SANTA PERPETUA Y SANTA FELICIDAD
Mártires
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
Hoy celebramos la memoria de dos mujeres mártires de Cartago, al Norte de África. Perpetua pertenecía a la nobleza, mientras que Felicidad era una muchacha esclava. A las dos las arrestaron en una redada u “operativo” contra los cristianos. Cada una de ellas había dado a luz recientemente y las autoridades romanas trataron de usar cruelmente los niños primogénitos como rehenes para forzar a las dos madres a renegar de su fe. Pero ambas rechazaron la inhumana propuesta. Prefirieron mantener firme su fe y apreciarla más que a su querida e inigualable posesión, sus hijos recién nacidos. Con extraordinaria serenidad fueron a su heroica muerte, al martirio.
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú nos inspiras al mostrarnos el extraordinario valor
de los que ponen toda su confianza en ti.
En esta celebración de las mártires
Santas Perpetua y Felicidad,
te pedimos fuerza
para adherirnos a ti con un amor más fuerte
que a cualquier otra cosa mundana.
Que nada se interponga entre ti y nosotros;
que nada nos separe de ti
porque tú eres nuestro Dios de vida y amor,
ahora y por los siglos de los siglos.
Oración de los Fieles
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Antes de entregar su vida por nosotros,
tu Hijo Jesús se dio a sí mismo a sus discípulos,
tal como él mismo les dijo:
“Esto es mi Cuerpo entregado por ustedes”.
Que él nos dé la fuerza
para vivir fielmente para él mismo y para ti
aun cuando tengamos que renunciar
a lo que nos es humanamente más querido y valioso,
ya que tú eres nuestro Dios de Amor.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Padre de todo lo viviente:
Nadie pudo arrebatar a Jesús, tu Hijo,
su libertad interior,
cuando entregó su vida por nosotros.
Por la Palabra y por el Cuerpo eucarístico de tu Hijo
haznos suficientemente fuertes
para resistir todos los ataques del maligno
y para alzarnos a favor de todo lo bueno, bello y verdadero;
también de todo aquello para lo que nos has creado:
una vida y alegría sin fin,
por Jesucristo, nuestro Señor.
