SÁBADO DESPUÉS DEL MIÉRCOLES DE CENIZA
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
UN ENCUENTRO QUE NOS RE-CREA
Oración Colecta
Señor, Dios nuestro, Padre misericordioso:
Cuando nos llamas al arrepentimiento,
tú quieres que nos volvamos hacia nuestros hermanos
y que construyamos paz y justicia entre todos.
Que, conforme a tu promesa y con tu poder,
lleguemos a ser luz para los que viven en tinieblas,
agua para los sedientos,
constructores de esperanza y felicidad para todos.
Que seamos, pues, signos vivientes
de tu amor y de tu lealtad,
pues tú eres nuestro Dios y Señor
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
El profeta Isaías expone, en nombre de Dios, la conducta que nos asegura su presencia sanadora en todo tiempo y lugar, siempre que vivamos según su espíritu, en el bien y en la verdad.
Esto dice el Señor:
“Cuando renuncies a oprimir a los demás
y destierres de ti el gesto amenazador y la palabra ofensiva;
cuando compartas tu pan con el hambriento
y sacies la necesidad del humillado,
brillará tu luz en las tinieblas
y tu oscuridad será como el mediodía.
El Señor te dará reposo permanente;
en el desierto saciará tu hambre y dará vigor a tu cuerpo;
serás como un huerto bien regado,
como un manantial cuyas aguas no se agotan.
Construirás sobre tus viejas ruinas
y edificarás sobre cimientos muy antiguos;
te llamarán reparador de brechas
y restaurador de hogares derruidos.
Si detienes tus pasos para no violar el sábado
y no tratas tus negocios en mi día santo,
si llamas al sábado tu delicia
y lo consagras a la gloria del Señor,
si lo honras absteniéndote de viajes,
de buscar tu interés, de tratar tus asuntos,
entonces el Señor será tu delicia.
Te asentaré sobre mis montañas,
te haré gustar la herencia de tu padre Jacob”.
Salmo Responsorial
R. (11a) Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Presta, Señor, oídos a mi súplica,
pues soy un pobre, lleno desdichas.
Protégeme, Señor, porque te amo;
salva a tu servidor, que en ti confía.
R. Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Ten compasión de mí,
pues clamo a ti, Dios mío, todo el día,
y ya que a ti, Señor, levanto el alma,
llena a este siervo tuyo de alegría.
R. Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Puesto que eres, Señor, bueno y clemente,
y todo amor con quien tu nombre invoca,
escucha mi oración
y a mi súplica da repuesta pronta.
R. Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No quiero la muerte del pecador,
sino que se arrepienta y viva, dice el Señor.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Jesús viene a llamar y sanar a los pecadores. Tiene especial predilección por los corazones que reconocen su amor y se convierten. Como Mateo, que deja todo atrás, su mesa de impuestos, su pasado, y se convierte en un nuevo hombre, mejor dicho, en un apóstol.
En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano, llamado Leví (Mateo), sentado en su despacho de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Leví ofreció en su casa un gran banquete en honor de Jesús, y estaban a la mesa, con ellos, un gran número de publicanos y otras personas. Los fariseos y los escribas criticaban por eso a los discípulos, diciéndoles: “¿Por qué comen y beben con publicanos y pecadores?” Jesús les respondió: “No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.
Oración de los Fieles
Señor Jesús, médico de los cuerpos y de las almas, te pedimos que cures las heridas profundas de nuestra humanidad y así te decimos: R/Sánanos, Señor, por tu bondad.
Para que los cristianos experimenten la alegría de recibir el perdón de Dios y de perdonarse los unos a los otros, roguemos al Señor.
Para que los que están enredados en pecado y no saben cómo desatarse de él encuentren a Jesús, que vino como médico de corazones, roguemos al Señor.
Para que todos nosotros aprendamos que volvernos a nuestros hermanos y llevarles justicia y amor es parte de nuestra conversión, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre misericordioso:
Que tú Hijo, que vino a la mesa de nuestra vida
y comió y bebió con nosotros, pecadores,
nos mire como a Mateo
y nos llame a un genuino arrepentimiento.
Y que seamos suficientemente humildes para reconocer
que necesitamos una sincera conversión.
Danos la fuerza de seguir a Jesús,
que es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre misericordioso:
Tu Hijo Jesucristo ha tocado nuestros corazones
Y estamos deseosos de seguirlo.
Pero somos débiles y frágiles;
por eso te pedimos:
Que el Pan de vida y el vino de fortaleza
que hemos tomado en el banquete eucarístico de tu Hijo
nos sostenga en el camino hacia ti,
Dios nuestro por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Gracias a Jesús, Dios crea de nuevo al pueblo –lo re-crea– por medio del perdón. Él convierte en apóstol a un típico pecador, Mateo, el recaudador de impuestos. Como personas que hemos recibido el perdón, ayudemos a Dios a restaurar a nuestros hermanos con nuestra entrega y solidaridad. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
