SEXTA SEMANA DE PASCUA JUEVES

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

“SU TRISTEZA SE CONVERTIRÁ EN GOZO”

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Cuando sufrimos profundamente
tendemos a clamar:
“Dios mío, ¿dónde estás?”
Danos a nosotros, como a pueblo que cree
que tu Hijo murió por nosotros
y por tu poder resucitó de entre los muertos,
una fe suficientemente profunda y firme
para comprender que tú estás con nosotros
incluso en las dificultades y aflicciones de la vida,
y hasta en la misma muerte.
Danos esta fe por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

: Hch 18,1-8

     Pablo, entregado por entero a la predicación de la Palabra, no logró sin embargo que los judíos que lo escuchaban abrieran su corazón a Jesús Resucitado. Volvía a confirmarse que Cristo vino primero a los suyos y los suyos no lo recibieron…

Error: Libro o formato no reconocido: : Hch 18,1-8

Evangelio

Jn 16,16-20

     Certera esperanza es para nosotros hoy la palabra de Jesús a sus discípulos antes de partir al Padre. No podían comprender lo que les decía acerca de su próxima ausencia y de su futura presencia. Solo cuando el Espíritu viniera sobre ellos lo entenderían… Y su tristeza por fin se transformaría en alegría…

1

Les he dicho todo esto para que no fallen.

2

Los expulsarán de la sinagoga. Incluso más, llegará un tiempo en que el que los mate pensará que está dando culto a Dios.

3

Y eso lo harán porque no conocen al Padre ni a mí.

4

Esto se lo digo para que, cuando llegue su momento, se acuerden de que ya se lo había dicho. No les dije estas cosas desde el principio porque yo estaba con ustedes.

5

Ahora me vuelvo al que me envió y nadie me pregunta a dónde voy.

6

La obra del Espíritu

Lo que les he dicho los ha llenado de tristeza;

7

pero les digo la verdad: les conviene que yo me vaya. Si no me voy, no vendrá a ustedes el Defensor, pero si me voy, lo enviaré a ustedes.

8

Cuando él venga, convencerá al mundo de un pecado, de una justicia, y de una sentencia:

9

el pecado que no han creído en mí;

10

la justicia que yo voy al Padre y no me verán más;

11

la sentencia que el príncipe de este mundo ya ha sido condenado.

12

Muchas cosas me quedan por decirles, pero ahora no pueden comprenderlas.

13

Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará el futuro.

14

Él me dará gloria porque recibirá de lo mío y se lo explicará a ustedes.

15

Todo lo que tiene el Padre es mío, por eso les dije que recibirá de lo mío y se lo explicará a ustedes.

16

Alegría tras la pena

Dentro de poco ya no me verán, y poco después me volverán a ver.

17

Los discípulos comentaban entre sí:

—¿Qué es lo que dice? Dentro de poco ya no me verán, y poco después me volverán a ver; y qué significa eso de: Voy al Padre.

18

Decían:

—¿A qué poco se refiere? No entendemos lo que dice.

19

Jesús comprendió que querían preguntarle y les dijo:

—Ustedes discuten entre sí qué significan mis palabras: dentro de poco ya no me verán y poco después me volverán a ver.

20

Les aseguro que ustedes llorarán y se lamentarán mientras el mundo se divierte; estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.

21

Cuando una mujer va a dar a luz, está triste, porque le llega su hora. Pero, cuando ha dado a luz a la criatura no se acuerda de la angustia, por la alegría que siente de haber traído un hombre al mundo.

22

Así ustedes ahora están tristes; pero los volveré a visitar y se llenarán de alegría, y nadie les quitará su alegría.

23

Aquel día no me preguntarán nada.

Les aseguro que todo lo que pidan a mi Padre, él se lo concederá en mi nombre.

24

Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre; pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

25

Les he dicho esto en parábolas; pero llega la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré claramente de mi Padre.

26

Aquel día pedirán en mi nombre, y no será necesario que yo pida al Padre por ustedes,

27

ya que el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que yo vine de parte de Dios.

28

Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre.

29

Le dicen los discípulos:

—Ahora sí que hablas claramente, sin usar parábolas.

30

Ahora sabemos que lo sabes todo y que no hace falta que nadie te pregunte; por eso creemos que vienes de Dios.

31

Jesús les contestó:

—¿Ahora creen?

32

Miren, llega la hora, ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Pero yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

33

Les he dicho esto para que gracias a mí tengan paz. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo.

1

Oración sacerdotal de Jesús

Así habló Jesús. Después, levantando la vista al cielo, dijo:

—Padre, ha llegado la hora: da gloria a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria;

2

ya que le has dado autoridad sobre todos los hombres para que dé vida eterna a cuantos le has confiado.

3

En esto consiste la vida eterna: en conocerte a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesús el Mesías.

4

Yo te he dado gloria en la tierra cumpliendo la tarea que me encargaste hacer.

5

Ahora tú, Padre, dame gloria junto a ti, la gloria que tenía junto a ti, antes de que hubiera mundo.

6

He manifestado tu nombre a los hombres que separaste del mundo para confiármelos: eran tuyos y me los confiaste y han cumplido tus palabras.

7

Ahora comprenden que todo lo que me confiaste procede de ti.

8

Las palabras que tú me comunicaste yo se las comuniqué; ellos las recibieron y comprendieron realmente que vine de tu parte, y han creído que tú me enviaste.

9

Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has confiado, pues son tuyos.

10

Todo lo mío es tuyo y lo tuyo es mío: en ellos se revela mi gloria.

11

Ya no estoy en el mundo, mientras que ellos están en el mundo; yo voy hacia ti, Padre Santo, cuida en tu nombre, a los que me diste, para que sean uno como nosotros.

12

Mientras estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste; los custodié, y no se perdió ninguno de ellos; excepto el destinado a la perdición, para cumplimiento de la Escritura.

13

Ahora voy hacia ti; y les digo esto mientras estoy en el mundo para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.

14

Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió, porque no son del mundo, igual que yo no soy del mundo.

15

No pido que los saques del mundo, sino que los libres del Maligno.

16

No son del mundo, igual que yo no soy del mundo.

17

Conságralos con la verdad: tu palabra es verdad.

18

Como tú me enviaste al mundo, yo los envié al mundo.

19

Por ellos me consagro, para que queden consagrados con la verdad.

20

No sólo ruego por ellos, sino también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras.

21

Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.

22

Yo les di la gloria que tú me diste para que sean uno como lo somos nosotros.

23

Yo en ellos y tú en mí, para que sean plenamente uno; para que el mundo conozca que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí.

24

Padre, quiero que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy; para que contemplen mi gloria, la que me diste porque me amaste antes de la creación del mundo.

25

Padre justo, el mundo no te ha conocido; yo te he conocido y éstos han conocido que tú me enviaste.

26

Les di a conocer tu nombre y se lo daré a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo en ellos.

1

Arresto de Jesús

Dicho esto, salió Jesús con los discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; allá entró él con sus discípulos.

2

Judas, el traidor, conocía el lugar, porque Jesús muchas veces se había reunido allí con sus discípulos.

3

Entonces Judas tomó un destacamento y algunos empleados de los sumos sacerdotes y los fariseos, y se dirigió allá con antorchas, linternas y armas.

4

Jesús, sabiendo todo lo que le iba a pasar, se adelantó y les dice:

—¿A quién buscan?

5

Le respondieron:

—A Jesús, el Nazareno.

Les dice:

—Yo soy.

También Judas, el traidor, estaba con ellos.

6

Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron al suelo.

7

Les preguntó de nuevo:

—¿A quién buscan?

Le respondieron:

—A Jesús, el Nazareno.

8

Contestó Jesús:

—Ya les dije que yo soy, pero, si me buscan a mí, dejen ir a éstos.

9

Así se cumplió lo que había dicho: No he perdido ninguno de los que me has confiado.

10

Simón Pedro, que iba armado de espada, la desenvainó, dio un tajo al sirviente del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha –el sirviente se llamaba Malco–.

11

Jesús dijo a Pedro:

—Envaina la espada: ¿Acaso no beberé la copa que me ha ofrecido mi Padre?

12

El destacamento, el comandante y los agentes de los judíos arrestaron a Jesús, lo ataron

13

y se lo llevaron primero a Anás que era suegro de Caifás, el sumo sacerdote de aquel año

14

–Caifás era el mismo que había dicho a los judíos, que era mejor para ellos que un solo hombre muriese por el pueblo–.

15

Jesús ante Anás – Negaciones de Pedro

Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Como ese discípulo era conocido del sumo sacerdote, entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote,

16

mientras Pedro se quedaba afuera, en la puerta.

Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y ésta dejó entrar a Pedro.

17

La sirvienta de la portería dice a Pedro:

—¿No eres tú también discípulo de ese hombre?

Contesta él:

—No lo soy.

18

Como hacía frío, los sirvientes y los guardias habían encendido fuego y se calentaban. Pedro estaba con ellos protegiéndose del frío.

19

El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza.

20

Jesús le contestó:

—Yo he hablado públicamente al mundo; siempre enseñé en sinagogas o en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto.

21

¿Por qué me interrogas? Interroga a los que me han oído hablar, que ellos saben lo que les dije.

22

Apenas Jesús dijo aquello, uno de los guardias presentes le dio una bofetada y le dijo:

—¿Así respondes al sumo sacerdote?

23

Jesús contestó:

—Si he hablado mal, demuéstrame la maldad; pero si he hablado bien, ¿por qué me golpeas?

24

Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás.

25

Simón Pedro seguía junto al fuego. Le preguntan:

—¿No eres tú también discípulo suyo?

Él lo negó:

—No lo soy.

26

Uno de los sirvientes del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro había cortado la oreja, insistió:

—¿Acaso no te vi yo con él en el huerto?

27

Pedro volvió a negarlo y en ese momento cantó el gallo.

28

Jesús ante Pilato

Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al cuartel. Era temprano. Ellos no entraron en el cuartel para evitar contaminarse y poder comer la Pascua.

29

Pilato salió afuera, adonde estaban, y les preguntó:

—¿De qué acusan a este hombre?

30

Le contestaron:

—Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.

31

Les replicó Pilato:

—Entonces, tómenlo y júzguenlo según la legislación de ustedes.

Los judíos le dijeron:

—No nos está permitido dar muerte a nadie

32

–así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir–.

33

Entró de nuevo Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:

—¿Eres tú el rey de los judíos?

34

Jesús respondió:

—¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí?

35

Pilato respondió:

—¡Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

36

Contestó Jesús:

—Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis soldados habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.

37

Le dijo Pilato:

—Entonces, ¿tú eres rey?

Jesús contestó:

—Tú lo dices. Yo soy rey, para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.

38

Le dice Pilato:

—¿Qué es la verdad?

Condena a muerte

Dicho esto, salió de nuevo adonde estaban los judíos y les dijo:

—No encuentro en él culpa alguna.

39

Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a un preso durante la fiesta de la Pascua. ¿Quieren que suelte al rey de los judíos?

40

Volvieron a gritar:

—A ése no, suelta a Barrabás.Barrabás era un asaltante.

1

Entonces Pilato se hizo cargo de Jesús y lo mandó azotar.

2

Los soldados entrelazaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; lo revistieron con un manto rojo,

3

y acercándose a él le decían:

—¡Salud, rey de los judíos!

Y le pegaban en la cara.

4

Salió otra vez Pilato afuera y les dijo:

—Miren, lo saco afuera para que sepan que no encuentro en él culpa alguna.

5

Salió Jesús afuera, con la corona de espinas y el manto rojo.

Pilato les dice:

—Aquí tienen al hombre.

6

Cuando los sumos sacerdotes y los policías del templo lo vieron, gritaron:

—¡Crucifícalo, crucifícalo!

Les dice Pilato:

—Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, que yo no encuentro en él ningún motivo de condena.

7

Le replicaron los judíos:

—Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se ha hecho pasar por hijo de Dios.

8

Cuando Pilato oyó aquellas palabras, se asustó mucho.

9

Entró en el cuartel y dice de nuevo a Jesús:

—¿De dónde eres?

Jesús no le dio respuesta.

10

Le dice Pilato:

—¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?

11

[Le] contestó Jesús:

—No tendrías poder contra mí si no te lo hubiera dado el cielo. Por eso el que me entrega es más culpable.

12

A partir de entonces, Pilato procuraba soltarlo, mientras los judíos gritaban:

—Si sueltas a ése, no eres amigo del césar. El que se hace rey va contra el césar.

13

Al oír aquello, Pilato sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gábbata.

14

Era la víspera de Pascua, al mediodía. Dice a los judíos:

—Ahí tienen a su rey.

15

Ellos gritaron:

—¡Afuera, afuera, crucifícalo!

Les dice Pilato:

—¿Voy a crucificar a su rey?

Los sumos sacerdotes contestaron:

—No tenemos más rey que el césar.

16

Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

Crucifixión y muerte de Jesús

Se lo llevaron;

17

y Jesús salió cargando él mismo con la cruz, hacia un lugar llamado La Calavera, en hebreo Gólgota.

18

Allí lo crucificaron con otros dos: uno a cada lado y en medio Jesús.

19

Pilato había hecho escribir un letrero y clavarlo en la cruz. El escrito decía: Jesús el Nazareno, rey de los Judíos.

20

Muchos judíos leyeron el letrero, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad. Además, el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego.

21

Los sumos sacerdotes dijeron a Pilato:

—No escribas: Rey de los judíos, sino: Éste ha dicho: Soy rey de los judíos.

22

Pilato contestó:

—Lo escrito, escrito está.

23

Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada soldado; tomaron también la túnica. Era una túnica sin costuras, tejida de arriba abajo, de una pieza.

24

Así que se dijeron:—No la rasguemos; vamos a sortearla, para ver a quien le toca.

Así se cumplió lo escrito:

Se repartieron mi ropa

y se sortearon mi túnica.

Es lo que hicieron los soldados.

25

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena.

26

Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo amado, dice a su madre:

—Mujer, ahí tienes a tu hijo.

27

Después dice al discípulo:

—Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.

28

Después, sabiendo que todo había terminado, para que se cumpliese la Escritura, Jesús dijo:

—Tengo sed.

29

Había allí un jarro lleno de vinagre. Empaparon una esponja en vinagre, la sujetaron a una caña y se la acercaron a la boca.

30

Jesús tomó el vinagre y dijo:

—Todo se ha cumplido.

Dobló la cabeza y entregó el espíritu.

31

Era la víspera del sábado, el más solemne de todos; los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos para que no quedaran en la cruz durante el sábado.

32

Fueron los soldados y quebraron las piernas a los dos crucificados con él.

33

Al llegar a Jesús, viendo que estaba muerto, no le quebraron las piernas;

34

sino que un soldado le abrió el costado con una lanza. Enseguida brotó sangre y agua.

35

El que lo vio lo atestigua y su testimonio es verdadero; él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.

36

Esto sucedió de modo que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un hueso;

37

y otro pasaje de la Escritura dice: Mirarán al que ellos mismos atravesaron.

38

Sepultura de Jesús

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús, por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para llevarse el cadáver de Jesús. Pilato se lo concedió. Él fue y se llevó el cadáver.

39

Fue también Nicodemo, el que lo había visitado en una ocasión de noche, llevando cien libras de una mezcla de mirra y áloe.

40

Tomaron el cadáver de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.

41

En el lugar donde había sido crucificado había un huerto y en él un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido sepultado.

42

Como era la víspera de la fiesta judía y como el sepulcro estaba cerca, colocaron allí a Jesús.

1

Resurrección de Jesús

El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro.

2

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos.

3

Les dice Simón Pedro:—Voy a pescar.Le responden:—Nosotros también vamos.Salieron y subieron a la barca; pero aquella noche no pescaron nada.

4

Al amanecer Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no reconocieron que era Jesús.

5

Les dice Jesús:—Muchachos, ¿tienen algo de comer?Ellos contestaron:—No.

6

Les dijo:—Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.Tiraron la red y era tanta la abundancia de peces que no podían arrastrarla.

7

El discípulo amado de Jesús dice a Pedro:—Es el Señor.Al oír Pedro que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.

8

Los demás discípulos se acercaron en el bote, arrastrando la red con los peces, porque no estaban lejos de la orilla, apenas unos cien metros.

9

Cuando saltaron a tierra, ven unas brasas preparadas y encima pescado y pan.

10

Les dice Jesús:—Traigan algo de lo que acaban de pescar.

11

Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, la red no se rompió.

12

Les dice Jesús:—Vengan a comer.Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor.

13

Jesús se acercó, tomó pan y se lo repartió e hizo lo mismo con el pescado.

14

Ésta fue la tercera aparición de Jesús, ya resucitado, a sus discípulos.

15

Misión de Simón Pedro15Cuando terminaron de comer, dice Jesús a Simón Pedro:—Simón hijo de Juan, ¿me quieres más que éstos?Él le responde:—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.Jesús le dice:—Apacienta mis corderos.

16

Le pregunta por segunda vez:—Simón hijo de Juan, ¿me quieres?Él le responde:—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.Jesús le dice:—Apacienta mis ovejas.

17

Por tercera vez le pregunta:—Simón hijo de Juan, ¿me quieres?Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le dijo:—Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.Jesús le dice:—Apacienta mis ovejas.

18

Te lo aseguro, cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te atará y te llevará a donde no quieras.

19

Lo decía indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después de hablar así, añadió:—Sígueme.

20

Pedro se volvió y vio que lo seguía el discípulo amado de Jesús, el que se había apoyado sobre su costado durante la cena y le había preguntado quién era el traidor.

21

Viéndolo, Pedro pregunta a Jesús:—Señor, y de éste, ¿qué?

22

Le responde Jesús:—Si quiero que se quede hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme.

23

Así se corrió el rumor entre los discípulos de que aquel discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: Si quiero que se quede hasta que yo vuelva [a ti qué].

24

Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y lo ha escrito; y nos consta que su testimonio es verdadero.

25

Quedan otras muchas cosas que hizo Jesús. Si quisiéramos escribirlas una por una, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo.

26

A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo:

—La paz esté con ustedes.

27

Después dice a Tomás:

—Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.

28

Le contestó Tomás:

—Señor mío y Dios mío.

29

Le dice Jesús:

—Porque me has visto has creído; felices los que crean sin haber visto.

30

Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro.

31

Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.

Oración de los Fieles

Señor Dios, te pedimos el don de la alegría para consolar y animar a los que sufren y para cantar y alabarte incluso cuando el dolor y la injusticia nos toquen por anunciar tu nombre. Por eso te decimos: R/Danos, Señor, tu alegría que no tiene fin.

– Por los responsables de nuestra Tierra, por los gobernantes de las naciones, para que el Espíritu Santo los mueva a preservar y recuperar a la Creación herida por la ambición voraz de los hombres, roguemos al Señor.
– Por los enfermos terminales y por los agonizantes, para que su esperanza en la Resurrección les dé la seguridad de que Dios les concederá la vida eterna, roguemos al Señor.
– Por todos los que sufren, para que tengan conciencia de que Dios conoce su sufrimiento y les da su Espíritu Santo para que convierta su pena en fortaleza y alegría, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios nuestro de vida y amor:
Cuando el pueblo que elegiste e hiciste tuyo
marchaba a través del inhóspito desierto,
tú estabas allí con ellos
y les diste el maná para comer.
Líbranos de quejarnos y de murmurar
cuando las dificultades de la vida
se cruzan en nuestro camino.
En nuestros desiertos,
susténtanos con el maná de hoy,
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
No lo tomes a mal cuando clamamos a ti
en los desiertos de nuestras penas y soledades.
Sigue fortaleciéndonos con el alimento reconfortante
y con la bebida de alegría de Jesús.
Y haz que percibamos también tu presencia
en la gente buena que nos rodea,
en sus palabras de consuelo y esperanza.
Danos la certeza de que tú nos conduces firmemente
hacia una alegría y una felicidad sin fin.
Concédenos esto por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Como cristianos, estamos de camino en nuestra peregrinación hacia Dios. A veces caminamos en la oscuridad, aun cuando hagamos lo mejor que podemos para que el camino de Cristo sea nuestro propio camino. Confiamos en que Dios nos dará su Espíritu para mantenernos en marcha y para guiarnos hacia nuestra meta en la vida. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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