SEGUNDA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES

LAS LEYES SON SERVIDORAS DEL PUEBLO

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Es más fácil para nosotros buscar la seguridad
observando las leyes y costumbres
que siendo personalmente responsables
de las personas con quienes convivimos
y sirviéndote a ti con la libertad del amor. 
Danos un poco de tu propia fantasía;
envíanos al Espíritu Santo; 
que nos colme con tu amor inventivo y creador, 
para que sepamos buscar siempre nuevos caminos
y así alcanzarte a ti y a los hermanos. 
Concédenoslo por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

1 Sm 16,1-13

 Los caminos de Dios no son nuestros caminos… Lo débil atrae la fuerza de Dios. Él confunde a los poderosos seleccionando a los que menos cuentan y a los inhábiles para realizar su trabajo. Esta perenne inversión de valores se encuentra en las historias de la vocación y elección del Antiguo Testamento, como la de David en la primera lectura de hoy, y se profundizará y se presentará como fundamental en el Nuevo Testamento. ¿No es acaso el “escándalo de la cruz” la expresión más profunda de esto? 

 

En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: “¿Hasta cuándo vas a estar triste por Saúl? Yo ya lo rechacé y él no reinará más sobre Israel. Ve a la casa de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey. Llena, pues, tu cuerno de aceite para ungirlo y vete”.

Pero Samuel le replicó: “¿Cómo voy a ir? Si Saúl se entera, me matará”. El Señor le respondió: “Lleva contigo una ternera y di: ‘Vengo a ofrecer un sacrificio al Señor’. Invita a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que has de hacer. Luego ungirás al que yo te señale”.

Hizo Samuel lo que el Señor le había dicho. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirlo temerosos y le preguntaron: “¿Vienes en son de paz?” Les respondió: “Sí. Vengo a ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio”. Luego purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó también al sacrificio.

Cuando se presentaron ante él, al ver a Eliab, el hijo mayor de Jesé, Samuel pensó: “Éste es, sin duda, el que voy a ungir como rey”. Pero el Señor le dijo: “No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”.

Entonces, Jesé llamó a su hijo Abinadab y lo hizo pasar ante Samuel, el cual le dijo: “Tampoco a éste lo ha escogido el Señor”. Jesé hizo pasar a Samá, pero Samuel le dijo: “A éste tampoco lo ha elegido el Señor”. Así fueron pasando ante Samuel siete de los hijos de Jesé; pero Samuel dijo: “Ninguno de éstos es el elegido del Señor”. Luego le preguntó a Jesé: “¿Son éstos todos tus hijos?” Él respondió: “Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño”. Samuel le dijo: “Hazlo venir, porque no nos sentaremos a comer hasta que llegue”. Y Jesé lo mandó llamar.

El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque éste es”. Tomó Samuel el cuerno con el aceite y lo ungió delante de sus hermanos. A partir de aquel día, el espíritu del Señor estuvo con David. Samuel se despidió y regresó a Ramá.

Salmo Responsorial

Salmo 88, 20. 21-22. 27-28

R. (21a) He encontrado a David, mi servidor.
Hablando tú en visión a tus amigos
un día les dijiste:
“He escogido a un valiente de mi pueblo
y he ceñido a sus sienes la corona. R.
R. He encontrado a David, mi servidor.
He encontrado a David, mi servidor,
y con mi aceite santo lo he ungido.
Lo sostendrá mi mano
y le dará mi brazo fortaleza. R.
R. He encontrado a David, mi servidor.
El me podrá decir: ‘Tú eres mi padre,
el Dios que me protege y que me salva’.
Y yo lo nombraré mi primogénito
sobre todos los reyes de la tierra”. R.
R. He encontrado a David, mi servidor.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr Efesios 1, 17-18

R. Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine nuestras mentes,
para que podamos comprender cuál es la esperanza
que nos da su llamamiento.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 2,23-28

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy nos remiten a la verdadera función de las leyes, las normas y los preceptos, incluso en nuestra vida religiosa. Ellos están ahí para ordenar nuestras relaciones con Dios y con nuestras hermanas y hermanos dentro de la comunidad y hacernos conscientes de nuestras propias responsabilidades, no para convertirlos en algo absoluto. Jesús nos recuerda hoy la prioridad de las personas y de la comunidad humana por sobre la letra de la ley.

Un sábado, Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?”

Él les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros”.

Luego añadió Jesús: “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado”.

Oración de los Fieles

–      Para que los cristianos entendamos los mandamientos como puertas que nos llevan a sentirnos libres del pecado y del mal, y como caminos para servir a Dios y a los hermanos, roguemos al Señor.

–      Para que los legisladores de las naciones dicten leyes que sean verdaderamente humanas y sirvan al bien común de todos, roguemos al Señor.

–      Que el Día del Señor, el domingo, sea para nosotros una ocasión especial para crecer en el amor de todos nuestros seres queridos, para visitar a los enfermos y para servir a los necesitados, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú ordenas al sol brillar
y a la lluvia caer sobre los campos
sembrados por el labrador,
para satisfacer su hambre con pan y arroz.
Alivia aquí nuestra hambre de bondad,
de amor y de cosas perdurables
con la Eucaristía, Pan de vida eterna,
que es el mismo Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
que vive y reina contigo y con nosotros
por los siglos de los siglos. 

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Nosotros convertimos tus leyes,
e incluso las nuestras,
en algo inflexible y absoluto,
por las que nos encarcelamos
a nosotros mismos y a los demás.
Y entonces tú te nos das a ti mismo en tu Hijo Jesús
para recordarnos que lo que cuenta es
cómo vivimos para ti y para los hermanos
y cómo hacemos partícipes los unos a los otros
de nuestra propia persona.
Que esta eucaristía nos colme
con la mentalidad de tu Hijo,
para que nos hagamos presentes
los unos a los otros
con un amor liberador.
Ya que tú nos has hecho liberado
de toda esclavitud,
por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Las leyes se hacen y son para el pueblo, no el pueblo para las leyes. Esto se aplica también a las leyes de Dios. Los mandamientos son pautas o directrices, ayudas para el pueblo, no absolutos tiranos. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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