SOLEMNIDAD DE CRISTO REY – B

Un rey diferente, como ninguno / Un rey en el trono de la cruz

Ciclo Litúrgico: B

Introducción

Saludo (Ver Segunda Lectura)
Para ustedes, todas las bendiciones de Jesucristo,
nuestro Rey y Señor Salvador,
el principio y fin de todo lo que existe,
el que es, el que era y el que viene.
Que su paz y su gracia estén siempre con ustedes.

Introducción del Celebrante
1. Un rey diferente, como ninguno
La palabra “rey” nos remite a poder, riquezas, esplendor. En la fiesta de hoy, ¿qué clase de rey se nos presenta? Un hombre que lleva una corona de espinas, vestido con un manto de púrpura para mofarse de él como de un rey farsante, y de pie ante Pilatos, que representa a los poderes del mundo, acusado como un criminal. ¿Dónde se puede encontrar el verdadero poder de Cristo como Rey? En la verdad del Amor de Dios, para el que Cristo vino a testificar, amando hasta el fin con auténtica actitud de servicio. Dios Padre nos ama totalmente en su Hijo Jesús. Por eso Jesús es nuestro Señor y Rey.

2. Un rey en el trono de la cruz
Jesús fue clavado en una cruz, y así murió. Junto a él crucificaron también a dos bandidos. Y allí tuvo lugar uno de los más extraños diálogos que haya habido: El bandido, impresionado por la mesura y serenidad de Jesús, le dijo: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. Y Jesús respondió: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.” ¡Un hombre condenado a muerte, agonizando en la cruz aparentemente por una causa criminal, promete un reino y un paraíso de felicidad! Esto proclama por sí solo, fuertemente, qué clase de rey celebramos hoy: Cristo, el rey no del poder y la riqueza, sino de la verdad, de la entrega, del amor y la paz.

Acto Penitencial (Dos opciones)
1. Un rey diferente, como ninguno
¿Hasta dónde hemos seguido a Cristo, nuestro rey,
en su actitud de servicio, amor y verdad?
Examinémonos brevemente ante el Señor.
(Pausa)
Señor Jesús, rey de nuestros corazones,
tú naciste uno de nosotros
en la pobreza de un pesebre en una cueva de Belén.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, rey de los hombres,
tú viniste a ser el siervo de todos,
especialmente de los enfermos, los débiles y pecadores.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, rey del universo,
tu amor llegó tan lejos y tan profundo
que te llevó a entregar tu propia vida por todos.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Concédenos, Padre compasivo, tu perdón sanador
y haznos participar en tu reinado
ayudándonos a crecer en tu verdad,
tu amor y tu espíritu de servicio.
Llévanos a la vida eterna.

2. Un rey en el trono de la cruz
No hemos hecho suficientemente visible
el Reino del Amor de Dios.
Por ello pidamos perdón al Señor.
(Pausa)
Señor Jesús, tuyo es el reino
de un Amor totalmente entregado.
¡A ti toda alabanza!
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tuyo es el reino
de justicia, administrada hasta a los más débiles y pobres.
¡A ti toda alabanza!
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tuyo es el reino
de la verdad fiable y sincera
¡A ti toda alabanza!
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, por tu gran misericordia
perdona nuestros pecados.
Vive y reina en nosotros,
y llévanos al gozo de la vida eterna.

Oración Colecta
Roguemos para que sepamos reinar con Jesús,
sirviendo como él.
(Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro:
Cuando quisiste mostrarnos
que tú eres el dueño de todo
y el Señor de todos los hombres,
nos enviaste a Jesús, tu Hijo,
como el humilde siervo de tu Amor,
que ofreció su vida por todos en la cruz.
Danos suficiente fe para aprender de él
que servir es reinar
y que dar nuestra vida por nuestros hermanos
es encontrar una alegría y felicidad
que nadie nos puede arrebatar.
Te lo pedimos en el nombre de Cristo,
que es nuestro Rey y Señor, ahora
y por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Dan 7,13-14

Hijo del Hombre y Rey eterno
En la visión de Daniel, un “Hijo del Hombre” vendrá a reunir a su Pueblo. Será Jesús, que lo gobernará como un Rey único y eterno.

Error: Libro o formato no reconocido: Dan 7,13-14

Salmo Responsorial

<span style="color: #3366ff">Salmo 92, 1ab. 1c-2. 5</span>

R. (1a) Señor, tú eres nuestro rey.
Tú eres, Señor, el rey de todos los reyes.
Estás revestido de poder y majestad. R.
R. Señor, tú eres nuestro rey.
Tú mantienes el orbe y no vacila.
Eres eterno, y para siempre está firme tu trono. R.
R. Señor, tú eres nuestro rey.
Muy dignas de confianza son tus leyes
y desde hoy y para siempre, Señor,
la santidad adorna tu templo. R.
R. Señor, tú eres nuestro rey.

Segunda Lectura

Ap 1,5-8

Todo poder y toda gloria a Cristo
Hemos sido escogidos para participar en la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte, y para invitar a todos los hombres y a todo el mundo a dar culto a Dios.

5

y de parte de Jesucristo, el testigo fidedigno, el primogénito de los muertos, el Señor de los reyes del mundo. Al que nos ama y nos libró con su sangre de nuestros pecados,

6

e hizo de nosotros un reino, sacerdotes de su Padre Dios, a él la gloria y el poder por los siglos [de los siglos] amén.

7

Mira que llega entre las nubes:

todos los ojos lo verán,

también los que lo atravesaron;

y todas las razas del mundo

se darán golpes de pecho por él.

Así es, amén.

8

Yo soy el alfa y la omega, dice el Señor Dios, Aquel que es, que era y que será, el Todopoderoso.

Aclamación antes del Evangelio

<span style="color: #3366ff">Marcos 11, 9. 10</span>

R. Aleluya, aleluya.
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!
R. Aleluya.

Evangelio

Jn 18,33b-37

“Mi reino no es de este mundo”
Jesús reconoce ante Pilatos que es rey. Pero su Reino no se sostiene en la fuerza ni en la violencia. Es el Reino de los que aceptan libremente la verdad y la vida de Cristo.

33

Entró de nuevo Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:

—¿Eres tú el rey de los judíos?

34

Jesús respondió:

—¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí?

35

Pilato respondió:

—¡Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

36

Contestó Jesús:

—Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis soldados habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.

37

Le dijo Pilato:

—Entonces, ¿tú eres rey?

Jesús contestó:

—Tú lo dices. Yo soy rey, para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.

Oración de los Fieles

Oremos a Cristo, nuestro Rey, para que reine en medio de todos los hombres por el poder de su amor diciendo: R/ Señor, que venga a nosotros tu Reino.

– Bendito seas, Señor, Rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un Pueblo libre. Por los líderes de las naciones que aman la libertad y la instauran en sus países, y también por los que la estrangulan y matan, oprimiendo así a sus pueblos, con confianza te pedimos.
– Bendito seas, Señor, Rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un Pueblo de hermanos. Por los que respetan y defienden la dignidad y los derechos de los demás, y también por los que oprimen a sus hermanos y sólo defienden sus propios intereses egoístas, con confianza te pedimos.
– Bendito seas, Señor, Rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un Pueblo de testigos. Por los cristianos que viven intensamente su fe, y también por los que desgraciadamente han dejado enfriar o incluso morir su fe, con confianza te pedimos.
– Bendito seas, Señor, Rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un Pueblo que viva en la verdad. Por aquellos en cuyas palabras y obras podemos confiar, y también por los que engañan, viven de la mentira y te traicionan a ti y a los hermanos, con confianza te pedimos.
– Bendito seas, Señor, Rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo fraterno orientado al servicio. Por todos los que ayudan y cuidan a los demás, y también por los que solamente piensan en sí mismos sin importarles nada los demás, con confianza te pedimos.
– Bendito seas, Señor, Rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un Pueblo de esperanza. Por todos los que con optimismo siguen esforzándose y trabajando por todo lo bueno, y también por los que se rinden y se dejan llevar por el pesimismo y desaliento, con confianza te pedimos.
– Señor y Rey nuestro, contigo queremos llevar las cargas de nuestros hermanos. Que su peso sea ligero, ya es una carga de entrega y amor. Danos fortaleza ahora y por siempre. Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre nuestro:
Tú has puesto en nuestras manos
un pedazo de pan y un sorbo de vino,
pero también nos has confiado
el crecimiento de tu Reino
y el futuro del mundo.
Haz tangible y efectivo este crecimiento y este futuro
dándole el nombre y la fuerza de Jesús, tu Hijo.
Como él y con él, queremos entregarnos totalmente
a ti y a los hermanos,
con amor generoso y con dedicado servicio.
Te lo pedimos en nombre del mismo Jesús, el Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
En esta eucaristía celebramos cómo Cristo nos liberó del pecado por su sangre derramada y nos trajo vida por su Resurrección. Con él damos gracias a nuestro Padre del cielo, y pedimos que sepamos vivir seriamente entregados a él y a su Reino.

Invitación al Padre Nuestro
Con Jesús, nuestro Señor y Rey,
rogamos a nuestro Padre en el cielo
que su reino crezca entre nosotros.
R/Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concede a este nuestro mundo dividido
la paz del reino de tu Hijo.
Líbranos de los pecados
por los que él por amor murió en la cruz.
En las dificultades y pruebas de la vida,
danos la certeza,
de que los que le sirven lealmente
tendrán parte en su alegría
en la venida gloriosa del reino
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/Tuyo es el Reino…

Invitación a la Comunión
Este es Jesucristo, nuestro Rey y Señor,
que es el principio y el fin,
y quien da sentido a nuestras vidas.
Dichosos nosotros invitados
a la mesa de su Reino.
R/Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Pilatos dijo de Jesús, tu Hijo:
“He aquí al hombre. Miren a su rey.”
Jesús ha estado con nosotros ahora
y lo hemos reconocido en fe
como tu Hijo eterno,
como un hombre y como nuestro Rey.
Haznos responder generosamente a este desafío
para llegar a ser, como él, gente que vive para los demás,
que puede dar un rostro, una voz,
un corazón y un nombre a tu Amor
siempre listo para el servicio.
Ayúdanos a acogerlo como origen y fin
de todo lo que somos y hacemos.
Que él sea nuestro Rey y Señor
por los siglos de los siglos.

Bendición Solemne
Hermanos: Inclinen la cabeza con reverencia y rueguen por la bendición del Señor.
- Que la Buena Noticia del Reino se extienda y enriquezca a todos los pueblos y culturas por todas partes del ancho mundo.
- Que el reinado de Cristo crezca entre nosotros como un Reino de justicia, amor y paz.
- Que la luz de la verdad de Cristo ilumine a todos y que su Amor servicial esté vivo en todos nosotros.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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