TERCERA SEMANA DE PASCUA JUEVES

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

ENCUENTRO CON CRISTO EN LA PALABRA y EN EL SACRAMENTO

Oración Colecta
Oh Padre de bondad:
Tú atraes hacia ti a todos los hombres
que creen en tu Hijo Jesucristo.
Fe, Señor, fe es lo que necesitamos.
Dánosla, te rogamos;
una fe viva para que podamos encontrar hoy
a Jesucristo, tu Hijo,
en tu palabra que nos diriges,
en el Pan de Vida que nos ofreces,
y en el alimento que podemos compartir
mutuamente con los hermanos.
Todo ello en el mismo Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
que vive contigo y con el Espíritu Santo
ahora y por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Hechos 8, 26-40

     La conversión del tesorero de la reina de Etiopía es un dulce reflejo del diálogo evangelizador al que debemos abrirnos con todos los que Dios pone en nuestro camino para anunciarle su Amor.

En aquellos días, un ángel del Señor le dijo a Felipe: "Levántate y toma el camino del sur, que va de Jerusalén a Gaza y que es poco transitado". Felipe se puso en camino. Y sucedió que un etíope, alto funcionario de Candaces, reina de Etiopía, y administrador de sus tesoros, que había venido a Jerusalén para adorar a Dios, regresaba en su carro, leyendo al profeta Isaías.

Entonces el Espíritu le dijo a Felipe: "Acércate y camina junto a ese carro". Corrió Felipe, y oyendo que el hombre leía al profeta Isaías, le preguntó: "¿Entiendes lo que estás leyendo?" Él le contestó: "¿Cómo voy a entenderlo, si nadie me lo explica?" Entonces invitó a Felipe a subir y a sentarse junto a él.

El pasaje de la Escritura que estaba leyendo, era éste: Como oveja fue llevado a la muerte; como cordero que no se queja frente al que lo trasquila, así él no abrió la boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, puesto que su vida ha sido arrancada de la tierra?

El etíope le preguntó a Felipe: "Dime, por favor: ¿De quién dice esto el profeta, de sí mismo o de otro?" Felipe comenzó a hablarle y partiendo de aquel pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús. Siguieron adelante, llegaron a un sitio donde había agua y dijo el etíope: "Aquí hay agua. ¿Hay alguna dificultad para que me bautices?" Felipe le contestó: "Ninguna, si crees de todo corazón". Respondió el etíope: "Creo que Jesús es el Hijo de Dios". Mandó parar el carro, bajaron los dos al agua y Felipe lo bautizó.

Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope ya no lo vio más y prosiguió su viaje, lleno de alegría. En cuanto a Felipe, se encontró en la ciudad de Azoto y evangelizaba los poblados que encontraba a su paso, hasta que llegó a Cesarea.

Salmo Responsorial

Salmo 65, 8-9. 16-17. 20

R. (1) Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya.
Naciones, bendigan a nuestro Dios,
hagan resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies.
R. Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya.
Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen,
y les diré lo que ha hecho por mí;
a él dirigí mis oraciones
y mi lengua le cantó alabanzas.
R. Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su gracia.
R. Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 6, 51

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor;
el que coma de este pan vivirá para siempre.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

Padre misericordioso, te damos gracias por el amor que nos das y porque sales a nuestro encuentro, como en el camino a Emaús, para escuchar nuestras dudas y darnos luz y vida. Por eso te decimos: R/Te damos gracias, Señor. No abandones la obra de tus manos.

– Por tu Palabra y tu persona, que están tan vivas en nosotros y nos mueven a compartirlas con todos los que viven junto a nosotros, te decimos.
– Por la Eucaristía, que revitaliza nuestras comunidades con el espíritu de servicio y de justicia, te decimos.
– Por el entusiasmo y la alegría que nos infundes, como a los primeros cristianos, te decimos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios,
queremos vivir,
vivir al máximo y sin límites ni fronteras.
Te rogamos nos des el Pan de Vida
para que conozcamos, amemos y vivamos intensamente;
para que nos demos a nosotros mismos
con Jesús, que se dio a sí mismo
como carne para la vida del mundo.
Que así podamos resucitar con él en el último día
para vivir felizmente contigo
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios de los vivientes:
Tú nos has dado el Pan de Vida
para que, comiéndolo,
no muramos y tengamos vida.
Te damos gracias por ello, Padre,
pero fortalece y haz más profunda nuestra fe,
para que reconozcamos que tu Hijo está con nosotros,
y que con él el mundo puede vivir
una vida digna de vivirse,
una vida de esperanza y de justicia,
de dignidad y de amor,
una vida que perdure
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Vivir, ser vivaz, vibrar animosos con la vida… Así es cómo nosotros y nuestras comunidades habríamos de mostrarnos si es que el Señor está vivo realmente entre nosotros. Algunas comunidades cristianas primitivas se llamaban a sí mismas Hoy zontes, (“Los que viven”). ¿Acaso no habríamos de ser todos así? Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos nosotros y permanezca para siempre.

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