QUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES
CAPACES DE OÍR
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, Salvador nuestro:
Tu Hijo Jesús hizo oír a los sordos
y hablar a los mudos.
Haz que nos percatemos
de que, con frecuencia, nosotros también somos
tartamudos y duros para escuchar.
Abre nuestros oídos al mensaje de tu Hijo
para que sacuda nuestros corazones y cambie nuestras vidas.
Suelta nuestras lenguas para proclamar las maravillas
que tú haces por nosotros
por medio de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador,
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Este es el escenario de una tragedia mayúscula en la historia humana: El hombre dudando de Dios, desobedeciendo a sus mandatos, usando la libertad con que fue creado, tomando conciencia de su falta y ocultándose... Y Dios los desterró de la inocencia original porque querían ser como dioses… Y los hizo responsables. Pero les enviará a su Hijo para que tengan la oportunidad de volver a elegirlo libremente y recuperar su verdadera vida
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Evangelio
Una señal de que Jesús es el Salvador Prometido es que él primera y primariamente se dirige a los pobres, a los enfermos, a los marginados, porque son los que más lo necesitan. No nos referimos solo a pobreza material. Nosotros seguramente somos los sordos y los mudos, los duros de oído y los tartamudos, enclaustrados dentro de nosotros mismos, cerrados con frecuencia a Dios y a los hermanos. Jesús viene para abrir nuestros oídos y nuestras bocas a las palabras y a las obras maravillosas de Dios, para que podamos escuchar su mensaje salvador y responder generosamente a su amor, y para que sepamos escuchar también los gritos angustiosos de los pobres y llevarles la Buena Noticia. Notemos que este milagro descrito en el evangelio de hoy ocurre también en territorio pagano. Que ojalá Jesús nos cure en esta eucaristía, y nos mueva a comprometernos con Dios y a entregarnos a los hermanos.
Sana a un sordomudo
Después salió de la región de Tiro, pasó de nuevo por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando la región de la Decápolis.
Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que impusiera las manos sobre él.
Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva;
levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo:
Effatá, que significa ábrete.
[Al momento] se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente.
Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban.
Llenos de asombro comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Oración de los Fieles
– Por todos los miembros de la Iglesia. Para que no solamente amemos a los pobres y cuidemos de ellos, sino que tengamos suficiente valor para protestar y defenderlos con energía cuando sean injustamente oprimidos, roguemos al Señor.
– Por los educadores de la fe –sacerdotes, religiosas, catequistas, maestros. Para que escuchen sapiencialmente la palabra de Dios y después sepan transmitirla con convicción, fervor y amor, roguemos al Señor.
– Por los que se muestran sordos y ciegos a sus hermanos, sus necesidades y su amor. Para que sus ojos y corazones se abran a los tesoros de un amor comprometido y de un generoso compartir, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre misericordioso:
Tú preparas la mesa de tu Hijo
para ricos y pobres por igual.
Por la fuerza de este Pan de Vida,
no permitas que permanezcamos sordos
a tu voz desgarrada, que clama
desde las necesidades de los pobres y oprimidos.
Enséñanos y ayúdanos a dirigirnos a ellos
no sólo con palabras de compasión
sino sobre todo con obras de justicia,
de aprecio de su dignidad y de amor.
Que éste sea el signo y señal
de que tu Hijo Jesús vive entre nosotros,
que él que es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios, Salvador nuestro:
En tu Hijo Jesucristo tú has elegido
a los que son pobres y débiles en este mundo
para hacerlos ricos en fe y en amor
y para ser herederos de tu Reino.
Jesús todo lo hizo bien. Nosotros queremos seguirlo.
Dígnate hablar con fuerza por medio de nosotros
–que éramos timoratos
y nos quedábamos cortados por la timidez–,
con obras de misericordia y esperanza,
ya que nos has sanado y liberado a todos
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Jesús ha estado con nosotros en esta celebración eucarística para sacudirnos y sacarnos de nuestro aislamiento y para abrirnos, con respeto y amor, a Dios y a nuestro prójimo, es decir, a todos. Que, como Jesús, nos hagamos disponibles, sobre todo para servir a los más pobres entre nosotros, de tal modo que puedan ellos sentir que, junto con Dios, nosotros también nos preocupamos y cuidamos de ellos. Que el Señor, con su bendición, nos dé esa apertura a los hermanos. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
