SEXTO DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
Ciclo Litúrgico: A,B,C
Introducción
“Si me aman, vendrá el Espíritu”
“Abran sus corazones al aliento del Espíritu”
Saludo (Ver el Evangelio)
“No los dejaré huérfanos”, dice Jesús.
“Mi Padre les dará
el Espíritu de la verdad.”
Que el Espíritu de nuestro Señor Jesús
esté siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. “Si me aman… vendrá el Espíritu”
Somos cristianos, hombres y mujeres que seguimos a Cristo. ¿Qué es lo que nos da la seguridad de que realmente lo amamos? Jesús nos dice hoy: “Si me aman ustedes, guardarán mis mandamientos”. Y sabemos muy bien que su mandamiento es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y a tu prójimo como a ti mismo”. Hoy Jesús nos promete el Espíritu Santo, que nos hará ver lo que tenemos que hacer para amar a Dios y a nuestro prójimo y que nos dará la fuerza para hacerlo. Pidamos a Jesús aquí presente que nos dé el Espíritu de discernimiento y de fortaleza.
2. “Abran sus corazones al aliento del Espíritu”
Cuando un padre ejemplar de una familia fallece, es de gran consuelo para su esposa y amigos si sus ideales y estilo de vida permanecen vivos en sus hijos. “Él sigue inspirándolos”, se dice. Jesús no está muerto, pues, aunque murió, resucitó a una nueva vida, aunque ya no esté físicamente entre nosotros. Pero su Espíritu mismo está todavía con nosotros, como un aliento, como el viento, o incluso como una tormenta. Donde él sopla, lo sentimos sin verlo. Él toca nuestros corazones y nos empuja hacia este mundo frío, para renovarnos a nosotros, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo por medio de nuestras manos y corazones. Oremos para que este Espíritu viva siempre en nosotros.
Acto Penitencial (Dos opciones)
1. “Si me aman… vendrá el Espíritu”
Estamos todavía muy lejos de amar a Dios con todo nuestro corazón
y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Le pedimos al Señor que nos perdone.
(Pausa)
Señor Jesús, si realmente te amamos,
escucharemos al Espíritu
que nos dice cómo amar y servir a Dios.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, si realmente te amamos,
dejaremos que el Espíritu nos guíe
para idear nuevas formas de amar a los que nos rodean.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, si realmente te amamos,
dejaremos que el Espíritu nos inspire
para asemejarnos más a ti.
R/ Señor, te piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdona nuestros pecados.
Derrama tu Espíritu de luz sobre nosotros
y llévanos a la vida eterna.
2. “Abran sus corazones al aliento del Espíritu”
¿Está moviéndonos el aliento del Espíritu,
o dejamos que el pecado nos paralice?
Examinémonos ante el Señor.
(Pausa)
Señor, que tu Espíritu de verdad nos inspire
para ser honestos con Dios,
con nosotros mismos y con nuestros hermanos.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, que tu Espíritu de libertad nos inspire
para llevar una verdadera liberación a nuestros hermanos.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, que tu Espíritu creador lleno de amor
nos impulse a formar comunidades
en las que compartamos nuestro compromiso
y nuestra esperanza por un mundo mejor.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor,
y que el Espíritu elimine nuestros pecados.
Que él nos haga fieles y fuertes
en el camino hacia la vida eterna.
Oración Colecta
Oremos con plena esperanza
para que el Espíritu Santo
sea derramado sobre nosotros.
(Pausa)
Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Tu Hijo nos prometió
que no nos dejaría huérfanos.
Danos el Espíritu de la Verdad,
para que esté con nosotros y viva en nosotros
y así sepamos a dónde nos encaminamos;
y para que sigamos a Jesucristo
en el camino que conduce a ti y a los hermanos.
Que este Espíritu encienda en nosotros
el amor de Jesús,
para que hagamos visible y tangible a todos
la Buena Noticia de su amor.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Recibieron el Espíritu Santo
Cuando se fundó en Antioquía una comunidad no-judía, el Espíritu Santo confirmó este paso importante en la vida de una Iglesia universal, ya que descendió sobre los samaritanos.
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. La multitud escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.
Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Éstos, al llegar, oraron por los que se habían convertido, para que recibieran el Espíritu Santo, porque aún no lo habían recibido y solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan impusieron las manos sobre ellos, y ellos recibieron el Espíritu Santo.
Salmo Responsorial
Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20
R. (1) Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Que aclame al Señor toda la tierra.
Celebremos su gloria y su poder,
cantemos un himno de alabanza,
digamos al Señor: “Tu obra es admirable”.
R. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Que se postre ante ti la tierra entera
y celebre con cánticos tu nombre.
Admiremos las obras del Señor,
los prodigios que ha hecho por los hombres.
R. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
El transformó el mar Rojo en tierra firme
y los hizo cruzar el Jordán a pie enjuto.
Llenémonos por eso de gozo y gratitud:
El Señor es eterno y poderoso.
R. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen,
y les diré lo que ha hecho por mí.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su gracia.
R. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.
Segunda Lectura
Sufrir con la mentalidad y la actitud de Cristo
Pedro anima a los cristianos que sufren incomprensión y persecución. Den testimonio de su fe, dice, y acepten los sufrimientos con la actitud y mentalidad de Cristo. Entonces vencerán con él.
Hermanos: Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, dispuestos siempre a dar, al que las pidiere, las razones de la esperanza de ustedes. Pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia. Así quedarán avergonzados los que denigran la conducta cristiana de ustedes, pues mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
El que me ama, cumplirá mi palabra, dice el Señor;
y mi Padre lo amará y vendremos a él.
R. Aleluya.
Evangelio
El Padre les dará a ustedes el Espíritu
Cristo promete su Espíritu Santo para ayudarnos a creer y a vivir nuestra fe y así vivamos en el amor del Padre y del Hijo.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.
El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.
Oración de los Fieles
Fieles al mandamiento de Jesús, que nos llama a amar a todos, unámonos en oración con el mismo Jesús nuestro Señor, y digámosle: R/ ¡Señor, danos tu Espíritu!
– Para que reciban el Espíritu de fortaleza todos los que tienen que dar testimonio de la esperanza que está viva en nosotros, roguemos al Señor.
– Para que reciban el Espíritu de poder los que son perseguidos por seguir el dictado de su conciencia y por vivir y defender su integridad, roguemos al Señor.
– Para que reciban el Espíritu de luz los que todavía no conocen al Señor y los que dejan de seguirlo, roguemos al Señor.
– Para que reciban el Espíritu de amor los que quieren crecer en el amor de Dios y de los hermanos, roguemos al Señor.
– Para que recibamos el Espíritu de unidad todos los que participamos en esta eucaristía con fe y comprensión, roguemos al Señor.
Señor Jesús, derrama generosamente tu Santo Espíritu sobre nuestro mundo y sobre nuestra Iglesia. Que él nos conduzca hacia adelante con esperanza y nos ayude a construir contigo nuestro futuro, pues tú eres nuestro Dios y Señor por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Tu Hijo prometió
que no nos dejaría huérfanos
sino que estaría siempre con nosotros.
Que tu espíritu de poder y verdad
cambie estos dones de pan y vino que te presentamos
en tu Hijo, presente aquí en medio de nosotros.
Por medio del Espíritu Santo de amor
créanos de nuevo y danos una nueva esperanza
de que podemos cumplir tu voluntad liberadora
y vivir en tu amor por los siglos de los siglos.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Movidos por el Espíritu Santo, con alegría demos gracias al Padre.
Introducción al Padre Nuestro
Guiados y movidos por el Santo Espíritu de Jesús,
oremos, con nuestro Señor,
su oración al Padre del cielo.
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y mantén a tu Iglesia libre de persecución.
Cuando sufrimos por nuestra fe,
que el Espíritu de verdad nos ayude
a dar testimonio de ti sin miedo,
con el valor de aquel que,
aun asesinado,
permaneció vivo en su espíritu:
nuestro Señor resucitado y nuestro Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…
Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, nuestro Señor resucitado, que dijo:
“Los que obedecen mis mandamientos
esos son los que me aman;
y a los que me aman el Padre los amará
y yo también los amaré.”
Dichosos nosotros
de ser amados por el Señor
y de recibirlo en comunión.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Tu Hijo nos ha restaurado con su cuerpo
y renovado nuestra esperanza
en la venida del Espíritu.
Que este mismo Espíritu
infunda en nosotros
las actitudes y mentalidad de Jesucristo,
para que demos testimonio, sin miedo,
de la presencia de tu Hijo entre nosotros.
Que él cree en nosotros
esperanza y amor sin condiciones ni fronteras.
Guárdanos alegres y libres
por la fuerza del sorprendente Espíritu
de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Podemos ir en paz y llevar con nosotros el Espíritu de Cristo, para que nuestras actitudes y mentalidad sean las del mismo Cristo, y nuestra vida sea la vida del Señor. No tengamos miedo de dar testimonio de él, ya que él mismo es nuestra fortaleza. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
