TERCERA SEMANA DE CUARESMA MIÉRCOLES
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
LOS MANDAMIENTOS, SIGNOS DE LIBERTAD y DE AMOR
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú nos has dado tus mandamientos
para ponernos en el camino de la auténtica libertad,
libertad de todas formas de alienación.
Te pedimos que aprendamos a obedecerlos
no para salvarnos por medio de observancias
ni para hacerte favores a ti,
sino para, siendo libres,
entregarnos a ti y a tu pueblo
y vivir en tu amor,
con Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Primera Lectura
Obra los mandatos de Dios
Moisés guía al pueblo de Dios y le transmite sus mandamientos como el camino para liberarse de toda forma de esclavitud –de los otros dioses, del egoísmo, del rencor, de la explotación de una persona por otra…– y como signo de la Alianza de amor de Dios con su pueblo.
En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: "Ahora, Israel, escucha los mandatos y preceptos que te enseño, para que los pongas en práctica y puedas así vivir y entrar a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de tus padres, te va a dar.
Yo les enseño mandatos y preceptos, como me ordena el Señor, mi Dios, para que se ajusten a ellos en la tierra en que van a entrar y que van a tomar en posesión. Guárdenlos y cúmplanlos, porque ellos son su sabiduría y su prudencia a los ojos de los pueblos. Cuando tengan noticia de todos estos preceptos, se dirán: 'En verdad esta gran nación es un pueblo sabio y prudente'. Porque, ¿cuál otra nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos como lo está nuestro Dios, siempre que lo invocamos? ¿Cuál es la gran nación cuyos mandatos y preceptos sean tan justos como toda esta ley que ahora les doy?
Pero ten cuidado y atiende bien: No vayas a olvidarte de estos hechos que tus ojos han visto, ni dejes que se aparten de tu corazón en todos los días de tu vida; al contrario, transmíteselos a tus hijos y a los hijos de tus hijos".
Salmo Responsorial
Salmo 147, 12-13. 15-16. 19-20
R. (12a) Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén;
a Dios ríndele honores, Israel.
El refuerza el cerrojo de tus puertas
y bendice a tus hijos en tu casa.
R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
El mantiene la paz en tus fronteras,
con su trigo mejor sacia tu hambre.
El envía a la tierra su mensaje
y su palabra corre velozmente.
R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Le muestra a Jacob su pensamiento,
sus normas y designios a Israel.
No ha hecho nada igual con ningún pueblo,
ni le ha confiado a otro sus proyectos.
R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Tú tienes palabras de vida eterna.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Quien cumpla y enseñe será grande en el reino
Cristo categoriza los mandamientos ligándolos no a una observancia disciplinaria externa y condenatoria sino al espíritu de comunión de los creyentes con Dios y con sus hermanas y hermanos.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos".
Oración de los Fieles
En este tiempo especial de Cuaresma, de conversión, presentemos al Padre el propósito de vivir los mandamientos como fuente de libertad para cada uno y de liberación para todos, diciéndole: R/Queremos honrar tu ley por amor y no por miedo.
Para que aprendamos a percibir los mandamientos como los percibía el pueblo de Dios en la antigüedad: como guías para la fidelidad y para vivir una libertad auténtica, roguemos al Señor.
Para que no nos veamos enredados en la letra de la ley sino que sirvamos al Señor con la libertad de los hijos e hijas de Dios, como Jesucristo nos enseña en el Evangelio, roguemos al Señor.
Para que constantemente nos preguntemos no tanto qué tenemos que hacer, sino más bien qué podemos hacer para amar cada día más a Dios y a los hermanos, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú estás cerca de nosotros, en tu Hijo Jesucristo.
Queremos que él nos haga conscientes
del precio que pagó por nuestra libertad.
Al sentarnos ahora a la mesa eucarística con él,
le pediremos la gracia y la fuerza
para darte una respuesta de libertad
y que con él te amemos a ti
como hijos e hijas tuyos,
ahora y por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú nos has elegido para ser tu pueblo.
Que tu Hijo esté vivo en nosotros,
para que con él te seamos fieles a ti,
y construyamos juntos
una tierra de libertad y fraternidad
hasta que tú te nos des totalmente por siempre.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Que el gran mandamiento que nos dio Jesús –“Amen a Dios y a su prójimo como a ustedes mismos”– guíe nuestra vida y la haga rica y hermosa. Contamos con la fuerza del Señor. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
