SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA JUEVES

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

“¡QUE TODOS SEAN UNO!”

Oración Colecta
Oh Padre de nuestro Señor Jesucristo
y Padre también de todos:
Creemos en ti y sabemos que tú amaste a Jesús
con un amor profundo, confiado y eterno.
Que el Espíritu Santo derrame este amor
en los corazones de todos los que creemos en Jesús,
nuestro Pastor y Salvador.
Que este amor nos una en un lazo común
de comprensión y respeto mutuo
y nos disponga a vivir los unos para los otros
y a servirnos mutuamente como hermanos,
a causa de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Hechos 22, 30; 23, 6-11

    La lectura de los Hechos nos muestra una comunidad dividida con tensiones, confrontaciones y pertenencias muy semejante a las nuestras. Allí está el desafío de ayer y de hoy: El Señor lo sabe y por eso invita a Pablo a seguir su camino en pos de la misión.

En aquellos días, el comandante, queriendo saber con exactitud de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó que le quitaran las cadenas, convocó a los sumos sacerdotes y a todo el sanedrín, y llevando consigo a Pablo, lo hizo comparecer ante ellos.

Como Pablo sabía que una parte del sanedrín era de saduceos y otra de fariseos, exclamó: "Hermanos: Yo soy fariseo, hijo de fariseos, y me quieren juzgar porque espero la resurrección de los muertos".

Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, que ocasionó la división de la asamblea. (Porque los saduceos niegan la otra vida, sea de ángeles o de espíritus resucitados; mientras que los fariseos admiten ambas cosas). Estalló luego una terrible gritería y algunos escribas del partido de los fariseos, se pusieron de pie y declararon enérgicamente: "Nosotros no encontramos ningún delito en este hombre. ¿Quién puede decirnos que no le ha hablado un espíritu o un ángel?"

El alboroto llegó a tal grado, que el comandante, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó traer a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.

En la noche siguiente se le apareció el Señor a Pablo y le dijo: "Ten ánimo, Pablo; porque así como en Jerusalén has dado testimonio de mí, así también tendrás que darlo en Roma".

Salmo Responsorial

Salmo 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10. 11

R. (1) Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio.
Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor.
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia;
mi vida está en sus manos.
R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
y con él a mi lado, jamás tropezaré.
R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
Por eso se me alegran el corazón y el alma,
y mi cuerpo vivirá tranquilo,
porque tú no me abandonarás a la muerte,
ni dejarás que sufra yo la corrupción.
R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.
Enséñame el camino de la vida,
sáciame de gozo en tu presencia
y de alegría perpetua junto a ti.
R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 17, 21

R. Aleluya, aleluya.
Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, somos uno,
a fin de que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

Oramos como Iglesia de Dios para vivir cada día más unidos y consecuentes con su Evangelio de Amor. Por eso le decimos: R/Danos, Señor, discernimiento y humildad para trabajar por la unidad y la paz.

– Señor Jesús, para que en la tierra de Palestina, por cuyos caminos caminaste, los palestinos y los judíos lleguen a respetarse unos a otros y ambos busquen sinceramente la paz, te rogamos.
– Señor Jesús, para que, aun siendo diferentes en nuestros rostros y caracteres, el Espíritu Santo nos enlace a todos juntos en un solo amor, te rogamos.
– Señor Jesús, para que, por difícil que sea, el Espíritu Santo haga posible y real el que en nuestras comunidades haya un solo corazón y una sola alma, te rogamos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Invitados por él,
nos reunimos en torno a la mesa de tu Hijo Jesús,
y nos preparamos para participar
en su banquete eucarístico.
Así como por el bautismo
nos ha unido como hermanas y hermanos suyos,
que el Espíritu Santos nos guarde unidos
en la vida de cada día.
Que él nos reúna juntos
en comunidades fuertes y comprometidas
en las que nos aceptemos unos a otros
a pesar de todas nuestras diferencias.
Únenos en el único amor
de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
El Salmista se regocija
cuando hermanos y hermanas
pueden vivir juntos en un mismo amor.
Te pedimos que esto se haga realidad entre nosotros,
que creemos en nuestro único Señor Jesucristo.
Que el testimonio más profundo de nuestra fe sea
el hecho de vivir los unos para los otros
en la misma unidad
que unió a tu Hijo Jesús contigo,
que eres nuestro Dios de vida y amor,
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Si nosotros somos realmente uno, ése es el mejor testimonio que podemos dar de Jesús, de que el Padre lo envió, de que creemos realmente en él y de que él vive en nosotros. La división entre las Iglesias, así como la división y las peleas en nuestras comunidades, son un anti-testimonio de Cristo y de su Evangelio. Que el Espíritu de Dios nos una en un sincero y verdadero amor. Y para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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