SEXTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
“¡USA TUS OJOS y OÍDOS!”
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Cuando no vemos claro en la vida,
cuando el sufrimiento nos viene de frente,
tendemos a echarte la culpa a ti o a la gente.
Ayúdanos a percatarnos claramente
del mal que nos rodea;
actúa en nosotros,
remueve nuestra codicia de riquezas y de poder,
nuestro egoísmo y autocomplacencia.
Pronuncia tu Palabra de perdón sobre nosotros
y transfórmanos:
que dejemos de ser una mayoría resignada y silenciosa
de egoísmo, maldad y pecado,
y empecemos a ser una mayoría que proclame abiertamente
solidaridad, bondad y amor,
por la gracia de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Santiago llama bienaventurados a los que resisten la prueba de las tentaciones. Pero las tentaciones no vienen de Dios, sino más bien de la concupiscencia que anida en nosotros mismos. De Dios vienen todos los buenos dones.
Hermanos: Dichoso el hombre que sufre la tentación, porque después de superarla, recibirá en premio la corona de la vida, que Dios ha prometido a los que lo aman.
Que nadie diga, cuando sufre una tentación, que es Dios el que lo tienta, porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni pone él mismo a nadie en tentación. Más bien, cuando alguno es tentado, es su propia concupiscencia la que lo arrastra y lo seduce. La concupiscencia concibe y da a luz al pecado; y el pecado, cuando madura, engendra la muerte.
No se equivoquen, queridos hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de lo alto, del creador de la luz, en quien no hay ni cambios ni sombras. Por su propia voluntad nos engendró mediante la palabra de la verdad, para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus creaturas.
Salmo Responsorial
R. (12a) Señor, dichoso aquel a quien tú educas.
Señor, dichoso aquel a quien tú educas,
y enseñas a cumplir tus mandamientos;
cuando lleguen las horas de desgracia,
no perderá el sosiego.
R. Señor, dichoso aquel a quien tú educas.
Jamás rechazará Dios a su pueblo
ni dejará a los suyos sin amparo.
Hará justicia al justo
y dará un porvenir al hombre honrado.
R. Señor, dichoso aquel a quien tú educas.
Cuando me hallaba al borde del sepulcro,
tu amor, Señor, me conservó la vida;
cuando se multiplican mis problemas,
en tus consuelos halla mi delicia.
R. Señor, dichoso aquel a quien tú educas.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará
y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
R. Aleluya.
Evangelio
El evangelio de hoy continúa el tema de ayer. No deberíamos pedir signos extraordinarios sino aprender a ver la presencia y la acción salvífica de Dios en los acontecimientos de la vida. Los apóstoles vieron los signos que Jesús realizó entre ellos. Nosotros también tendríamos que abrir nuestros ojos y oídos a las obras buenas que Dios hace continuamente entre nosotros.
En aquel tiempo, cuando los discípulos iban con Jesús en la barca, se dieron cuenta de que se les había olvidado llevar pan; sólo tenían uno. Jesús les hizo esta advertencia: "Fíjense bien y cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes". Entonces ellos comentaban entre sí: "Es que no tenemos panes".
Dándose cuenta de ello, Jesús les dijo: "¿Por qué están comentando que no trajeron panes? ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? ¿Tan embotada está su mente? ¿Para qué tienen ustedes ojos, si no ven, y oídos, si no oyen? ¿No recuerdan cuántos canastos de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil hombres?" Ellos le contestaron: "Doce". Y añadió: "¿Y cuántos canastos de sobras recogieron cuando repartí siete panes entre cuatro mil?" Le respondieron: "Siete". Entonces él dijo: "¿Y todavía no acaban de comprender?"
Oración de los Fieles
– Para que recordemos siempre cómo Jesús venció las tentaciones y le pidamos la fuerza para resistirlas, roguemos al Señor.
– Para que, cualquiera sea el peso o la profundidad de nuestra caída, recordemos que Dios todavía nos ama y está dispuesto a perdonarnos y a abrazarnos en su misericordia, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros, para que veamos los signos de la bondad de Dios y de la fe entre nosotros, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
En estos signos de pan y vino
nos das la seguridad
de que tú estás siempre con nosotros,
por medio de tu Hijo Jesucristo,
que se hizo uno de nosotros.
Danos ojos para ver y oídos para oír
todas las obras buenas que tú haces por nosotros
por medio de hermanos que nos confortan
y comparten con nosotros en la hora de la necesidad.
Ayúdanos a animarnos y alegrarnos nuestras vidas,
unos a otros,
con una sonrisa amable y una palabra cálida,
ya que tú eres la luz de nuestras vidas,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Plegaria después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Danos la fe y la fuerza
para ser para el mundo
el signo de tu amor salvador,
por medio de nuestra integridad,
de nuestras expresiones de paz,
de nuestra preocupación e interés por los demás.
Porque, donde prevalecen la caridad y el amor,
con toda seguridad allí estás tú
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Sencillamente, abramos nuestros ojos y nuestros oídos y aprendamos a percibir las maravillas que Dios hace cada día en torno a nosotros. Sigamos viendo y creyendo; hay suficientes señales de Dios para ello. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
