QUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES

CAPACES DE OÍR

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, Salvador nuestro:
Tu Hijo Jesús hizo oír a los sordos
y hablar a los mudos.
Haz que nos percatemos
de que, con frecuencia, nosotros también somos
tartamudos y duros para escuchar.
Abre nuestros oídos al mensaje de tu Hijo
para que sacuda nuestros corazones y cambie nuestras vidas.
Suelta nuestras lenguas para proclamar las maravillas
que tú haces por nosotros
por medio de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador,
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Gén 3,1-8

Este es el escenario de una tragedia mayúscula en la historia humana: El hombre dudando de Dios, desobedeciendo a sus mandatos, usando la libertad con que fue creado, tomando conciencia de su falta y ocultándose... Y Dios los desterró de la inocencia original porque querían ser como dioses… Y los hizo responsables. Pero les enviará a su Hijo para que tengan la oportunidad de volver a elegirlo libremente y recuperar su verdadera vida

Error: Libro o formato no reconocido: Gén 3,1-8

Evangelio

Mc 7,31-37

Una señal de que Jesús es el Salvador Prometido es que él primera y primariamente se dirige a los pobres, a los enfermos, a los marginados, porque son los que más lo necesitan. No nos referimos solo a pobreza material. Nosotros seguramente somos los sordos y los mudos, los duros de oído y los tartamudos, enclaustrados dentro de nosotros mismos, cerrados con frecuencia a Dios y a los hermanos. Jesús viene para abrir nuestros oídos y nuestras bocas a las palabras y a las obras maravillosas de Dios, para que podamos escuchar su mensaje salvador y responder generosamente a su amor, y para que sepamos escuchar también los gritos angustiosos de los pobres y llevarles la Buena Noticia. Notemos que este milagro descrito en el evangelio de hoy ocurre también en territorio pagano. Que ojalá Jesús nos cure en esta eucaristía, y nos mueva a comprometernos con Dios y a entregarnos a los hermanos.

31

Sana a un sordomudo

Después salió de la región de Tiro, pasó de nuevo por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando la región de la Decápolis.

32

Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que impusiera las manos sobre él.

33

Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva;

34

levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo:
Effatá, que significa ábrete.

35

[Al momento] se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente.

36

Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban.

37

Llenos de asombro comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Oración de los Fieles

–      Por todos los miembros de la Iglesia. Para que no solamente amemos a los pobres y cuidemos de ellos, sino que tengamos suficiente valor para protestar y defenderlos con energía cuando sean injustamente oprimidos, roguemos al Señor.
–      Por los educadores de la fe –sacerdotes, religiosas, catequistas, maestros. Para que escuchen sapiencialmente la palabra de Dios y después sepan transmitirla con convicción, fervor y amor, roguemos al Señor.
–      Por los que se muestran sordos y ciegos a sus hermanos, sus necesidades y su amor. Para que sus ojos y corazones se abran a los tesoros de un amor comprometido y de un generoso compartir, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre misericordioso:
Tú preparas la mesa de tu Hijo 
para ricos y pobres por igual.
Por la fuerza de este Pan de Vida,
no permitas que permanezcamos sordos
a tu voz desgarrada, que clama
desde las necesidades de los pobres y oprimidos.
Enséñanos y ayúdanos a dirigirnos a ellos
no sólo con palabras de compasión
sino sobre todo con obras de justicia,
de aprecio de su dignidad y de amor.
Que éste sea el signo y señal
de que tu Hijo Jesús vive entre nosotros,
que él que es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Salvador nuestro:
En tu Hijo Jesucristo tú has elegido
a los que son pobres y débiles en este mundo
para hacerlos ricos en fe y en amor
y para ser herederos de tu Reino.
Jesús todo lo hizo bien. Nosotros queremos seguirlo.
Dígnate hablar con fuerza por medio de nosotros
–que éramos timoratos 
y nos quedábamos cortados por la timidez–,
con obras de misericordia y esperanza, 
ya que nos has sanado y liberado a todos
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Jesús ha estado con nosotros en esta celebración eucarística para sacudirnos y sacarnos de nuestro aislamiento y para abrirnos, con respeto y amor, a Dios y a nuestro prójimo, es decir, a todos. Que, como Jesús, nos hagamos disponibles, sobre todo para servir a los más pobres entre nosotros, de tal modo que puedan ellos sentir que, junto con Dios, nosotros también nos preocupamos y cuidamos de ellos. Que el Señor, con su bendición, nos dé esa apertura a los hermanos. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.

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