TERCERA SEMANA DE PASCUA LUNES
¿POR QUÉ BUSCAMOS A JESÚS?
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
¿POR QUÉ BUSCAMOS A JESÚS?
Oración Colecta
Oh Dios de la vida:
Anhelamos ardientemente la vida y felicidad eternas
y la realización de todas nuestras esperanzas.
Sacia todas nuestras hambres
por medio de Jesucristo tu Hijo,
que es nuestro pan de vida.
Y cuando él nos haya llenado de sí mismo,
que nos guíe también y nos dé fuerza
para poder llevar a un mundo que espera
el alimento de reconciliación y alegría
que solamente tú puedes dar en plenitud.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Esteban, uno de los 7 diáconos de la primera comunidad cristiana, habrá de sufrir el martirio por la causa de Jesús. Será el primer mártir de la Iglesia. Pero, en su dolor, manifestará la gloria de Dios.
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios y signos entre la gente.
Algunos judíos de la sinagoga llamada "de los Libertos", procedentes de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no podían refutar la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.
Entonces sobornaron a algunos hombres para que dijeran: "Nosotros hemos oído a este hombre blasfemar contra Moisés y contra Dios".
Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; cayeron sobre Esteban, se apoderaron de él por sorpresa y lo llevaron ante el sanedrín. Allí presentaron testigos falsos, que dijeron: "Este hombre no deja de hablar contra el lugar santo del templo y contra la ley. Lo hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret va a destruir el lugar santo y a cambiar las tradiciones que recibimos de Moisés".
Los miembros del sanedrín miraron a Esteban y su rostro les pareció tan imponente como el de un ángel.
Salmo Responsorial
Salmo 118, 23-24. 26-27. 29-30
R. (1b) Dichoso el que cumple en la voluntad del Señor. Aleluya.
Aunque los poderosos se burlen de mí,
yo seguiré observando fielmente tu ley.
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría;
ellos son también mis consejeros.
R. Dichoso el que cumple en la voluntad del Señor. Aleluya.
Te conté mis necesidades y me escuchaste;
enséñame, Señor, tu voluntad.
Dame nueva luz para conocer tu ley
y para meditar las maravillas de tu amor.
R. Dichoso el que cumple en la voluntad del Señor. Aleluya.
Apártame de los caminos falsos,
y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
He escogido el camino de la lealtad
a tu voluntad y a tus mandamientos.
R. Dichoso el que cumple en la voluntad del Señor. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.
Evangelio
A aquellos que lo siguieron después de comer el pan de la multiplicación milagrosa, Jesús les reprochó: “Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.” Y nosotros, ¿por qué lo buscamos?
Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".
Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado".
Oración de los Fieles
Señor Dios, elevamos una plegaria por toda la Iglesia, de la que somos parte. Para que seamos testigos de tu Buena Noticia sin concesiones, te pedimos: R/Quédate con nosotros, Señor.
– Por la Iglesia, para que sus líderes y ministros sustenten al Pueblo de Dios con el alimento sólido del Evangelio, roguemos al Señor.
– Por los cristianos divididos, para que pronto podamos partir y compartir todos juntos el alimento único del único Señor, el Pan de la Eucaristía, roguemos al Señor.
– Por todas las comunidades cristianas, para que aprendamos a apreciar el tremendo valor de la Eucaristía y a sacar de él la fuerza para comprometernos con nuestros prójimos, cercanos y lejanos, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Para este banquete de la eucaristía,
banquete de acción de gracias,
traemos ante ti pan y vino,
los dones que tú mismo nos has dado.
Ellos expresan nuestra vida y nuestra lucha.
Que se conviertan en signos vivos
de la presencia de tu Hijo entre nosotros,
para que él nos sustente en nuestro caminar
hacia una vida y alegría plenas y eternas,
y que nos disponga a entregarnos generosamente,
con él y como él,
para la vida y felicidad de todo tu pueblo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Padre nuestro amoroso:
En el pan eucarístico partido aquí para nosotros
reconocemos al que es la luz de vida,
a tu Hijo Jesucristo.
Danos siempre este pan,
que sea Jesús nuestro pan de cada día,
que sabe mejor cuando se lo comparte
con todos los que, de cualquier manera,
tienen hambre de él.
Concédenoslo por medio del mismo Jesucristo,
nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: “Trabajen no por el alimento que perece sino por el que perdura y da vida”, nos dice Jesús. En la vida, pues, busquemos al Señor y las cosas de valor eterno. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
