es probada en persecuciones. Para que el Señor les dé la fortaleza de permanecer siempre fieles, le pedimos.
– Por nuestras comunidades cristianas. Para que nunca sean privadas de la eucaristía, le pedimos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre eterno:
En estos signos de pan y vino
tú nos das a tu Hijo Jesucristo.
Concédenos que, alimentados por él,
nunca más tengamos hambre.
Que creamos en él y nunca más tengamos sed.
Que él sea para nosotros el pan de inmortalidad
que nos sustenta en el camino de la vida,
hasta que alcancemos tu morada eterna
donde podamos vivir contigo
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor, Dios amoroso:
Tu Hijo nos ha alimentado
con su Pan de Vida.
Danos siempre este Pan.
Que Jesús calme nuestras hambres más profundas:
hambre de todo lo bello, bueno y verdadero.
Para que seamos para todos los que nos rodean
pan entregado para la vida del mundo,
juntamente con tu Hijo Jesucristo
que vive contigo y con nosotros
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Cristo es nuestro pan, nuestro alimento, nuestra riqueza, el sentido de nuestras vidas, que nos acompaña en el viaje de la vida. Que siga siempre nutriéndonos en la Eucaristía. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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